Startups que funcionan en la periferia provincial

Emprendedores que han abierto empresas innovadoras en las provincias rusas cuentan su experiencia. Fuente: lori / legion media

Emprendedores que han abierto empresas innovadoras en las provincias rusas cuentan su experiencia. Fuente: lori / legion media

Las denominadas startups, empresas creativas e innovadoras, también funcionan fuera de las grandes ciudades rusas. Jóvenes empresarios rusos relatan su experiencia de trabajo.

Denís Danilov, 39 años. Ekaterimburgo, Startup en el área de la videocomunicación

Denís Danilov, moscovita de nacimiento. Hizo carrera trabajando en marketing y relaciones públicas, después, a mediados de los años 2000, conoció el Downshifting. "Hace cinco años mi mujer y yo nos fuimos de viaje", nos cuenta Danilov. "Conseguimos vivir un tiempo en India y en el sudeste asiático, recorrimos Europa y América Central". Después de todos estos viajes comenzó a trabajar en un nuevo proyecto y surgió la idea de hacer una plataforma para crear vídeos interactivos.

Inicialmente partes del código fueron diseñadas y desarrolladas a distancia en varios países. A comienzos de 2012 Denís decidió reunir un equipo en un solo lugar y regresó a Rusia, aunque no a Moscú sino a Ekaterimburgo. En cierto momento parecía evidente que para crear un producto hacía falta trabajar en un único equipo y verse los unos a los otros. Elegí Ekaterimburgo como centro de desarrollo porque aquí vive la mayoría de los programadores que están involucrados en el proyecto", nos explica.

Según Danilov no se ha arrepentido nunca: en la ciudad hay muchos centros de buenas oficinas con precios de alquiler bajos y la vida tecnológica de la ciudad es muy movida. "En el proyecto han llegado a trabajar al mismo tiempo hasta siete personas, con sueldos de entre 20.000 y 60.000 rublos", nos explica. Creo que en Moscú hubieran cobrado mucho más. Pero hubieran gastado mucho más, claro, porque Moscú se lleva todo lo que da".

Mijaíl Maltsev, 30 años, Denís Korneyevski, 30 años. Perm, librería Piotrovski

Denís Korneyevski llegó a Moscú en 2005, un par de meses después de terminar la universidad en Perm. En la capital encontró trabajo de periodista. "Todo iba bien: Moscú me gustaba, el sueldo era alto, no tenía ninguna razón para volverme", recuerda Denís. "Sin embargo tres años después simplemente cogió y se despidió. Y se fue".

 Lea más sobre startup rusas

Su futuro socio Mijaíl Maltsev, después de trabajar en Moscú durante año y medio como gestor de ventas de producciones audiovisuales, volvió a su ciudad natal por otras razones: "Mi mujer y yo estábamos esperando un niño y en cierto momento decidimos que en Perm sería más fácil criarle".

Fue precisamente Mijaíl el que le propuso a Denís abrir la librería independiente Piotrovski en Perm. El modelo de negocio que eligieron no era fácil: Piotrovski vende solo literatura intelectual. Por supuesto que con esto no hacen un gran negocio pero tampoco dan pérdidas. "El margen de los libros es de un 50-60%, de lo que nos llega a nosotros solo un 20%, ahí está la rentabilidad"; nos cuenta Denís. "Pero la parte negativa... Es que en un día se puede hacer una caja de unos 12.000-15.000 rublos". Pero lo pasan peor sin embargo con el hecho de que el número de lectores de Brodski o Nabokov no crezca que con sus bajos ingresos.

3. Vitali Varijanov, 23 años. Vladikavkaz, papelería Silwerhof

"¡Al diablo con todo! ¡Ponte manos a la obra!" Así de energético repite Vitali, un joven emprendedor, las palabras de Richard Branson, . El año pasado terminó la facultad de derecho en la GUU y después de trabajar varios meses en Moscú volvió a abrir un negocio en su tierra, Vladikavkaz.

Después de la universidad no quería hacer nada más que dedicarse a los negocios. Sus primeros intentos fueron en el comercio por internet: Vitali registró dos tiendas de internet: una de juguetes para niños Toysbrand y una de bisutería austriaca AlpinaCrystal. "No me salieron muy caras. Los amigos me ayudaron a hacer el diseño de la página web, y junto con la publicidad pagué en total 20.000 rublos", nos comenta. "Funcionaba con un modelo clásico: Reunía cinco pedidos a través de la web, compraba los productos en el mercado al por mayor y en los almacenes y lo vendía con un recargo". En dos meses este joven emprendedor había ganado 60.000 rublos y decidió dejar el negocio.

"En ese momento asistí a una exposición de papelería en Moscú", cuanta Vitali. "Conocí a representantes de la empresa Silwerhof y me invitaron a que visitara sus tiendas en Alemania. Me atrajo su formato de venta al por menor". Vitali no se decidía a abrir una tienda en sociedad en Moscú: hacía falta una inversión demasiado grande. Pero en Vladikavkaz las condiciones eran más favorables. Acaba de abrir la tienda y este joven empresario ya tiene muchos nuevos planes. "Por ejemplo, me interesa el negocio del turismo", nos cuenta Vitali, "tengo muchas ganas de organizar viajes turísticos a Osetia".

4. Vladímir Koshmanov, 34 años. Aldea Studenets, región de Kaluga, granja ecológica Kojman

"Yo soy de aquí en cierto modo. Mis antepasados vivieron en esta región de Kaluga durante el reinado de Catalina II: eran campesinos alemanes, los mismos que llegaron por invitación de Catalina para cultivar la tierra. Y ahora yo... tomo el relevo", nos cuenta Vladímir.

 

 

Pero no se puso a trabajar la tierra de Kaluga de un día para otro: de niño venía aquí durante el verano a casa de su abuela y luego comenzó a estudiar, durante un tiempo se dedicó a la ciencia. En el último curso Vladímir, junto con otros amigos, fundó en Moscú un negocio relacionado con la construcción de aparatos. Durante algunos años este trabajo le ocupaba las 24 horas, pero ahora sus esperanzas de futuro están puestas en la agricultura.

Desde 2007 Vladímir comenzó a reunir lotes de terreno de las granjas circundantes en la aldea de su abuela. Actualmente posee unas 480 hectáreas de tierra en propiedad y más de 200 arrendadas. Un par de años después de comenzar a comprar, el nuevo granjero comenzó a trabajar la tierra, a arar, a sembrar, aparecieron colmenas y una granja avícola, ahora está construyendo un establo para las vacas y está creando una infraestructura de ecoturismo.

"Si hubiera empezado una explotación agraria en otra región, me hubiera ido peor claramente. Puede que la reputación del Singapur ruso sea algo excesivo, pero es perfectamente factible abrir un negocio en la región de Kaluga", afirma Vladímir. 

Artículo orginal en ruso