Austeridad contra gasto: el llamamiento de Rusia

Fuente: Reuters

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Rusia acaba de recibir el testigo en la carrera hacia la presidencia de la cumbre del G20 y, en los debates sobre la arquitectura financiera internacional, ha propuesto que se examinen una serie de cuestiones relacionadas con la gestión de la deuda pública. Uno de sus objetivos en este ámbito es la revisión de los principios que guían la gestión de la deuda, elaborados por el Banco Mundial y el FMI.

En concreto, durante los debates se ha propuesto que se consideren parte de la deuda pública las llamadas obligaciones accesorias, relacionadas, por ejemplo, con el pago de las pensiones. Los primeros resultados de este trabajo se presentarán en octubre, mientras que la aprobación del documento definitivo está prevista para febrero o marzo del año que viene. 

Otra dirección a la que apunta Rusia es el diseño de estrategias para la reducción progresiva de los incentivos estatales a la economía. Los participantes del G20 han presentado programas a medio plazo destinados a permitir una estabilización progresiva y una mejora de los indicadores del déficit en el balance estatal y el volumen de la deuda pública. Esta mejora no puede separarse de la necesidad de tener en cuenta las consecuencias negativas que una excesiva consolidación fiscal podría tener sobre el crecimiento económico.

Según las declaraciones del presidente ruso, Vladímir Putin, los participantes del G20, tras una serie de encendidos debates, han llegado a la conclusión de que es necesario encontrar un justo equilibrio en esta cuestión.

La situación de los países de la Eurozona demuestra que los programas de recortes de gasto demasiado ambiciosos tienen efectos colaterales y pueden empeorar la situación. Por otra parte, si se relajan excesivamente los esfuerzos encaminados hacia la reducción del déficit, se puede destruir la confianza de los mercados. Pero el aumento del coste de los créditos puede provocar un cambio de dirección, hacia una tendencia de crecimiento económico más estable.

Por tanto, es necesario trabajar, en cada caso particular, con estrategias individuales que traten de equilibrar estos dos intereses mutuamente excluyentes.

Además, como ha subrayado el presidente ruso, limitarse a recuperar la solidez de las finanzas estatales es claramente insuficiente para recuperar el ritmo de crecimiento. Por este motivo, Rusia ha propuesto que el G20 examine un plan de acción, elaborado en San Petersburgo, para estimular el crecimiento de la economía y la creación de nuevos puestos de trabajo.

Este plan se basa en estrategias de equilibrio y en el compromiso de los países de realizar reformas estructurales que aseguren el éxito de iniciativas dirigidas a regular el mercado de trabajo y los impuestos, desarrollar el capital humano, modernizar las infraestructuras y regular los mercados.

Rusia también ha presentado, en el marco de la cumbre del G20, su propia estrategia fiscal, basada en parámetros de déficit y deuda pública elaborados para el balance de los años 2013-2015. Según las declaraciones del ministro de Economía ruso, Antón Siluánov, el plan incluye medidas para estimular la inversión; el objetivo es asegurar un nivel de inversiones del 25 % del PIB para 2015 y del 27 % para el 2018.

No parece adecuado comparar Rusia con otros países, ni siquiera con los del grupo BRICS como India, Brasil o Sudáfrica, basándose en parámetros financieros. Entre los miembros del club de los 20, Rusia siempre parece tener ventaja, ya que es la principal proveedora de energía del mercado mundial. Eso le permite mantener una buena relación entre deuda pública y PIB y un saldo positivo en la balanza de pagos.

Todavía es pronto para sacar conclusiones sobre las medidas de recorte de gasto adoptadas en Rusia. Las nuevas reglas entrarán en vigor este año y la desaceleración del crecimiento económico, aunque en parte esté ligado a la reducción del gasto estatal, viene determinada principalmente por otros factores.