El asalto al Teatro Dubrovka con los ojos de un agente de las fuerzas especiales

Fueron secuestradas 916 personas de las que murieron 130, entre ellos diez niños. Fuente: Kirill Kalínnikov / Ria Novosti

Fueron secuestradas 916 personas de las que murieron 130, entre ellos diez niños. Fuente: Kirill Kalínnikov / Ria Novosti

Hace doce años, en la Casa de la cultura de la fábrica “Moskovski podshípnik”, ocurrió una tragedia que se convirtió en uno de los mayores actos terroristas de la historia de Rusia. Un comando de cuarenta guerrilleros chechenos secuestró a 916 personas. El asedio, que se prolongó tres días, acabó con un asalto. Para neutralizar a los terroristas se soltó en la sala un gas cuya composición sigue siendo secreta. El líder guerrillero de la banda, Movsar Baráyev, y su gente, fueron liquidados. Murieron 130 rehenes, entre ellos diez niños. RBTH recuerda lo que ocurrió aquellos días un combatiente de la Dirección A del Centro de Asignación especial del FSB de Rusia, que estuvo presente en el asedio y en el asalto. Por razones de seguridad, su nombre aparece cambiado.

La señal de alarma me sorprendió por la tarde, camino de casa. Al llegar a la base me uniformé y me dirigí con los efectivos del primer grupo al teatro Dubrovka.

Para liberar a los rehenes se convocó a dos Direcciones: la A y la B. La dirección “A” suele operar en diferentes instituciones estatales, en el transporte, en las casas. La “B” en las instalaciones tecnológicas. En esta ocasión trabajamos juntos.

Empezamos por recopilar información. Analizamos la documentación técnica del edificio, decidimos los lugares que podían ser minados con más seguridad, memorizamos el plano. Cuando llegamos a nuestro destino siempre analizamos la situación, lo estudiamos todo, pero sin movernos del lugar. Las primeras acciones siempre las decide el Estado Mayor operativo, que conduce las negociaciones. En cualquier operación nuestras acciones son el último argumento.

A mi grupo se le asignó la tarea de efectuar el reconocimiento y de determinar las vías de penetración al interior del recinto. Una parte del grupo se dirigió al tejado y otra parte bajó a los sótanos. Enseguida nos percatamos de que el grupo de Baráyev no estaba integrado por aficionados. Eran terroristas bien preparados, con mucha práctica militar a sus espaldas, y que sabían garantizar bastante bien su seguridad dentro del edificio. El camino a través de la buhardilla lo habían cerrado a conciencia: estaba bloqueado y minado. Era obvio que alguno de los terroristas dominaba todo lo referente a minas y explosivos: muchas puertas estaban minadas, etc.

Las ventanas estaban cerradas de manera que no se pudieran ver los movimientos de los terroristas desde afuera. En muchos lugares habían sembrado el suelo de cristal roto, para que el grupo especial de operaciones no pudiera moverse sigilosamente. Cada uno de los terroristas tenía asignado un lugar concreto, se orientaban a la perfección en el edificio y controlaban todos sus puntos clave, además de la sala de espectadores abarrotada y minada.

Durante tres días se llevaron a cabo negociaciones continuas y extenuantes con los terroristas. Visitaron el edificio personalidades famosas del mundo de la cultura rusa, representantes de la Cruz Roja, diputados, médicos y periodistas. Durante este tiempo varias personas fueron asesinadas y liberadas unas sesenta.

Para entonces ya estaba elaborado el plan de asalto y los grupos orientaban sus acciones al mismo lugar: la casa de la cultura Meridián. Ya sabíamos que en el centro de la sala y en el balcón los guerrilleros habían instalado dos cilindros metálicos en cuyo interior había un proyectil de artillería de 152 milímetros. Se efectuó un gran trabajo con los rehenes que liberaron los bandidos: fuimos recogiendo la información con cuentagotas. Además, los especialistas de ingeniería encontraron una pequeña pared exterior imperceptible y la desmontaron literalmente ladrillo a ladrillo. Era una entrada tapiada a través de la cual nuestro grupo entró posteriormente al edificio.

El 26 de octubre a las 4.58 de la madrugada se oyó por la radio: “¡Atención, atención a todos! ¡Al asalto!”.

Preparación de las Fuerzas Especiales rusas. Fuente: Andréi Shaprán

Actuamos conjuntamente con los hombres de la Dirección B. Cada uno corrió a su sector, siguiendo su itinerario, todo estaba planeado de antemano en el Meridián. Todos sabían cuál era su misión.

Mi grupo se encontraba en la parte trasera del teatro. Todos los esfuerzos estaban dirigidos a entrar en la sala con la mayor rapidez posible. En el escenario se encontraban algunos terroristas, todos con armas en las manos. El peligro consistía no sólo en que se activaran los dispositivos explosivos, sino también en la presencia de gran cantidad de armas automáticas. Dado que entrábamos en la sala desde varias partes, si los terroristas oponían resistencia, sólo con que se disparara un arma de fuego podía morir una gran cantidad de rehenes. Toda la operación de combate no duró más de quince minutos. Los terroristas fueron aniquilados.

Los rehenes en la sala estaban inconscientes. La gente dormía en las butacas, con las bocas abiertas, alguno yacía en el suelo echando espuma por la boca…

Entonces no nos hacíamos una idea del alcance del impacto del gas lanzado. Supimos que se aplicaría ese agente químico especial sólo media hora antes del asalto. Todo nuestro grupo se protegía con máscaras antigás.

Con los chalecos antibalas puestos, estuvimos cuarenta minutos arrastrando afuera a los rehenes. Se hacía difícil respirar…. A las personas que se habían puesto flácidas era muy difícil cargarlas, todo se derramaba sobre uno, se resbalaba. Sacamos a los rehenes inconscientes cargados a la espalda y bajo el brazo. Los dejábamos en el vestíbulo, uno al lado de otro.

Preparación de las Fuerzas Especiales rusas. Fuente: Andréi Shaprán

Antes del asalto nos habían dado el antídoto. Sacamos las jeringuillas e inyectamos las medicinas a los rehenes directamente a través de la ropa.

A los médicos les permitieron la entrada en el edificio al cabo de cuarenta minutos. Antes se llevó a cabo una operación para neutralizar los dispositivos explosivos. En el recinto estuvieron trabajando técnicos en bombas.

Podíamos haber dejado entrar a los médicos en la sala, pero si de repente se hubiese producido una explosión en el edificio vecino tendríamos que haber lamentado muchas más víctimas. Luego se añadieron otras personas, alguien logró romper el cordón, los médicos hacían respiración artificial a algunas víctimas, alguien trataba de hacer un masaje sobre el corazón a uno de los yacientes. Los médicos trabajaron con abnegación, pero no son todopoderosos. No hubo que lamentar pérdidas entre los combatientes de las direcciones A y B. No obstante, por desgracia, murieron 130 rehenes.

Quedó cierto sentimiento de enojo, de insatisfacción. Pero hicimos todo lo que estuvo en nuestras manos.

Andréi Skantsev es combatiente de la dirección A del Centro de asignación especial del FSB (Servicio Federal de Seguridad) de Rusia. Por razones de seguridad, su nombre aparece cambiado.

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