Russia flirtea con la recesión

El crecimiento se ha ralentizado y todo parece indicar que este año no será posible cumplir la previsión de un aumento del PIB del 3,5 %. Fuente: ITAR-TASS

El crecimiento se ha ralentizado y todo parece indicar que este año no será posible cumplir la previsión de un aumento del PIB del 3,5 %. Fuente: ITAR-TASS

Durante el segundo trimestre el PIB creció solo un 1,2 % respecto al año pasado. Esto sugiere que el país podría estar acercándose a la recesión y que el Gobierno parece, a primera vista, incapaz de frenarlo.

La Rusia de hoy es muy diferente de la de los años del boom. El crecimiento se ha ralentizado considerablemente del 6- 8 % del que disfrutaba antes de la crisis, y este año ha sido especialmente decepcionante. Rusia ha entrado en su cuatro trimestre de desaceleración. Esto significa que el crecimiento en la primera mitad del año fue del 1,4 %, comparado con el 4,5 % del mismo periodo del año anterior. Y la predicción, ampliamente aceptada, de un crecimiento del 3,5 % durante todo 2013, es a día de hoy claramente inalcanzable. 

Reina una gran confusión sobre las causas de la profunda desaceleración de Rusia. La fuga de capitales, que alcanza los 6-7.000 millones de dólares al mes, y niveles de inversión muy pobres, son grandes factores. Las altas tasas de interés y la falta de préstamo empresarial también ralentizan el crecimiento en un nivel superficial. Si profundizamos más, la falta de reformas estructurales internas y, desde el exterior, la crisis europea también han supuesto un grave lastre para el crecimiento. 

Si las causas son externas, entonces el Kremlin debería estar animado, a pesar de los recientes resultados negativos, ya que la recuperación económica en Europa parece estar tomando impulso. “Hay signos convincentes de una recuperación del PIB en Europa Central y del Este”, comentó Piotr Kalisz, de Citigroup Capital Markets, en una nota de prensa a finales de agosto. 

“En Polonia, el crecimiento económico se ha acelerado de un 0,5 % hasta un 0,8 % anual, lo que cuadra con nuestras predicciones y las expectativas generales. El PIB de la República Checa creció un 0,7 % el segundo trimestre, en comparación con el año anterior, solo un punto por debajo de nuestras previsiones, lo que ayudó a reducir la tendencia al crecimiento negativo del 1,2 % anual. Es importante señalar que este fue el primer dato de crecimiento positivo en la República Checa desde mediados de 2011. Finalmente, en Hungría el PIB creció en el segundo trimestre un 0,5 % en comparación con el año pasado, lo que queda ligeramente por debajo de nuestras expectativas (0,6 %). Aunque el crecimiento mejora en Europa central, todavía está en una fase temprana de recuperación”. 

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Pero si las causas son internas, los observadores rusos también deberían estar orgullosos. El Kremlin ha lanzado, aunque con poco entusiasmo, una gran operación anticorrupción y, el mismo día que retomó su cargo, el presidente Vladímir Putin firmó un paquete de reformas administrativas encaminadas a elevar a Ruisa del 120º puesto en el índice Doing Business del Banco Mundial hasta el 20º en el 2018. Sin embargo, pasarán varios años antes de que estas reformas tengan repercusiones. 

Sean cuales sean las razones, ya parece haber pasado lo peor y en general se espera que se recupere en la segunda mitad del año. El crecimiento de la demanda doméstica se aceleró en julio, las ventas al por menor aumentaron un 4,5 %, las inversiones cambiaron su tendencia a la baja para ganar un 2,5 % y la inflación cayó a su cifra más baja en ocho meses, un 6,5 %, en comparación con el 7,4 % de mayo, según Rosstat. 

“Los datos de la actividad económica de Rusia en julio apuntan a una modesta mejora a comienzos del tercer cuarto del año. Estos datos son esperanzadores, casi todos los indicadores son más fuertes de lo que esperábamos”, comentó Liza Ermolenko, de Capital Economics, en una nota a finales de agosto. “Pero, aunque esto apoya nuestra tesis de que el crecimiento podría repuntar en los próximos meses, tras la decepción del primer semestre, todavía es demasiado pronto para hablar de recuperación.” 

Lo que no queda claro es qué fuerza tendrá la recuperación económica, ni la rapidez con la que tendrá lugar. Los que critican a Rusia no confían ni en la campaña anticorrupción ni en la capacidad del Kremlin de implementar una reforma significativa, por lo que prevén unos resultados más bien flojos. Pero lo que no tienen en cuenta los pesimistas es que, caso único en Europa, gran parte de la deceleración de Rusia la ha provocado ella misma. 

Intereses altos y recorte de gasto 

Mientras que otros países europeos se han visto obligados a reducir sus tasas de interés casi a cero y elevar su tasa de deuda a niveles insostenibles para financiar políticas de incentivos al crecimiento, Rusia ha mantenido altas sus tasas de interés y ha recortado su gasto real por primera vez en dos décadas, dejando sus enormes reservas casi intactas. 

Rusia ha renunciado a las políticas de inyectar dinero en la economía, que han significado una estrategia de rescate para el resto del continente y son, desde hace tiempo, una opción a la que la mayor parte de Europa ya no puede recurrir. Esto se debe a que los responsables políticos rusos consideran que solo crearían burbujas o provocarían un aumento de la inflación. 

A diferencia de otros países europeos, los 500.000 millones de dólares de fondos que Rusia posee y su enorme capacidad de crédito le otorga una capacidad de gasto sin parangón. Pero, paradójicamente, es ahora cuando las autoridades han decidido introducir una legislación fiscal que vincula el gasto a los precios históricos del crudo para fijar objetivos de ingresos, en lugar de hacer estimaciones sobre el precio del año próximo. El resultado de este cambio en la contabilidad es que el gasto estatal ha sido recortado en términos reales por primera vez en dos décadas, cuando previamente había ido creciendo en al menos un 20 % al año desde el 2000. 

 

Del mismo modo, mientras el resto de los bancos centrales europeos se han visto obligados a bajar las tasas casi al cero, el Banco Central de Rusia ha causado desconcierto al mantener la tasa de interés al 8,25 %, a pesar de las repetidas predicciones de una bajada, ya que está más interesado en mantener baja la inflación que en impulsar la actividad económica. Ahora, la inflación está disminuyendo y el Banco Central probablemente empezará a bajar las tasas en septiembre, a partir de la reunión sobre política de actuación, pero aun así es muy probable que las reduzca en pequeños tramos de 0,25 puntos. 

El Banco Central ha hecho oídos sordos a los lamentos de los oligarcas que se quejan del alto coste de los préstamos e incluso rechazado los llamamientos de Putin para reducir los intereses. Además, la única política que ha adoptado en la práctica para estimular el crecimiento ha sido permitir que el rublo se debilite significativamente, con lo que en julio ha bajado a su nivel más bajo en cuatro años en el cambio contra el dólar/ euro. 

“Con más de 500.000 millones en sus reservas, las autoridades rusas pueden colocar su moneda donde quieran”, dice Tim Ash, jefe de estrategia en Standard Bank. “Creo que el mensaje del Banco Central está bastante claro: apuestan por una moneda más débil para probar a estimular un ambiente económico bastante descorazonador.” 

Todavía no está claro cómo irán las cosas el resto del año, pero el Kremlin puede darse el lujo de abrir el grifo del gasto en cualquier momento si llega una situación difícil.