Herencia soviética, Putin y ética de trabajo

Fuente: ITAR-TASS

Fuente: ITAR-TASS

Cualquier discusión sobre la ética rusa del trabajo termina inevitablemente centrada en la Unión Soviética, que contribuyó más que cualquier otro periodo de la historia del país a corromper los hábitos laborales.

Aunque las cosas han mejorado mucho desde la caída de la Unión Soviética, los rusos todavía no han sido capaces de liberarse de algunos de los peores rasgos de la ética de trabajo soviética que han heredado.

Aquí están los principales componentes negativos de esta ética laboral: 

1. Pofigizm

La expresión, que combina apatía, indiferencia y fatalismo, puede traducirse como "me importa un bledo". Por supuesto, pofigizm ya existía como fenómeno nacional mucho antes de la Unión Soviética; se pueden tomar como ejemplos al ancestral héroe del folkolre ruso Yemelia, o el personaje literario del XIX, Iliá Oblómov, ambos símbolos nacionales de la quintaesencia del pofigizm. Aunque nada contribuyó tanto como el sistémico estancamiento político y económico, especialmente en los años de Brezhnev, a exacerbar los elementos clave del pofigizm en el trabajo: inercia, desesperanza, desilusión.

La deficiente ética del trabajo rusa tiene más que ver con un contexto político y económico negativo que con una deformación de la 'mentalidad rusa'.

Por ejemplo, pofigizm ayuda a explicar por qué, hace algunos años, los obreros que colocaban una valla publicitaria en el centro de Moscú no se molestaron en investigar qué había debajo y clavaron un pilar directamente en un vagón de metro que pasaba por allí. "¿Para qué molestarse en hacer todos esos tediosos estudios y peritajes?", pensaron, "A lo mejor tenemos suerte y no le damos a nada". Este tipo de pofigizm, combinado con su pariente cercano, avos ("a ver si hay suerte"), todavía se encuentra con frecuencia en el entorno laboral ruso. 

2. Irresponsabilidad

Como no había propiedad privada en la Unión Soviética, las fábricas y los demás centros de trabajo pertenecían formalmente a todo el mundo, lo que, en realidad, quería decir que no pertenecían a nadie. En consecuencia, los trabajadores sentían poca responsabilidad personal sobre su trabajo o el producto final. Y, aunque les importase, poco había que pudiesen hacer para mejorar la calidad de su trabajo, debido a la baja calidad de los materiales y piezas, o porque, para empezar, estas piezas eran imposibles de encontrar. La falta de responsabilidad, combinada con el pofigizm, era el factor determinante para la baja productividad sistémica de la Unión Soviética, su ineficiencia y la baja calidad de sus productos. 

3.Mujliozh 

Combinando el fraude, las cifras de producción hinchadas y otras medidas para engañar a los jefes, a los jefes de los jefes y a los organismos reguladores, el mujliozh llegó a sustituir al trabajo duro y honesto y se convirtió en la 'habilidad para los negocios' más valiosa y útil durante la Unión Soviética. 

No es difícil adivinar cuánto daño hicieron 70 años de mujliozh generalizado a la ética de trabajo soviética.

Hoy en día, mujliozh y otras formas de corrupción más sofisticadas se consideran aún importantes 'habilidades para los negocios' que permiten abrirse camino. 

Para empeorar las cosas, la falta de aplicación de la ley en Rusia solo sirve como catalizador para incluso más mujliozh y corrupción. No es sorprendente que, en una encuesta del Levada center publicada la semana pasada, un 73% de los rusos opine que es imposible hacerse rico en Rusia de manera honesta. 

4. Falta de ambición 

En el periodo soviético una persona ambiciosa era considerado un 'individualista', un término peyorativo según la ideología colectivista soviética, alguien que no encajaba en su lugar de trabajo.

Incluso hoy permanecen las connotaciones negativas. Para la mayoría de los rusos, una 'persona ambiciosa' es vanidosa, arrogante y pretenciosa, alguien que haría cualquier cosa (incluyendo el engaño, las estratagemas y la traición) para llegar más alto que sus compañeros de trabajo. 

5. Falta de un entorno competitivo

 La competitividad occidental, según la propaganda comunista, destruyó la ética del trabajo en Occidente lanzando a un empleado contra otro en una jungla cruel y salvaje. En contraste, el comunismo soviético proveía un empleo para todos, garantizado de por vida. Y esto, según se contaba al pueblo soviético, conducía a la armonía social, gran satisfacción personal y alta productividad laboral.

Todavía hay personas que consideran humillante una entrevista de trabajo y se preguntan: "¿Y qué pasa si me rechazan?" 

7. Blat

Aunque muchos de los rasgos de esta falta de ética de trabajo de la URSS se han mitigado con el fin de la ideología comunista y el surgimiento del sector privado en las pasadas 20 décadas, blat o 'enchufe' es uno de los rasgos del entorno laboral que ha empeorado en la Rusia postsoviética. En todas las sociedades la gente usa sus contactos como ayuda para encontrar trabajo, pero este fenómeno está mucho más presente en Rusia que en la mayoría de los países occidentales modernos. 

Incluso el presidente Vladímir Putin y el primer ministro Dmitri Medvédev han hecho declaraciones públicas sobre blat, admitiendo que el sistema de encontrar trabajo y promocionar empleados es demasiado cerrado para un país que aspira a desarrollar una economía moderna. Si las conexiones y el nepotismo tienen la preferencia sobre un sistema meritocrático, las consecuencias para la ética de trabajo pueden ser desastrosas. 

Pero está claro que los aspectos negativos de la ética de trabajo rusa tienen mucho que ver con el entorno político y económico negativo y poco con una supuesta "deformación" de la mentalidad rusa o con rasgos inherentes a la nación. La mejor prueba de ello es mirar a los inmigrantes quienes, en general, se desenvuelven muy bien fuera de su país. 

Sus hábitos de trabajo mejoran visiblemente cuando se encuentran en un entorno político, económico y legal más saludable, se hallan en un puesto que les inspira y ven premiada su iniciativa personal, su energía y su motivación. 

¿Dónde queda la ética de trabajo rusa? 

Aunque aún permanecen muchos elementos de la ética de trabajo soviética en el entorno laboral ruso, hay bastantes signos de progreso.  

En primer lugar, ha surgido un sector de negocios privado relativamente grande en los últimos 20 años. En segundo lugar, la competitividad en el libre mercado y la necesidad de sacar beneficios han obligado a estas compañías a aumentar la innovación, la productividad, la motivación y la eficiencia simplemente para sobrevivir, no digamos ya para prosperar. 

En tercer lugar, hay más rusos que estudian másters en el extranjero y vuelven a Rusia con valiosas habilidades comerciales y técnicas de gestión. 

Y, en último lugar aunque no por ello menos importante, en los pasados 12 años los rusos se han familiarizado con un líder que ha puesto el listón alto en lo que respecta a trabajar duro. 

Ahora, si Putin hiciese para frenar el mujliozh y la corrupción tanto como ha hecho para contrarrestar el pofigizm ruso, no solo mejoraría la ética de trabajo rusa, sino que toda la economía y el clima de inversión se beneficiarían también. 

Michael Bohm es el autor de "La excepción rusa: un análisis de la ética de trabajo rusa" (A. Golod, 2007). 

Artículo publicado originalmente en The Moscow Times.