Negocios petrolíferos no exentos de incertidumbre

El ministro de Energía de la Federación Rusa, Alexánder Novak

El ministro de Energía de la Federación Rusa, Alexánder Novak

La Comisión Permanente ruso-iraní ha discutido la propuesta de Irán en materia de cooperación comercial y económica, según ha explicado el ministro de Energía de la Federación Rusa, Alexánder Novak. Los yacimientos de petróleo y gas de Irán resultan interesantes para la empresa rusa. Aunque esta cuestión conlleva condiciones.

Por ahora la parte rusa ha sido capaz de llegar a un acuerdo con el ministro de Asuntos Exteriores de Irán, Alí Akbar Saleh, para modificar la legislación de Irán. Eso debería permitir a las empresas rusas participar en los proyectos de hidrocarburos iraníes, ofrecerles garantías y derechos.

La exclusión de Irán del mercado de la eurozona

Es probable que no haya objeción alguna en que Irán permita el acceso a sus programas de extracción. EE UU y sus aliados han hecho mucho para excluir a Irán del mercado europeo y mundial de los hidrocarburos. En las empresas de Rusia las autoridades iraníes no ven tanto a poseedores de capital y tecnología, sino más bien a aquellas que serán capaces de garantizar la venta de la producción de un país cada vez más ahogado.

Sin embargo, la parte rusa tiene presente que en el pasado los intentos de acercamiento económico le han salido caros. Así, en 2010, a causa de las sanciones internacionales, LUKOIL tuvo que desistir de la realización del proyecto ‘Anaran’. Esto costó a la empresa 63 millones de dólares.

La cooperación de ‘Gazprom  neft’ con la Empresa Nacional Petrolera Iraní (NIOC) tampoco se puede considerar un éxito. En noviembre de 2009 las partes firmaron un memorando de entendimiento mutuo. Declararon la intención de desarrollar de forma conjunta los yacimientos de Azar y Shangul en territorio iraní. Las reservas se valoraron en 2 mil millones de barriles.

En agosto de 2011 Irán decidió abandonar la cooperación. ‘Gazprom neft’ se quedó con el estudio de factibilidad de explotación del yacimiento en las manos. Todo el trabajo hecho se fue al traste. Irán, representado por el Ministerio del Petróleo, declaró que el yacimiento debía ser otorgado en consorcio a empresas iraníes. Se culpó a la parte rusa de haber retrasado el proyecto. Pero la verdadera razón, probablemente, fue el optimismo de Irán ante la mejora de la coyuntura del mercado mundial en los años 2010-2011.

La principal objeción para las empresas rusas son las lecciones recibidas de Irán en los últimos años. Y aunque las reservas extraíbles de hidrocarburos en el país están valoradas en 358 mil millones de barril en el equivalente petrolífero (en petróleo, 155 mil millones de barriles; y en gas, 33,1 trillones de metros cúbicos), los inversores podrían temer con razón verse obligados, después de dar un paso hacia delante, a dar dos pasos hacia atrás.

Presiones externas

La presión sobre Irán viene del exterior: esto es lo que ha obligado al país a buscar la cooperación con Rusia en un asunto tan rentable como la extracción de combustibles fósiles. Las sanciones internacionales limitan la exportación de petróleo desde Irán. Con los suministros de gas natural tampoco es fácil. Hay pocas probabilidades de que se cancelen, pero esto no elimina todos los inconvenientes.

Irán está a la espera de una guerra con los Estados Unidos. Muchos analistas también esperan un desarrollo similar de los acontecimientos. Aunque no se ve como algo demasiado fundamentado.

La estrategia de Washington en relación a Irán se distingue por una gran sutileza. Su argumentación entraña el principal escollo que los inversores podrían desconocer. Según los informes de la policía de Irán y los cálculos de EE UU, en el país está madurando una revolución. Lo más probable es que no se produzca al estilo egipcio (relativamente pacífico), sino según el escenario libio o sirio. Los servicios de inteligencia de Irán temen que en las regiones del país estallen levantamientos y se desencadene la lucha armada.

La situación económica de Irán no es solo dura, sino muy dura. El drástico empobrecimiento de la población abona el terreno para una indignación que difícilmente resultará pacífica. El silencio político en Irán no debe llevar a engaño: después de que las autoridades sofocaran la ‘Revolución Verde’ en 2009 y la multitud de represiones, cabe esperar una explosión.

Washington es consciente de ello. Por eso la amenaza de guerra en la región se quedará en una amenaza, en tanto que las contradicciones internas desgarran cada vez más a Irán. Las autoridades del país buscan una salida. Buscan inversores capaces de abrir nuevas vías para suministrar materias primas y de reducir la crisis financiera del régimen.

Rusia puede ser útil a Irán, pero los capitales que invierta en el país van a parar a una zona de riesgo. El beneficio que se obtenga de las inversiones ¿será suficientemente ostensible y rápido de cosechar como para cerrar los ojos a todos los ’peros’?

Lo más probable es que, si los inversores caen en ella,  la trampa iraní les conlleve pérdidas sustanciales. Por otra parte, a los suministradores rusos de petróleo y gas les conviene reducir la competencia en el mercado. Y si esta percepción supera las expectativas depositadas en las inversiones en los yacimientos de Irán, la trampa no se cerrará de golpe. ¿Qué pasará, entonces? Pronto lo sabremos.

VasiliKoltashovesdirectordelCentrodeInvestigacionesEconómicasdelInstitutodeGlobalizaciónyMovimientosSociales(IGSO,porsussiglasenruso)