Gatos, ratas y osos en la tripulación de la Flota de Rusia

Fuente: Oleg Kuleshov

Fuente: Oleg Kuleshov

El reglamento naval de la Armada de la Federación de Rusia determina que la tripulación únicamente puede tener animales a bordo si obtiene el permiso del comandante. Estos no suelen tener nada en contra. RBTH ha seleccionado los tres animales más destacados que han servido o sirven en las tareas de defensa.

Gatos

Pocos los saben, pero en la mayoría de los buques de la Armada de Rusia hay dos tipos de tripulación: el personal de la Armada y gatos.

Cada una de estas tripulaciones tiene sus obligaciones. La primera dirige la nave y los sistemas de navegación; la segunda, según la creencia popular, trae buena suerte al barco, predice las tormentas y pronostica el tiempo. Durante cientos de años los gatos han servido en los barcos y se les ha considerado como un miembro más de la tripulación. También reciben medallas y órdenes, y a muchos de ellos se les han erigido monumentos. Desde hace muchos años son un atributo obligatorio de cualquier barco.

El número de estos marineros de cuatro patas a bordo varía en función de las medidas del barco. Así, por ejemplo, en el portaaviones ruso Almirante Kuznetsov son incontables, mientras que en el pequeño buque antisubmarino Onega hay un único ejemplar.

El gato marinero más famoso de la flota de la Armada de Rusia es uno llamado Botsman que sirve en el crucero nuclear de misiles guiados de la clase Kírov (el proyecto 1144). Cumple a la perfección cada una de las órdenes del comandante y se somete con regularidad a un entrenamiento intensivo persiguiendo un puntero láser.

Bajo sus órdenes hay varios marineros afelpados, cada uno con una función concreta: uno hace guardia en la rampa, haciendo el reconocimiento de los que pasan a su lado; otro hace guardia en el gran camarote de los oficiales, estudiando atentamente a todo aquel que se acerca. Si ha prestado un buen servicio, Botsman obtiene un permiso para salir del barco y darse un paseo por los astilleros de reparación Zviódochka.

Los gatos no solo viven en los barcos de superficie, sino también en los submarinos. Allí no cazan ratas, porque no hay, pero en cambio para los marineros son un medio de relajación excelente. Su ronroneo y sus gráciles movimientos tranquilizan al personal. Además, la tripulación afirma que en los submarinos los gatos detectan las fugas de gas mejor que cualquier aparato.

Cada día, el gato del submarino atómico TK-13 del proyecto 941 que debía ser desguazado, al empezar su turno de guardia se acercaba al puesto central a las 20 horas con una rata asfixiada entre los dientes, la colocaba junto al sillón del guardia del barco y después se marchaba.

Los gatos ocupan un lugar destacado entre los animales de a bordo, pero hay otros muchos animales: perros, pájaros, ratas e incluso osos. 

Ratas

Las ratas son un quebradero de cabeza para los capitanes, y se llevan mal con los gatos. Si no hay gato, hay ratas. Pero hay ratas buenas y mansas, como Larisa, la del crucero nuclear del proyecto 58 Almirante Golovkó, la preferida de la tripulación. Hace tiempo que ese buque dejó de existir, pero el personal de aquel barco desguazado no olvida su historia.

En década de los 70, el asistente del capitán del crucero domesticó una rata del barco. La llamó Larisa y la acogió en su camarote. El teniente la adiestró: cuando él entraba en el camarote, su querida rata debía recibirle colocándose sobre su hombro de un salto. Larisa vivió mucho tiempo en el camarote del asistente del capitán, y por la noche los miembros de la tripulación le traían golosinas.

Un día hubo una inspección, y a uno de los inspectores se le ocurrió supervisar el camarote del asistente del capitán. Al entrar, la rata le saltó al hombro y el pobre hombre por poco muere del susto. Fue un escándalo, y la rata tuvo que quedarse en tierra firme, en casa del asistente.

Osos

Resulta difícil de creer, pero hasta la década de los 50 en los buques de la Armada había incluso osos. Esta tradición venía de antes la Revolución. Desde la antigüedad el oso ha sido la encarnación del alma y la fuerza de Rusia.

A primera vista parece un ser pacífico, e incluso algo perezoso, pero es capaz de transformarse en un abrir y cerrar de ojos, y desgarrar al sinvergüenza que se haya atrevido a ofenderle. Aun así, durante muchos años los osos domesticados pudieron convivir con los humanos, sabían hacer distintas acrobacias, y eran los favoritos de muchos regimientos y buques. Después de la Revolución se perdieron muchas tradiciones, pero sí se ha mantenido la costumbre de llevar un talismán en el barco. 

Actualmente la tradición de llevar osos a bordo es cosa del pasado, y a los patizambos no se les permite embarcarse.

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