Goldman Sachs y el periodo negro de Rusia

El banco de inversión estadounidense vuelve a asesorar al gobierno, como ya hizo a principios de los años 90. Fuente: Flickr / SEIU International

El banco de inversión estadounidense vuelve a asesorar al gobierno, como ya hizo a principios de los años 90. Fuente: Flickr / SEIU International

En una nueva campaña de imagen para estimular la inversión, el gobierno ruso ha contratado al banco de inversiones Goldman Sachs para convencer de los atractivos del país a los inversores y agencias de calificación. Aunque no es la primera vez que el famoso banco norteamericano asesora al gobierno ruso, ya lo hizo a principios de los años 90, cuando se implementaron unas duras reformas.

Es una deliciosa ironía que ya en 1992 se nombrase precisamente a Goldman Sachs atraer inversores a Rusia y plantar las semillas del capitalismo en sus terrenos empapados de petróleo. 

Pero no fue el único asesor occidental. El FMI estaba ya ofreciendo su apoyo para gestionar la deuda exterior, y el economista de la Universidad de Harvard, Jeffrey Sachs, trabajaba como consejero en política económica general. 

En 1992 el gobierno ruso era asesorado de manera parecida por la firma de abogados estadounidense Cleary, Gottlieb, Steen & Hamilton. Sus oficinas estaban solo a dos pisos de las de Gaidar.  Parecía que lo único que había que hacer para ser asesor era ponerse un traje y aterrizar en Moscú.

Pero muchos rusos empezaron a cuestionarse la infundada influencia que estos asesores ejercían en su país. Un miembro del parlamento alegó que el FMI controlaba la economía rusa. Los periódicos publicaban casos de empresas estadounidenses que timaban a sus crédulos socios rusos.

Enseguida dieron comienzo las reformas. El primer golpe, justo antes del invierno de 1992, fue la liberalización de los precios. Se introdujo la libertad de precios de mercado, sin control gubernamental.

El Ministerio de Desarrollo Económico y el Fondo Ruso de Inversión Directa firmaron un memorando con Goldman Sachs. El banco ayudará a establecer un diálogo con inversores extranjeros y las agencias de calificación. El coste por tres años de servicio será de 500.000 de dólares.

Sin embargo, la situación pronto se fue de las manos. Al principio, el gobierno previó que los precios se triplicarían y, basándose en esas predicciones, planeó una subida de las pensiones y los sueldos de los funcionarios. Pero, en realidad, los precios se dispararon y llegaron a ser 10 ó 12 veces más altos que antes de las reformas. 

A resultas de la hiperinflacción, millones de rusos perdieron los ahorros de toda su vida y se encontraron en el umbral de la pobreza. Muchos vendieron las últimas pertenencias de su familia en la calle para poder sobrevivir. 

Quizá la escena más triste era la de los jubilados, que llegaron al extremo de vender sus preciadas medallas de la II Guerra Mundial a cambio de una barra de pan.

Con las prisas por adoptar la economía de mercado y su ciega aceptación de los consejos con los que comerciaban compañías como Goldman Sachs, Gaidar y Chubais simplemente se olvidaron del factor más importante: las personas.

Esa fue realmente la época negra de Rusia. La economía del bienestar, que había proporcionado seguridad de la cuna a la tumba a tres generaciones de rusos, estaba siendo desmantelada sin que nadie pensase ni por un instante lo que le ocurriría al ciudadano de a pie. 

El caso de Elektronika

Los asesores extranjeros empezaron a emitir órdenes de cerrar un gran número de plantas de las aproximadamente 25.000 empresas estatales. Uno de estos desafortunados objetivos era la fábrica Elektronika, en la ciudad de Voronezh, al sur de Rusia. La firma de equipamiento electrónico era líder en la producción de televisiones, radios y grabadoras, entre otras cosas. 

Sobre su calidad, muchos usuarios extranjeros, como Kumar, en la India, estaban satisfechos con los productos electrónicos rusos. "Aunque no eran tan sofisticados como los japoneses, funcionaban bien y, lo más importante, tenían una reputación por su solidez", comentó a Rusia Hoy. "Sin ninguna duda, eran de mejor calidad que los productos que se encuentran hoy en día en India y otros países en vías de desarrollo". 

Sin embargo, estos planes para mejorar la calidad existían solo en los comunicados de prensa que emitía la multinacional occidental. Unos meses más tarde, la fábrica sencillamente cerró. El vacío resultante fue llenado rápidamente con sus propios productos de importación. Se trataba de capitalismo carnívoro en todo su esplendor. 

El cierre de las joyas de la corona de la industria rusa, o su venta sin una adecuada compensación al Estado o a los ciudadanos, fue uno de los grandes timos del siglo XX. 

Los que escaparon 

No todas las empresas rusas tuvieron que hacer frente a la guillotina. Los asesores occidentales también pidieron al gobierno de Yeltsin que recortara los subsidios a las empresas estatales "ineficaces", lo que resultaría en la pérdida de millones de empleos. Mientras tanto, el FIM exigía que se cerrasen los bancos rusos no competitivos. 

Pero en este asunto el equipo Gaidar se encontró con una resuelta oposición. Los responsables de las compañías estatales, que contaban con una buena representación parlamentaria, exigieron su destitución. 

Para poder continuar con sus reformas, Gaidar pidió a sus asesores occidentales créditos por valor de 24.000 millones de dólares. Ciertamente, Occidente quería cerrar la industria rusa y de paso eliminar un gran competidor del mercado global, pero no tuvo el corazón de invertir 24.000 millones en el país. Gaidar pasó a la historia. 

Pensándolo bien, si las reformas hubiesen continuado, MiG o Sujoi no existirían hoy en día. No estarían aquí los bancos rusos que salieron ilesos de la crisis de 2008. Por el contrario, el sistema bancario occidental, que era el modelo que el FMI imponía a Rusia y a los países en vías de desarrollo, es un caos. No es sorprendente que los asesores del FMI hayan buscado alternativas laborales. 

Más de un camino hacia el mercado 

No había ninguna necesidad de tirar por la borda el sector público ruso. Sí, había ineficacia, corrupción y absentismo, pero hay que señalar que estas empresas no eran tercermundistas. 

Fueron estas compañías las que lanzaron las primeras naves que aterrizaron en la Luna; fueron estas compañías las que construyeron poderosos rompehielos y algunos de los mejores aviones del mundo. 

Como demostraron Polonia y Checoslovaquia, había una vía menos traumática hacia el capitalismo; había un modo más humano de cambiar las espadas por arados. Quizá el mejor ejemplo es el sector público de China, que es lo suficientemente competitivo para superar a los gigantes del sector privado occidental. 

Goldman Sachs, parte 2 

La historia se repite: la primera vez como tragedia; la segunda como farsa. Más que en ningún otro lugar, esta cita se revela apropiada en la Rusia actual. 

El primer encuentro de Goldman Sachs con Rusia fue un completo desastre. Más de dos décadas después, es más que dudoso que este banco pueda ayudar a atraer capital extranjero. La inversión privada está totalmente basada en la confianza y la buena voluntad. 

Rusia necesita solamente poner freno a la corrupción y al crimen organizado y el resto se arreglará por sí solo. Un país con recursos naturales ilimitados simplemente no necesita someterse a esos tormentos para atraer la inversión. 

Solo el tiempo dirá si el segundo intento de Goldman Sachs será una farsa o no. 

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