Moscú prioriza el crecimiento económico en el G20

Antón Siluánov, ministro de finanzas de Rusia durante la cumbre del G20. Fuente: Reuters

Antón Siluánov, ministro de finanzas de Rusia durante la cumbre del G20. Fuente: Reuters

Las prioridades son el crecimiento y el empleo; ese es el acuerdo al que han llegado los ministros de Economía y los gobernadores de los Bancos Centrales del G20 tras una cumbre de dos días en Moscú. Como país anfitrión, Rusia ha actuado como mediador entre los países emergentes y los desarrollados.

La cumbre fue clausurada el sábado con un consenso sobre las prioridades y los instrumentos para salir de la difícil situación actual. Los países del G20 publicaron un comunicado donde se detallaban las medidas que tomarán los directores de los Bancos Centrales para reactivar el crecimiento global y favorecer así la creación de empleo, evitando a la vez desestabilizar los mercados financieros. Muchos de los numerosos detalles enumerados en el comunicado final, de nueve páginas, deberán aclararse antes de que los jefes de Estado del G20  firmen un acuerdo el próximo septiembre en San Petersburgo.

Las delegaciones han hecho un gran esfuerzo por disimular las líneas de ruptura entre países emergentes y desarrollados, así como entre los países profundamente endeudados y los que no lo están. Sin embargo, no siempre lo han logrado.

Aunque todo el mundo está de acuerdo en colocar el empleo y el crecimiento a la cabeza de la lista de prioridades, los partidarios de la austeridad presupuestaria (especialmente Alemania) han insistido para que el G20 fije objetivos claros en la relación porcentual entre deuda pública y PIB. Sin embargo, habrá que esperar a septiembre para ver estos objetivos traducidos a cifras concretas. "El ritmo al que baja la deuda pública es el resultado de una combinación muy compleja de medidas, que siempre despierta debate entre los países", comentó la directora del Fondo Monetario Internacional Christine Lagarde el sábado por la tarde.

Se dejó claro que "no hay ningún acuerdo sobre la ratio deuda/ PIB, por lo menos hasta 2016", tal y como sentencia un diplomático europeo, que se refiere al rechazo de EE UU del límite que propuso el G20 sobre déficit presupuestario. En una rueda de prensa ayer por la noche, el ministro de Economía francés, Pierre Moscovici, también expresó su oposición: "Estoy decididamente en contra del nominalismo. No está en la lista de prioridades: primero el crecimiento, después la consolidación presupuestaria".

Volatilidad de divisas y política fiscal

La política económica de los países desarrollados fue otro de los temas controvertidos en los debates. Los ajustes llevados a cabo en el programa de flexibilización cuantitativa, en particular por los bancos federales de los EE UU, han provocado una gran volatilidad de las divisas emergentes en relación al dólar, acompañada de una fuga masiva de capitales. El comunicado del G20 subraya que existe un acuerdo para realizar en el futuro flexibilizaciones monetarias "cuidadosamente calibradas y anunciadas claramente", para que no afecten a los mercados financieros.

La política fiscal con respecto a las multinacionales ha sido uno de los principales temas de la cumbre. El G20 ha adoptado un plan de acción elaborado por la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos). La lucha contra el fraude ha dado realmente un paso adelante, gracias al acuerdo de las grandes potencias sobre este punto. La lucha contra la evasión de impuestos y los paraísos fiscales se ha convertido en una prioridad del Gobierno ruso; sin embargo, siguen existiendo desacuerdos. Aunque Pierre Moscovici insistía en la "necesidad de poner fin a una dañina competencia fiscal", el G20 ha decido a favor de la soberanía de cada Estado para definir sus propias políticas.

Rusia ha podido impulsar algunas iniciativas que le interesan especialmente, como la financiación a largo plazo para estimular la inversión. Un grupo de investigación sobre esta cuestión ha presentado un informe elaborado en colaboración con la OCDE, que ha sido aprobado por el G20. Desde el inicio de su presidencia este año, Rusia se ha convertido en portavoz de los países emergentes, pero también ha suavizado considerablemente sus críticas hacia los países desarrollados, aunque Rusia se ha visto siempre considerablemente menos afectada por la volatilidad de divisas, gracias a sus inmensas reservas de cambio (más de 500.000 millones de dólares). "Rusia quiere hacer de torre de control en este G20", comenta un diplomático europeo. "Rusia no hará nada que pueda ofender a nadie. Su principal objetivo es mejorar su imagen y relanzar su estatus en el escenario internacional".