El milagro ruso de Sochi pasa a la historia olímpica

Hubo más medallas de las esperadas, pero la magia del deporte reside en su imprevisibilidad. Fuente: Alexander Wilf / RIA Novosti

Hubo más medallas de las esperadas, pero la magia del deporte reside en su imprevisibilidad. Fuente: Alexander Wilf / RIA Novosti

Uno siempre tiene en cuenta cierta mejora en los resultados del anfitrión olímpico por aquello del factor emocional, la posible influencia ambiental en jueces y un pico de inversión en años previos. Pero tampoco se trataba de vender humo.

Todos los indicadores invitaban a la prudencia, pese a que el ambicioso plan gubernamental para reflotar el nivel ruso en deportes de invierno comenzaba a arrojar resultados. Del sonrojante decimoprimer puesto en el medallero hace cuatro años en Vancouver, Rusia había pasado a un digno quinto lugar extrapolando los resultados de los mundiales de 2013. Por eso, cuando en la previa de los JJ OO me preguntaron por las expectativas de la delegación rusa en Sochi, contesté que un quinto puesto en el ranking sería normal, y un tercero, magnífico.

Exactamente lo mismo, por cierto, que dijo el ministro de Deportes ruso, al que le va el puesto en ello. Pero la magia del deporte olímpico reside en su imprevisibilidad, ya que cuatro años de intenso trabajo previo cristalizan en pocos minutos de competición.

Para ganar el medallero en Sochi, con cierta holgura incluso, Rusia se llevó todas las medallas que se le suponían, pero también un buen puñado de las que ni siquiera aparecían en las quinielas. Milagro es que una joven de 17 años con una plata europea como único bagaje, Adelina Sótnikova, se enfunde un oro de ley en la prestigiosa prueba de patinaje artístico individual.

Milagro es la victoria de Alexánder Tretiakov en un deporte, el skeleton, con nula tradición en el país. Milagro es el triplete de la última jornada en esquí de fondo masculino de 50 kilómetros. Milagro es que el estadounidense nacionalizado (por amor) Vic Wild gane dos oros individuales en snowboard cuando en toda su carrera solo había ganado un bronce en un mundial. 

No había sucedido nunca en la historia olímpica que un país que no entró ni entre los 10 mejores en los Juegos previos, con 15 medallas, ganase la edición siguiente con 33. No había sucedido nunca… hasta el milagro ruso de Sochi.