La shashka: la espada del Cáucaso que llegó a Berlín

Originariamente forjado por los montañeses del Cáucaso, la espada conocida como “shashka” era compacta, fácil de usar, terriblemente letal y duraba toda la vida.

Fuente: TASS

A medio camino entre un sable y una espada recta, en realidad la shashka estaba inspirada por las dagas tradicionales del Cáucaso: su nombre desciende de una palabra circasiana que significa “gran cuchillo”.

A menudo se fabricaba con adornos en la hoja y la empuñadura y durante siglos fue el arma que todo el pueblo circasiano llevó siempre al cinto, hasta que, a principios del siglo XX, alcanzó prominencia en en el Ejército ruso.

Fuente: AFP/East News

A primera vista podría parecer un machete fino y de forma cónica, pero la hoja suavemente curvada de la shashka puede llegar a medir hasta 1 metro y pesar 1 kilo. Las proporciones y diseño eran ideales para la lucha entre las montañas, y los enfrentamientos en senderos estrechos y sinuosos a través del bosque, así como en una melée con infantería o caballería.

Aunque estaba ampliamente difundida, llegar a dominar su manejo exigía habilidades específicas, ya que la falta de guardamano hacía difícil asestar golpes. Pero sus líneas esbeltas posibilitaban desenvainarla rápidamente para atacar con dureza y rapidez, y volver igual de rápido a la posición de “en guardia”.

A menudo bastaba un solo mandoble, igual que con la espada del guerrero samurái. Pero, a diferencia de la katana y el sable, la shashka era fácil de forjar, un requisito esencial en las regiones más pobres del Cáucaso.

Los cosacos rusos, que también se asentaron en las colinas del Cáucaso y servían como guardias fronterizos, vieron rápidamente las ventajas de esta arma montañesa. Los circasianos eran sus peores enemigos, pero, aun así, los cosacos adoptaron muchos elementos básicos de su atuendo militar y sus armas, como el gran sombrero de piel o “papaja”. 

Fuente: AFP/East News

También se apropiaron de su espada favorita y del arte circasiano de girarla provocando efectos visuales, así como de su dzhigitovka o arte de hacer piruetas a caballo, que los cosacos convirtieron en deporte.

Los rusos, por su parte, dieron un paso más con esta arma adoptada. En 1838, entró al servicio de las unidades de cosacos una versión mejorada que se llamaba la shashka Baklanov. Bautizada con el nombre del legendario general cosaco y terror de circadianos y chechenos, Yakov Baklanov, el arma era una fusión de la shashka y el sable. Tenía una hoja curvada con el centro de gravedad desplazado y podía decapitar a un enemigo con un solo golpe.

A través de los cosacos, la shashka se popularizó rápidamente en el Ejército ruso. A mediados del siglo XIX, muchas unidades ya la llevaban, y en la segunda mitad del siglo había suplantado al sable como armamento principal de la caballería.

Los sables de los húsares y las espadas de los coraceros y los oficiales se fueron abandonando gradualmente, ya que su radio de acción las volvió obsoletas en la edad de las armas de fuego. Por su parte, la shashka, tan compacta, a menudo servía mejor que un revólver en la lucha en espacios cerrados.

A principios de la Primera Guerra Mundial, el arma se volvió un símbolo distintivo del Ejército ruso, igual que había encontrado gloria entre la guardia cosaca que vigilaba las fronteras.

Tras la revolución de 1917, la shashka se convirtió en el arma de un filo del Ejército Rojo, y siguió en uso en la caballería soviética durante la Segunda Guerra Mundial.

Hay armas como esta que pasan de padres a hijos, de generación en generación, durante más de 150 años. Suelen estar decorada con medallas, que van desde el galardón por la victoria contra Napoleón en 1812, hasta el último, por la captura de Berlín en 1945.

Hasta 1949 la shashka era el arma del atuendo oficial de los generales soviéticos, y se entregó a los soldados de la guardia de honor a partir de 1968.

Aunque la shashka dejó de producirse en serie en la URSS en los años 50 debido al desmantelamiento de las últimas unidades de caballería, se retomó en Rusia en 1998, en el contexto del resurgir de la tradición cosaca.

Viaje al corazón del Cáucaso

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