Rusia perderá cerca de 1.000 millones de dólares en el sector militar por Ucrania

Fuente: Iliá Pitalev / Ria Novosti

Fuente: Iliá Pitalev / Ria Novosti

Rusia gastará 945 millones de dólares para compensar las consecuencias negativas de la ruptura de la cooperación con las empresas industriales militares de Ucrania, según los cálculos de la agencia federal rusa Roskosmos. Estos fondos permitirán comenzar la producción de los componentes que Rusia compraba en Ucrania, incluidos los de los misiles balísticos intercontinentales.

Un grupo de trabajo creado especialmente por la Agencia Federal Espacial rusa, Roskosmos, ha calculado el coste total que supondrá a Rusia el rechazo del trabajo conjunto con empresas ucranianas del sector industrial militar, informa el periódico ruso Kommersant. Según el periódico, el coste total ascenderá a 33.000 millones de rublos (945 millones de dólares) hasta 2018, aunque únicamente en 2014 se destinará a estas necesidades 3.540 millones de rublos (101 millones de dólares).

Estos fondos formarán parte de programas rusos que ya se han puesto en marcha. Por ejemplo, una gran parte, más de 23.000 millones de rublos (655 millones de dólares), se incluirán en el programa federal para el “Desarrollo del Complejo Industrial Militar de la Federación Rusa durante los años 2011-2020”. A mediados de julio de 2014 el presidente de Ucrania, Petró Poroshenko, prohibió cualquier cooperación con Rusia en el sector industrial militar. Como respuesta a esto, el vice primer ministro de Rusia, Dmitri Rogozin, responsable del programa de armamento en Rusia, aseguró que ya está preparado el plan de sustitución de las importaciones.

Sin embargo, el coste del plan y el volumen de trabajo necesario hasta ahora se desconocían.

Según los expertos, las empresas rusas deberán recuperar la práctica de la Unión Soviética. “En la URSS había la figura de los zamestíteli (“sustituidores”), que controlaban que, si una empresa aumentaba su producción, otra la reducía. Todas las empresas militares se dividían en dos tipos: las de base y las de componentes, y reinaba la idea de crear estabilidad y reducir el exceso de capacidad”, comenta a RBTH Alexéi Skopin, profesor y director del departamento de economía regional y geografía económica de la Escuela Superior de Economía. Sin embargo, en el presente, según este, en Rusia este tipo de empresas capaces de fabricar componentes para misiles rusos como hacía Ucrania, o bien no existen, o bien cuentan con talleres muy reducidos en algunas fábricas. “Todo estaba construido en base a los vínculos económicos de ambos países, nadie sospechaba que las cosas evolucionarían de este modo”, aclara el experto.

Parte de la estrategia

Cerca de un 4,4% de la importación militar rusa corresponde a producción ucraniana, comenta una investigación del Royal United Services Institute. Sin embargo, cerca de un 30% del volumen total de estos productos está formado por componentes esenciales para la construcción del misil balístico intercontinental SS-18. “Kiev y Moscú han dado muchos pasos para deteriorar una cooperación que en otro tiempo era muy beneficiosa para ambos países. Para Rusia, la ruptura de la cooperación en la construcción de misiles balísticos intercontinentales SS-18 Satan y SS-25 implica una situación crítica”, - explica a RBTH el director del Instituto de Valoraciones Estratégicas, Alexander Konoválov. Según este, estos misiles los diseñan y construyen empresas rusas, pero sus sistemas de dirección se fabrican en Járkov, en el este de Ucrania, a 470 kilómetros de Kiev. De hecho, del servicio técnico de estos misiles balísticos se encargaban las brigadas de la fábrica Yuzhmash en la ciudad ucraniana de Dnepropetrovsk (a 480 kilómetros de Kiev).

“Las brigadas de asistencia técnica de la fábrica ucraniana realizaban controles periódicos de los misiles rusos. En caso de que alguno agotara sus recursos o necesitara algún tipo de reparación, los empleados de la fábrica lo recibían allí y lo reparaban. Ahora tendremos que construir muchas instalaciones desde cero”, - añade Aleksander Konoválov. Es más, según el experto, las empresas militares rusas han estado trabajando en la creación de un nuevo misil pesado de combustible líquido que debería remplazar al Satán. “En un principio se había previsto la construcción del nuevo misil de forma conjunta con Ucrania. Era mucho más sencillo trabajar juntos y encargar una de las piezas del misil a Járkov. Ahora tendremos que desarrollarlo todo nosotros”, comenta.

El nuevo programa de la industria militar será parte de una estrategia a gran escala de sustitución de las importaciones en Rusia. En abril de 2014 el presidente ruso, Vladímir Putin, declaró que “Rusia está en condiciones, tanto en el plano financiero como tecnológico, de sustituir la importación”. Según Putin, esto llevará hasta dos años y medio. La nueva estrategia, añadía el presidente, “no requerirá revisar el sistema de compras públicas de la industria militar”. 

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