La amenaza del asteroide no une a los científicos de Rusia y EE UU

La John Hopkins University y el Instituto de Investigación Espacial Ruso proponen soluciones diferentes para salvar el planeta. Fuente: AFP/East News

La John Hopkins University y el Instituto de Investigación Espacial Ruso proponen soluciones diferentes para salvar el planeta. Fuente: AFP/East News

Rusia y los EE UU siguen colaborando en campo de la investigación cósmica. Sin embargo, parece que afrontarán de forma individual el problema de los asteroides que amenazan a toda la Humanidad.

Parece que continúa la colaboración entre Rusia y los EE UU en el terreno espacial. A finales de septiembre, los cosmonautas rusos Alexánder Samokutiayev y Yelena Servova, junto con el estadounidense Barry Wilmore, volaron a la Estación Espacial Internacional. Muchos de los experimentos serán llevados a cabo con la participación conjunta de las partes rusa y estadounidense. Sin embargo, es seguro que los científicos de ambos países no unirán sus esfuerzos para enfrentarse a la amenaza de los asteroides, el primero de los cuales podría colisionar contra la Tierra en 2032. La John Hopkins University y el Instituto de Investigación Espacial ruso proponen soluciones diferentes para salvar el planeta.

Los astrónomos de la NASA avisan de que en la actualidad la Tierra se ve amenazada por el asteroide 2004 VD17, que el 1 de mayo de 2032 la sobrevolará a solo 3.000 kms. En 2094 podría pasar a una distancia de 4.500 kms de nuestro planeta. En 2182 la Tierra corre el riesgo de entrar en contacto con el asteroide 1999 RQ36 y en el 2880, con el asteroide 1950 DA.

La colisión con cualquiera de estos objetos espaciales podría provocar una explosión susceptible de destruir una civilización entera. Según la NASA, entre 2017 y 2113 un total de 400 cuerpos celestes podría chocar contra nuestro planeta.

El año pasado, los investigadores de Física Aplicada de la John Hopkins University anunciaron el inicio de un proyecto dedicado a cambiar la trayectoria de vuelo de los asteroides. Consistirá en el lanzamiento de un cohete que los golpeará y desviará, impidiendo que se acerquen a la Tierra. El coste aproximado del proyecto es de 350 millones de dólares y ya ha recibido el apoyo de la NASA y la Agencia Espacial Europea.

Los científicos rusos del Instituto de Investigación Espacial también han desarrollado y presentado un modo de enfrentarse a los asteroides: proponen cambiar la órbita de los asteroides más grandes haciendo que colisionen con otros más pequeños.

Esto requeriría el lanzamiento de naves con motores ligeros de cohete que se unirían a un pequeño asteroide y lo dirigirían hacia el campo gravitacional de la tierra. Entonces, la propia fuerza de la gravedad terrestre arrastraría al pequeño asteroide hacia el otro, mucho mayor, que estaría poniendo en peligro la Tierra. Los científicos rusos creen que esta técnica sería económicamente mucho más eficiente que la que proponen sus colegas estadounidenses.

“La probabilidad de que un asteroide peligroso cambie su rumbo es mayor si choca con otro asteroide pequeño que si se golpea contra un cohete”, explica Natan Eisman, catedrático y colaborador científico en el Instituto de Investigación Espacial ruso. “Además, nuestro proyecto no requiere tantos recursos”.

 

¿Cómo se dividen el espacio Rusia y los EE UU?

Los EE UU han asegurado en numerosas ocasiones que les gustaría reducir su dependencia de Rusia en el terreno espacial. En palabras del representante de la NASA, Joshua Buck, la Agencia no tiene intención de detener su colaboración con la Agencia Espacial rusa: “La colaboración en investigación espacial ha sido emblemática en las relaciones entre EE UU y Rusia, incluso durante lo peor de la Guerra Fría y, sobre todo, durante los pasados 13 años de presencia continua a bordo de la Estación Espacial Internacional. Las presentes operaciones en la EEI continúan de manera normal. No hemos recibido ninguna notificación del Gobierno ruso sobre ningún cambio en nuestra cooperación espacial en este punto”, explica Buck. Sin embargo, la NASA ha decidido recientemente abandonar completamente a los “sindicatos” rusos y firmar sendos contratos con Boeing y SpaceX para la construcción de naves pilotadas reutilizables. Se calcula que el coste total será de unos 2.600 millones para SpaceX y de 4.200 para Boeing.

 

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