La presencia militar y estratégica rusa en el Ártico

Dibujado por Konstantín Máler

Dibujado por Konstantín Máler

En los últimos tiempos el Ártico ha ido adquiriendo una mayor importancia geopolítica. La principal razón es el cambio climático, que en el futuro podría abrir esta región al desarrollo económico. Pero esto provoca una competición internacional cada vez más enconada para controlar los recursos del Ártico y el acceso a la región.

A finales de 2012, el presidente ruso Vladímir Putin afirmó que la Ruta Marítima del Norte era económicamente más rentable que el canal de Suez, lo que la hacía crucial para el país. En su conferencia en un foro internacional sobre el Ártico en Salejard, dijo: “Rusia tiene intenciones de expandir considerablemente su red de áreas naturales protegidas en el Ártico e instalar la seguridad apropiada. En los territorios del Norte se sitúa más del 80 % de la producción rusa de gas y más del 90 % del níquel y el cobalto. Esa región significa un 12-15 % del PIB del país y un cuarto de las exportaciones rusas.”

El Ártico se ha convertido en el centro de atención de los intereses de diversos estados, lo que impulsa a Rusia a emprender acciones decisivas para conservar el control sobre una enorme área marina de más de 1 millón de metros cuadrados.

En agosto-septiembre de 2013, un barco de análisis hidrográfico y un remolcador de la Flota Rusa del Norte llevaron a cabo una misión de exploración en la Tierra de Francisco José. Los acompañó un submarino especial, cuya misión era garantizar la seguridad de la misión. En octubre de 2013, una fuerza de diez barcos de guerra, liderados por el crucero con misiles nucleares Piotr Veliki, y apoyados por rompehielos nucleares, realizaron un viaje de 2.000 millas a través del mar de Barents y los mares helados de Kara y Laptev. Su destino eran las islas de Nueva Siberia en el estuario del río Lena.

Además, Rusia está revitalizando su base aérea de la isla de Kotelni, en el archipiélago de Nueva Siberia. El plan es modernizarla usando nuevas tecnologías, para posibilitar el uso de aviones de transporte durante todo el año.

En la Tierra de Francisco José, la pista del aeródromo de Rogachevo está siendo remozada. El aeródromo alojará aviones interceptores para asegurar la defensa contra misiles y para proteger las fronteras rusas de un hipotético ataque aéreo desde el norte.

Podría parecer que Rusia está decidida a mantener una política de presencia naval constante en el Ártico. La Flota del Norte cuenta con un portaaviones, el Almirante Kuznetsov. Este portaaviones está llamado a desempeñar un papel crucial en reafirmar la supremacía aérea en la región. Barcos de guerra capaces de operar en la zona ártica entrarán al servicio de la Marina Rusa durante los próximos diez años.

Pero, si hay submarinos nucleares de la Marina de los EE UU movilizados permanentemente en el Ártico, junto con sistemas marinos de defensa misilística, entonces tiene que existir la posibilidad de que se intercepten los misiles balísticos rusos, lo que hace posible un ataque preventivo. Todo esto convierte en extremadamente relevante la tarea de modernizar el potencial nuclear de los submarinos rusos. En enero de 2013, la Marina Rusa recibió un nuevo submarino nuclear, el Yuri Dolgoruki. Para 2020 se espera que se construyan 20 submarinos más de este tipo para las flotas Norte y Pacífica.

La política rusa para el Ártico a partir de 2020 mira a un fortalecimiento de la guarda costera y el control fronterizo. Con este propósito, unidades militares especiales ya han llevado a cabo un número de operaciones en la península de Kola, prestando especial atención a prácticas de combate más allá del círculo Polar. En los próximos años, Rusia podría movilizar dos brigadas al Ártico para proteger sus bases militares y la infraestructura de la Ruta Marítima del Norte.


Por otra parte, la zona rusa del Ártico está bajo continua vigilancia extranjera: aviones de la OTAN, barcos y submarinos; además, representantes de diversos organismos de investigación y ONG están explorando la zona activamente.

Por ejemplo, el ex primer ministro noruego, Jens Stoltenberg, quien asumirá el cargo de secretario general de la OTAN el 1 de octubre de 2014, ha realizado un llamamiento para la cooperación militar multilateral en el Ártico entre Noruega, Suecia, Dinamarca e Islandia. Considera necesario que para el 2020 se organicen una fuerza naval de intervención rápida, una flota de rompehielos, unidades anfibias, fuerzas de defensa civil, unidades de ciberseguridad y un equipo de satélites.

El número de entrenamientos militares en el Ártico va en aumento, ya que los EE UU, Canadá y Dinamarca están incluso más activos que durante la Guerra Fría. Los países del Ártico están modernizando rápidamente sus ejércitos, prestando especial atención a la realización de tareas específicas en la región. 

El Consejo Ártico y la falta de mecanismos internacionales efectivos

La situación se complica aún más si consideramos la falta de mecanismos efectivos de seguridad internacional en la región; de este modo, la creciente actividad en esta región de países sin territorio ártico provocará sin duda que terminen apoyando a quien les ofrezca las mejores condiciones para participar en proyectos en el Ártico.

Rusia apenas tiene aliados en el Consejo Ártico. Vistos los recientes acontecimientos en Ucrania y las tensiones en sus relaciones con Occidente, es probable que todos los miembros permanentes del Consejo y principalmente los EE UU, Canadá, Noruega y Dinamarca, traten de imponer restricciones a las iniciativas económicas y militares de Rusia en la región.

Probablemente Moscú debería buscar aliados entre los estados del Consejo con categoría de observador, países que están interesados en obtener acceso libre al Ártico: hablamos de China, Corea del Sur, Japón, Brasil y la Asociación de Países del Sudeste Asiático (ASEAN).

Al mismo tiempo, debemos tener claro que estos países no están especialmente interesados en que se mantenga el estatus especial de Rusia, con su zona económica exclusiva, ya que esto restringe sus propios intereses, que incluyen el desarrollo de rutas alternativas a la Ruta Marítima del Norte. En la fase actual, una elección natural para Moscú es fortalecer la seguridad de la región ártica para conservar sus posiciones económicas y estratégicas, y desarrollar al mismo tiempo opciones de cooperación con socios extranjeros mutuamente beneficiosas, principalmente con países influyentes externos a la región ártica.

En esta situación puede surgir un “dilema de seguridad”. Las disputas territoriales y los intentos de revisar el estatus legal de la zona subártica podrían agudizarse. Rusia no sería capaz de gestionarlos con tranquilidad, ya que esta región es vital para sus intereses nacionales; así, los líderes del país tendrán que mostrar moderación y firmeza para resolver los conflictos a través de medios políticos. Sin duda, Moscú no será quien empiece la 'batalla por el Ártico', pero tampoco tolerará un menoscabo de sus derechos. 

Andréi Gubin es Doctor en Ciencias Políticas y director de programas de investigación en el Centro Asia-Pacífico del Instituto Ruso de Estudios Estratégicos.