Baikonur, 60 años del primer cosmódromo del mundo

Fuente: Fotosoyuz / Vostockphoto

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Fue la primera instalación de lanzamiento espacial del mundo y, hasta ahora, la más grande. En la actualidad se encuentra en el territorio de Kazjistán y está arrendado por Rusia hasta el año 2050.

Desde aquí se lanzaron los primeros cohetes con las perras Belka y Laika, desde aquí también partió Yuri Gagarin para convertirse en el primer hombre en viajar al espacio. Tras el colapso de la URSS, Baikonur pasó a formar parte de Kazajistán. Rusia continúa utilizando la base, aunque ahora en calidad de arrendatario. En 2004, los presidentes de los dos Estados firmaron un acuerdo de arrendamiento que prorrogaba el plazo de alquiler hasta el año 2050.

Sin embargo, en 2007, Rusia decidió construir su propio cosmódromo. La nueva plataforma, el cosmódromo Vostochni, acogerá ambiciosos proyectos y se ubicará en la región de Amur, en el extremo oriente del país. Todo el mundo está a la espera de que concluya la obra. Tanto Roscosmos como aquellos que han dedicado media vida a Baikonur (un día lo dejaron todo y se trasladaron allí para empezar desde cero) esperan con cierta tristeza y sin saber qué les espera ahora. 

Un oasis en el desierto

Aterrizamos en medio de la estepa. En el aeropuerto de Kraini, nos recibe Tatiana, una empleada del servicio de seguridad del cosmódromo de Baikonur. Pasamos varios puestos de control. “Tatiana, entiendo que en los años 60 se tuviera que controlar todo... Pero, ahora, no creo que haya muchos casos de espionaje, ¿no?”, acabo diciendo tras pasar otro control de pasaportes. “Nada más lejos de la verdad. Aquí pasa de todo...” 

Finalmente, pasamos el último puesto de control y entramos en la ciudad. Junto a la entrada, pasea un camello pensativo. En cuanto atravesamos el puesto de control, comienzan a vislumbrarse a izquierda y derecha árboles verdes que sugieren que estamos entrando en una zona climatológica distinta.

Yuri Gagarin, primer cosmonauta de la Historia. Fuente: TASS

La ciudad todavía tiene un pie en la URSS, lo que se nota claramente en detalles como el mercado central, los carteles de los comercios, la falta de bares de 24 horas... La mitad de los ciudadanos van vestidos con el mismo mono de trabajo. Todos trabajan en el cosmódromo.

En Baikonur todos cuentan historias. Sobre los primeros cohetes rusos, sobre diseñadores legendarios, sobre los astronautas… Aquí vive gente que trabajó con el excelente diseñador soviético Serguéi Koroliov; ellos lo prepararon todo para los primeros lanzamientos.

En este cosmódromo se han realizado más de la mitad de todos los lanzamientos espaciales del mundo.

Fuente: Photoshot / Vostockphoto

Desde aquí se lanzó el primer satélite artificial de la Tierra; se enviaron al espacio naves tripuladas de la serie Vostok, Vosjod y Soyuz; las estaciones orbitales Salut y Mir; el sistema reutilizable Energía - Buran; así como sondas espaciales y satélites militares y científicos. El cosmódromo de Baikonur sigue siendo líder en cuanto al número de lanzamientos al año.

Tatiana me acompaña los tres días que estoy en Baikonur. “Sabe, tengo 43 años y no sé qué futuro me espera. Todo lo tengo aquí, toda mi vida. Comprendo que nadie nos va a llevar allí (a la base Vostochni, nota del redactor). No sé qué pasará con nosotros. Aunque dicen que, hasta el año 2050, no renunciarán a Baikonur...”, comenta Tatiana interrogante.

Baikonur tiene un peculiar cielo de un negro intenso. Allí trabajan personas extraordinarias, que no dejan de iluminar las estrellas de la historia espacial de Rusia. 

Nos dirigimos a la obra de la base Vostochni. Veinte minutos por carretera inmersos en una nube impenetrable de polvo. Finalmente, llegamos a una construcción cuyas dimensiones impresionan casi tanto como la naturaleza que la rodea. Los constructores, acostumbrados a las inspecciones, no nos prestan ninguna atención. “¿Qué han venido a ver aquí?”, pregunta sorprendido un hombre de aspecto campechano y cabello cano al encontrarnos allí. “¿El cercado, la arena, los perros...?”. Pero entre la arena se dibuja el contorno de la plataforma de lanzamiento, y en el pueblo empiezan a despuntar los primeros pisos de la futura ciudad de Tsiolkovski...

El cosmódromo Vostochni proporcionará a Rusia un acceso independiente al espacio. Con el tiempo, se convertirá en el principal centro de diseños espaciales, capaz de generar nuevas oportunidades para el desarrollo del Extremo Oriente ruso y de dar un nuevo impulso al desarrollo del sector espacial. Sin embargo, los plazos de entrega se están alargando y el proceso ha quedado rodeado de escándalos por malversación de fondos. 

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