Burlar a un gran banco con la letra pequeña

El multimillonario Oleg Tinkoff, fundador de Tinkoff Credit Systems. Fuente: ITAR-TASS

El multimillonario Oleg Tinkoff, fundador de Tinkoff Credit Systems. Fuente: ITAR-TASS

Un expolicía se convirtió en héroe de la noche a la mañana para miles de clientes de la banca, tras reescribir las condiciones de un contrato de tarjetas de crédito para que no incluyera ni límite de crédito ni intereses... y conseguir que el banco lo firmara.

Todo empezó en 2008. Un exagente de policía de treinta y tantos, Dmitri Agárkov, residente en Vorónezh, ciudad de Rusia central con unos tres millones de habitantes, recibió la típica oferta de tarjeta de crédito en su buzón. No estando contento con las condiciones, en lugar de tirar el contrato a la basura, lo escaneó a su ordenador, cambió las condiciones y lo reenvió firmado a Tinkoff Credit Systems (la entidad emisora).

Su versión del contrato ofrecía un tipo de interés del 0%, sin comisiones y sin límite de crédito. Agárkov también se reservó el derecho a penalizar al banco con tres millones de rublos (unos 90.000 dólares) cada vez que incumpliese dichas condiciones y otros seis millones de rublos (180.000 dólares) por cancelación del contrato. Los empleados del banco, quienes supuestamente se olvidaron de leer la “letra pequeña”, firmaron el trato y enviaron a Agárkov su tarjeta. 

El escándalo se hace público cinco años más tarde, después de que Tinkoff Credit Systems iniciara un proceso judicial, al no poder recuperar la deuda impagada. Agárkov se convirtió en héroe de la noche a la mañana y en una celebridad para los miles de rusos a quienes los bancos habían embaucado hasta hacer pagar comisiones desorbitadas sobre crédito impagado, por medio de la infame “letra pequeña” de los contratos.

“Firmaron los documentos sin mirar. Y esto es lo que suelen alegar los prestatarios ante los tribunales: “No lo leí”,  argumenta el abogado de Agárkov, Dmitri Mijlévich, al periódico Kommersant. “[Agárkov] podría haberse comprado una isla en algún rincón de Malasia y el banco hubiese tenido que pagarla por ley”, dice. 

Cuando un juez se puso de parte de Agárkov y declaró que el contrato era legalmente vinculante (cosa que exigía que Agárkov pagase sólo el saldo pendiente de 19.000 rublos, algo más de 600 dólares), la cosa se puso fea. Agárkov mostró intención de recuperar la cantidad total, de 24 millones de rublos (800.000 dólares), que creía que el banco le debía, mientras que el multimillonario Oleg Tinkoff, fundador de Tinkoff Credit Systems, escribió en su Twitter: “Nuestros abogados creen que no conseguirá los 24 millones, sino 4 años de prisión por fraude. Ahora es una cuestión de principios.”

“La formalidad señala que las condiciones de un contrato deben ser aceptadas en la forma en que las firmaron ambas partes,” explicó Robert Gurdiumov, socio de la directiva de Hellevig, Klein & Usov. “En otras palabras, si un banco acepta las condiciones de un cliente, no puede después negarse a cumplirlas”.

“Por otro lado, tales acuerdos entre individuos y bancos se consideran contratos de adhesión según el Artículo 428 del Código Civil ruso, lo que significa que sólo pueden modificarse por una de las partes mediante una adenda formal, después de haber firmado el original. En causas civiles como ésta, los tribunales tienden a decantarse por el individuo, como parte más vulnerable, y no por el banco. Pero si se puede demostrar que el señor Agárkov intentó quebrantar la ley de manera intencionada, falsificando los documentos bancarios, podría perder el caso”.

“Cabe señalar que este tipo de causas se examinan desde los tribunales de jurisdicción general, y no los de arbitraje, lo que significa que la declaración de un testigo puede añadir peso a los documentos firmados. La pregunta clave es si el banco podía demostrar que llevaba razón a través de un empleado que testificase conforme él/ella no había leído las condiciones con suficiente claridad, aunque ello formara parte de su trabajo. Probablemente no,” concluyó Gurdiumov. 

Al final, ambas partes alcanzaron un acuerdo sin llegar a los tribunales. “Este conflicto no es constructivo, así que decidimos zanjarlo de manera educada y levantar todos los cargos desde ambas partes,” confirmó el presidente de Tinkoff Credit Systems, Oliver Hughes, en un comunicado.

“Estamos de acuerdo con Dmitri en que el banco debe hacer un mayor esfuerzo a la hora de explicar las condiciones de sus servicios a los clientes. Estamos trabajando para aumentar la alfabetización financiera, y proporcionar a los clientes toda la información relevante, así como consejos para utilizar mejor sus tarjetas de crédito.

“Ya que a Dmitri no siempre le gustan las tarjetas de crédito, le enviamos una tarjeta de débito Tinkoff Black, por la que el banco paga un 10 % de dividendos anuales sobre el saldo y ofrece hasta un 30 % de reembolso en efectivo sobre algunas compras,” añadió Hughes.