Quién gana y quién pierde con la suspensión del proyecto South Stream

El nuevo gasoducto pasará por Turquía. Fuente: Ramil Sítdikov / Ria Novosti

El nuevo gasoducto pasará por Turquía. Fuente: Ramil Sítdikov / Ria Novosti

Rusia ha detenido la construcción del gasoducto South Stream debido a la postura adoptada por Bulgaria, que perderá los beneficios que hubiera obtenido con el tránsito del gas por su territorio. Empresas alemanas, japonesas e italianas tampoco se beneficiarán de los contratos que habían cerrado, así como Gazprom, que había hecho una inversión millonaria.

Rusia ha suspendido el proyecto de construcción del gasoducto South Stream debido a la postura adoptada por Bulgaria. Así lo ha anunciado durante su visita a Turquía el presidente de Rusia, Vladímir Putin, según informa el periódico Kommersant.

“No podemos empezar las obras en el mar hasta que no obtengamos el permiso de Bulgaria, y sería absurdo comenzar las obras para tener que detenernos al alcanzar la costa búlgara”, anunció el mandatario ruso en rueda de prensa. Según sus palabras, los recursos energéticos rusos serán redirigidos a otros mercados con ayuda, entre otras cosas, de la mejora y aceleración de la licuefacción del gas natural.

Haz click en la imagen para aumentarla. El gasoducto South Stream irá por el fondo del Mar Negro hasta Bulgaria, después pasará por Serbia, Hungría, Eslovenia e Italia. El coste estimado de su construcción es de 16.500 millones de euros, de los cuales 10.000 millones se destinarán a la parte marítima. Su explotación debería comenzar en diciembre de 2015 (con un bombeo de 15.750 millones de metros cúbicos anuales) y alcanzará su máxima capacidad (63.000 metros cúbicos) en 2018.

De acuerdo con Vladímir Putin, la detención del proyecto hará perder a Bulgaria al menos 400 millones de euros anuales en calidad de pagos por el tránsito del gas. Sin embargo, las pérdidas de Gazprom serán más significativas: la empresa ha invertido en el proyecto en los últimos tres años 4.660 millones de dólares.

De acuerdo con los datos aportados por la operadora del proyecto, la compañía South Stream Transport, las empresas europeas perderán al menos 2.500 millones de euros por la suspensión del proyecto. Por otra parte, las compañías japonesas implicadas en la fase de construcción tendrán pérdidas de unos 320 millones de euros, el importe acordado con el consorcio japonés Marubeni-Itochu y Sumitomo por el suministro de tuberías.

“La suspensión del proyecto no es ninguna sorpresa, puesto que hace ya tiempo que la parte búlgara habló de la prohibición al tendido de tuberías en su territorio. No hemos sido capaces hacer cambiar de opinión a nuestros socios búlgaros”, comenta Iván Kapitonov, profesor del departamento de regulación estatal de la economía de la Academia Rusa de Economía Nacional y Administración Pública (RANJiGS, por sus siglas en ruso).

Concretamente, en agosto de 2014, el Ministerio de Economía y Energía de Bulgaria detuvo los trabajos de ejecución del proyecto porque este no cumplía con las normas del Tercer Paquete Energético  de la Unión Europea. Esta normativa estipula que las empresas extractoras de gas no pueden ser, al mismo tiempo, propietarias del tramo de gasoducto que recorre el territorio de la UE.

Por otra parte, Iván Kapitonov señala que, en octubre de 2014, el proyecto ya se había encarecido sustancialmente, lo que probablemente también haya influido en la decisión. Los costes del tramo marítimo de South Stream pasaron de 10.000 a 14.000 millones de euros y el tramo terrestre europeo de 6.600 a 9.500 millones de euros. En total, el coste del proyecto equivalía al resultado bruto de la explotación de Gazprom (EBITDA) en 2013, estimado en 55.000 millones de dólares.

Como resultado, tras anunciarse la congelación del proyecto South Stream, las acciones de Gazprom subieron un 1,1 %. “Los inversores valoraron positivamente la negativa de la corporación a seguir con el proyecto South Stream”, afirma el director del departamento de analítica de Alfa-Forex, Andréi Dirguin. 

La entrada en juego deTurquía

Más adelante, el presidente de Gazprom, Alexéi Miller, anunció que la empresa redirigiría el proyecto de Bulgaria a Turquía. Según sus palabras, el gasoducto transportará 63.000 millones de metros cúbicos de gas al año, de los que cerca de 14.000 millones se destinarán a la propia Turquía y el resto se enviará a la Unión Europea a través de la frontera con Grecia.

“De este modo, Rusia no se desviará de los objetivos iniciales: diversificar la oferta y evitar el tránsito por zonas poco seguras”, señala Iván Kapitonov, quien también afirma que el desvío de la ruta hacia Turquía ha pillado por sorpresa a la UE, donde nadie confiaba en que Rusia encontrara una solución para un proyecto de este tipo, sobre todo para el tendido de las tuberías en el territorio de un país no incluido en la Unión. “Rusia, por otra parte, dependerá en este caso de Turquía como país de tránsito; se trata de un compromiso forzoso”, explica Kapitonov.

De hecho, según Dmitri Baranov, experto de la gestora Finam Management, todavía se podría retomar el proyecto inicial de construcción del gasoducto South Stream, siempre que la UE cambie su postura al respecto. “Rusia cumplirá estrictamente todos los acuerdos vigentes para el suministro de gas a la UE”, dice.

En su opinión, Rusia no descarta la diversificación de la oferta y está dispuesta a satisfacer la demanda prácticamente de cualquier Estado, ya que dispone de reservas suficientes para ello. “Se mantendrán las rutas de suministro oriental y occidental y, puesto que la India también muestra interés por el gas ruso, en los próximos años podría aparecer también una ruta sur”, explica Baranov.

En conclusión, de acuerdo con las declaraciones del vicepresidente de la Comisión Europea en asuntos energéticos, Maroš Šefčovič, a pesar del anuncio de Rusia, la UE aún no ha cancelado la cita del 9 de diciembre en la que deberán reunirse los Estados que participan en el proyecto South Stream.

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