Rusia quiere vender alimentos orgánicos en la Unión Europea

Fuente: ITAR-TASS

Fuente: ITAR-TASS

Los productores rusos de alimentos orgánicos han decidido unirse a fin de presionar para lograr sus intereses. Son sobre todo las empresas extranjeras y los agricultores los que están interesados en promover el mercado de alimentos orgánicos, estimado en unos 150 millones de dólares, y exportar alimentos orgánicos a la Unión Europea.

Los fundadores de la Unión de Agricultura Orgánica son las granjas privadas más grandes de Rusia: Ekoniva (en la región de Kaluga), Nazarievskaia sloboda (en la región de Riazán) y Chístaia yedá “Comida pura” (krai de Krasnodar).

En la primera etapa formarán parte de la asociación veinte granjas y a finales de año se espera que el número crezca hasta cincuenta. Según explicó a Kommersant el director ejecutivo de la Unión, Yákov Liubovedski, el principal objetivo de la asociación es abogar por las granjas orgánicas en las estructuras de poder encargadas de la agricultura ecológica y promover la venta de su producción.

Según él, la prioridad de la Unión será que se establezca un marco jurídico para el mercado. “La mayoría de productos que se etiquetan como bio, eco y orgánico es por una cuestión de puro marketing”, afirma Liubovedski.

El mercado ruso de alimentos orgánicos, según las estimaciones de Euromonitor International, ascendió en 2012 a 148 millones de dólares (4.440 millones de rublos), lo que supone un crecimiento de mercado de un 7,8% en comparación con los datos de 2011. Según los pronósticos de los expertos, entre 2010 y 2015 el mercado de productos orgánicos en Rusia aumentará en un 30%.

La Unión de Agricultura Orgánica cree que el volumen de mercado está subestimado, porque Euromonitor sólo tiene en cuenta las ventas de los productores certificados.

“De hecho, en Rusia las pequeñas explotaciones  produjeron alimentos por valor de 52.000 millones de dólares, mientras que el Ministerio de Agricultura estima todo el sector agrícola ruso en algo menos de 100.000 millones de dólares (alrededor del 5% del PIB)”, señala Yákov Liubovedski.

Las mayores explotaciones en activo no producen más de 10.000 toneladas de alimentos al año y sus ingresos ascienden a 1-3 millones de dólares. Hoy en día la agricultura orgánica es una tendencia mundial, se practica en 160 países y 84 de ellos tienen sus propias leyes en esta materia.

“Sin embargo, en Rusia todavía no existe ningún marco jurídico en dicha área”, declara Iván Starikov, el presidente del Consejo público de la Unión de Agricultura Ecológica.

Andréi Lysenkov, representante de Abcert (compañía que presta servicios de certificación según los estándares europeos), dice que por el momento son principalmente empresas extranjeras las que se muestran interesadas en el desarrollo de la agricultura ecológica en Rusia, pues esperan poder suministrar este tipo de productos en Europa.

El propietario de Ekoniva, el empresario Stefan Dürr, asegura que la falta de una reglamentación en Rusia en materia de producción ecológica frena las exportaciones de su compañía a países de la Unión Europea.

“Invitamos a las empresas certificadoras de la UE, pero es demasiado caro y nuestros suministros no resultan rentables. Con el desarrollo de un marco jurídico, tanto las ventas internas y las exportaciones serían más atractivas para los agricultores rusos, con sus enormes tierras y su inmenso potencial para cultivar productos libres de transgénicos, fertilizantes y otros elementos utilizados en la agricultura intensiva”, opina.

“La demanda de productos orgánicos, tanto en Rusia como en el extranjero, supera la oferta. El mercado interno consume todo lo que producimos. No hay nada que exportar, aunque llegan muchos pedidos de Alemania y Suecia, donde la demanda de alimentos convencionales ha caído durante la crisis, mientras que la demanda de productos orgánicos se incrementó en un 3%”, añade el director de ventas de la compañía Chístaia yedá, Walter Borio Almo. 

Artículo publicado originalmente en ruso en Kommersant.