El gobierno planea una nueva tanda de privatizaciones

La mayor barrera en el camino de la privatización ha sido la prohibición de colocar las acciones en las bolsas de valores extranjeras. Fuente: Reuters

La mayor barrera en el camino de la privatización ha sido la prohibición de colocar las acciones en las bolsas de valores extranjeras. Fuente: Reuters

Comienza una nueva tanda de privatizaciones en Rusia cuyos principales beneficiarios serán los altos directivos de las empresas estatales pendientes de privatización. Los ingresos destinados al presupuesto resultantes de la venta de los activos estatales serán menores de lo previsto.

A principios de julio, el primer ministro ruso, Dmitri Medvédev, firmó un decreto que daba inicio al nuevo programa de privatización del patrimonio federal, calculado para un periodo de tres años.

Actualmente el Estado ruso posee acciones de 2.337 empresas: 1.256 de ellas están controladas completamente por la administración (posee el 100 % de las acciones).

Además, posee entre el 50% y el 100% de las acciones de 100 de estas empresas, entre el 25% y el 50% de las acciones de 227 empresas, y menos del 25% de las acciones de 754 empresas.

También pertenecen al Estado en su totalidad 1.795 empresas unitarias. El programa aprobado propone privatizar 436 empresas y 514 empresas unitarias entre 2014 y 2016. 

El gobierno prevé que, para 2016, el Estado habrá completado su proceso de salida del capital de aquellas empresas ajenas al sector petrolero y que no están relacionadas con los monopolios naturales ni con la industria de la defensa.

¿Qué sectores quiere abandonar el Estado?

Existe una parte significativa del patrimonio estatal ruso que no constituye, en realidad, ningún hito de la producción; se trata de numerosos parques automovilísticos, haciendas, granjas de desove y empresas madereras repartidas por todo el país.

Acciones del Estado ruso en diversos sectores productivos

La mayor parte de las empresas en las que el Estado tiene participaciones pertenecen al sector agrícola (225), al de la construcción (145), al comercio mayorista (123) y al sector editorial (116).

Además de privatizar pequeñas empresas, el gobierno tiene prevista también una privatización de mayor escala: entre 2014 y 2016, el Estado deberá abandonar completamente el capital de Rostelekom, Rosspirtprom, Rosnano y la Unión Empresarial de Cultivo del Cereal (en ruso Obiedinionnaya Zernovaya Kompania).

Por otro lado, como parte del programa de “desarrollo del centro de aviación moscovita”, deberá abandonar su participación en el capital del Aeropuerto Internacional Sheremétievo, del Aeropuerto Vnúkovo y del Aeropuerto Internacional Vnúkovo. 

Para el año 2016, el gobierno también planea reducir la participación del Estado en Aeroflot, Sovkomflot y ALROSA hasta un 25 % de las acciones más 1.

En el caso del gigante de la extracción de diamantes, no solo se trata de una disminución del paquete de acciones pertenecientes al patrimonio federal, sino también del paquete perteneciente a la República de Sajá (en Yakutia, al noreste de Rusia). 

En cuanto a RusHydro y el banco VTB, está previsto que el Estado reduzca su participación a un 50 % de las acciones más 1. También se pretende disminuir la participación de Rosneftegaz en Rosneft hasta un 50 % de las acciones más 1. Hasta un 75 % de las acciones más 1 es la reducción prevista para la participación del Estado en el capital de Transneft y RZhD (ferrocarriles rusos). 

Y para 2024 el Estado deberá reducir su participación en Obiedinionnaya Aviastroitelnaya Korporatsia (una corporación de empresas dedicadas a la construcción de aeronaves) hasta un 50 % de las acciones más 1, y en Obiedinionnaya Sudostroitelnaya Korporatsia (su análogo en la construcción de buques) hasta un 75 % de las acciones más 1. 

Tal vez se trate del programa más ambicioso de privatización en el país eslavo desde los años 90. 

La estrategia de privatización

La entrega de las empresas a manos privadas bajo este sistema de gobierno no implica la pérdida del control por parte del Estado.

“El patrimonio en Rusia es imprevisible”, explica el director del Instituto ruso de estrategia nacional, Stanislav Belkovski. “Y cambiar de propietarios no es mucho más difícil que cambiar los administradores nombrados por el Estado. Solo que en este caso se requiere la participación de los órganos de instrucción, la fiscalía y los jueces”. 

De momento, los planes de Medvédev no inspiran mucha confianza.

Ya en 2008, el entonces recién elegido presidente Dmitri Medvédev anunció, en una entrevista concedida a Financial Times la víspera de su sesión de investidura, que la privatización seguiría su curso bajo su mandato.

Durante todos los años que ejerció la presidencia, se habló de la necesidad de disminuir la participación del Estado en la economía, pero esta no hizo otra cosa que aumentar. Al principio, la justificación era la crisis: el gobierno y los bancos estatales pretendían así rescatar al sector privado, que estaba soportando el desastre.

Sin embargo, cuando la fase aguda de la crisis había pasado, la compra de activos mantuvo su ritmo. 

¿Antiprivatización?

Durante el primer semestre de 2013 se han llevado a cabo las siguientes transacciones: TNK-BP ha comprado la empresa estatal Rosneft; el banco del Estado VTB ha comprado Tele2 Rossia, el cuarto operador móvil ruso en magnitud; su ‘hijo’, VTB Capital, ha adquirido una parte de Tricolor TV, uno de los mayores proveedores de televisión por satélite del país eslavo. 

Pero más reveladores son los acontecimientos ocurridos en la primavera de 2012.

El 21 de mayo, Medvédev, recién elegido como primer ministro, ordenó al gobierno acelerar la privatización de las empresas estatales, lo que calificó de objetivo prioritario.

Al día siguiente, el presidente, Vladímir Putin, incluyó Rosneft, RusHydro, FSK y el holding MRSK en la lista de empresas estratégicas, lo que en la práctica equivale a prohibir su privatización. 

Rosneft y RusHydro, por cierto, figuran ahora en la nueva lista elaborada por el gobierno para la privatización prevista para 2014-2016. La Casa Blanca (sede del gobierno ruso) tratará de encontrar alguna laguna para este caso.

Seguridad frente al mercado financiero internacional

La mayor barrera en el camino de la privatización ha sido la prohibición de colocar las acciones en las bolsas de valores extranjeras.

En octubre de 2012, Dmitri Pankin, director del FSFR (organismo estatal actualmente disuelto), propuso esta patriótica iniciativa.

En aquel momento, la idea causó confusión por su ineficacia desde el punto de vista económico; pero en enero de 2013, en una reunión sobre el desarrollo del mercado de valores, Putin habló de la adopción de esta medida como de un asunto zanjado.

En febrero, la jefa del departamento de expertos de la administración del presidente, Ksenia Yudáeva, confirmó que se mantendrá este rumbo: las empresas estatales rusas se tendrán que colocar dentro del país. 

Sin embargo, según los datos aportados por este mismo departamento, entre 2010 y 2012 solo el 20% de las acciones de empresas nacionales en circulación acabaron en la bolsa de Moscú.

De hecho, la privatización rusa más exitosa de los últimos años tuvo lugar en Londres: en septiembre de 2012, Sberbank colocó en la Bolsa de Londres el 7,6 % de sus acciones, con lo que el Banco Central de Rusia ganó cerca de 160.000 millones de rublos. 

Al imponer restricciones a la colocación de empresas estatales en los mercados extranjeros, las autoridades están sometiéndolas a una privatización en condiciones desfavorables y a un precio inferior, lo que se traduce en una caída de los ingresos destinados a los presupuestos del Estado.

Ante estas circunstancias, a finales de junio, Rosimushestvo y el Ministerio de Desarrollo Económico tuvieron que ajustar sus estimaciones del siguiente modo: en 2014, el presupuesto recibirá, por la venta de los bienes del Estado, 180.000 millones de rublos, en lugar de los 230.000 millones previstos inicialmente; y en 2015, 140.000 millones, en lugar de 445.000 millones de rublos previstos. 

A pesar de que el proyecto presupuestario inicial establecía que, entre 2014 y 2016, la privatización del patrimonio del Estado aportaría al erario público unos ingresos adicionales de cerca de 1 billón de rublos. 

Una posición ideal

Oficialmente, las restricciones impuestas a la colocación de las empresas estatales en el extranjero se explican mediante la necesidad de estimular el desarrollo del mercado de valores interno con la intención de convertir Moscú en un centro financiero internacional.

Pero este objetivo es tan poco factible en este momento, que cuesta creerse esta justificación.

Si a esto se le añade el poco provecho para el presupuesto de esta nueva ronda de privatizaciones, la poca adecuación del momento para la salida al mercado de las empresas, los intentos de protección frente a los inversores extranjeros y la baja capitalización de las empresas rusas, otras explicaciones resultan más realistas: simplemente a alguien le sale rentable comprar activos a un precio más bajo. 

A pesar de que una buena parte de la sociedad rusa duda de los resultados de la primera privatización y de los numerosos offshore surgidos en aquella época, los oligarcas de los 90 disponen actualmente de sus activos en base al derecho de propiedad y pueden transmitirlos en herencia. 

Aquellos oligarcas de los primeros años, que aterrizaron en el mundo empresarial desde las estructuras de poder, dirigen ahora las empresas, los bancos y las corporaciones estatales, y controlan ni más ni menos que los flujos financieros. Desde una perspectiva a corto plazo, su posición es casi ideal. Desde un punto de vista más a largo plazo, esta posición no es la más favorable. 

Artículo original en ruso