¿Cuál es el coste a pagar por desarrollar el Ártico?

Dibujado por Konstantín Máler

Dibujado por Konstantín Máler

Rusia tiene un gran interés en la zona. La semana pasada Gazprom comenzó a suministrar petróleo desde la plataforma flotante Prirazlómnaia y ha crecido la importancia estratégica de esta región llena de recursos. Sin embargo, el clima y las condiciones climatológicas hacen que los costes sean muy altos, además, no se pueden ignorar los riesgos ecológicos.

La pregunta de si los beneficios compensan los costes del desarrollo del Ártico, ¿por qué no surge en Noruega, por poner un ejemplo, país que lleva ya varias décadas dedicado a la producción de petróleo y gas en plantas en alta mar y que ha invertido cantidades considerables en el desarrollo de sus territorios árticos, convirtiéndose en líder global de la innovación en la zona? ¿Por qué no surge esta pregunta en Canadá, que, comparado con Rusia, tiene una población muy escasa en los territorios árticos y, aun así, ha ido construyendo durante toda la década pasada su presencia intelectual en la región, principalmente mediante el establecimiento de nuevos centros de investigación polares en sus universidades?

¿Por qué es Rusia diferente? ¿Por qué se cuestiona la conveniencia de sus esfuerzos para volver al Ártico tras la crisis de los 90, esfuerzos que están en perfecta consonancia con la tendencia global a mostrar cada vez más interés en ese último “campo de fresas” del planeta?

En los 90, el Ártico ruso languidecía sin la atención del Estado. Había grandes recortes en el presupuesto para la flota de rompehielos, para el apoyo a la población indígena del Norte y del Ártico, para los programas de investigación polar, que llevaron a la total cancelación de los proyectos para estaciones sobre hielo a la deriva. Ahora Rusia solo está retomando parcialmente los planes que tenía durante el periodo soviético para su presencia estatal en el Ártico.

¿Qué sería de Rusia sin el Ártico en términos de territorio y PIB? Se convertiría en un país diez puestos más abajo en todos los ránkings internacionales. Para Rusia, no hay alternativa a desarrollar el Ártico, no solo por las nuevas oportunidades que ofrece su plataforma continental, sino también por el potencial en desarrollo urbano, recursos naturales y demográficos que ya empezó a acumularse durante el periodo soviético.

Además, a causa de la independencia de las repúblicas de Asia Central y del Cáucaso Sur, Rusia se ha convertido en un país más septentrional; por tanto, el desarrollo del Ártico es simplemente inevitable. Sin embargo, al mismo tiempo, surge la cuestión de cómo garantizar la nueva presencia del país en el Ártico de manera eficiente y económicamente viable.

El pasado 18 de abril Rusia se convirtió hoy en el primer país en suministrar petróleo del Ártico, con el envío al continente de una partida de crudo extraído en la plataforma flotante Prirazlómnaia en el mar de Bárents. Gazprom,  ha invertido alrededor de 2.500 millones de dólares en el yacimiento y tiene previsto extraer 300.000 toneladas de petróleo este año y alcanzar los 6 millones de toneladas a partir de 2020. La organización Greepeace se ha opuesto a esta explotación, y en septiembre pasado las autoridades rusas retuvieron el barco Artic Sunrise.

¿Realmente Rusia se está esforzando tanto en el Ártico? ¿Se han implementado proyectos para modernizar la flota de rompehielos soviéticos? El programa para la actualización de estos barcos se está llevando a cabo en una escala muy modesta y con una temporización bastante poco ambiciosa. Y eso a pesar de que el conocimiento y grado de exploración ruso de su plataforma continental está muy por debajo de los logros más relevantes de los EE UU y Europa, por lo que los esfuerzos para superar estas diferencias están siendo claramente insuficientes.

¿Ha implementado Rusia proyectos de infraestructura a gran escala en el Ártico en la pasada década? En su mayoría, se realizaron solo proyectos, esfuerzos o acciones individuales como, por ejemplo, la construcción de un nuevo campo petrolífero, Prirázlómnaia, o de la compañía Lukoil, donde el año pasado Greenpeace realizó una protesta.

Los recursos más importantes y más visibles de las últimas décadas se han destinado a recopilar datos para apoyar la reivindicación rusa a varios millones de kilómetros cuadrados de plataforma continental  cerca de la cresta de Mendeléiev.

Durante una reunión del Consejo de Seguridad  de Rusia del 22 de abril, el presidente Putin, destacó la importancia de "reforzar la infraestructura militar" en la región. Ordenó hoy crear una red unificada de bases navales en las costas del Ártico con el fin de defender los intereses rusos en esa zona.

Rusia se ha gastado cientos de millones de dólares en esta labor. Según explico a mis estudiantes de Economía, esto es un coste absolutamente sin precedentes para una reclamación territorial. No hay ni que decir que a los buscadores de oro del XIX les costó muchísimo menos hacerse con los yacimientos de California, Yukon y Alaska

Pero esa inversión se hizo imprescindible desde el momento en el que Rusia, que quería formar parte de la comunidad internacional, firmó en los años 90 la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, que requiere que todos los países fundamenten convenientemente sus reclamaciones territoriales a la plataforma continental a partir de las 200 millas. Estos requisitos no existían según la legislación previa de división en sectores, a la que Rusia se había adherido en los años 20; podríamos decir que esos costes son el precio que Rusia ha de pagar para entrar en el club de miembros de la Convención.

Me gustaría considerar otro aspecto de la cuestión que hemos planteado, ¿por qué el plan ruso para el retorno a gran escala al Ártico, completamente justificado, se está implementando con tanta lentitud?

Aquí se debe hacer una distinción clara. Hay un planteamiento muy concreto en relación al Ártico: el que han adoptado las compañías, tanto las privadas como las parcial o totalmente estatales, que se dedican a la producción de gas y petróleo o a la minería, como Lukoil, Rosneft, Gazpromneft y otras. Las empresas están concentradas en llevar a cabo un proyecto específico, sea en tierra o en alta mar. Por norma general, estos proyectos están basados en principios de economía de mercado y se encaminan a generar beneficios a medio plazo.

Pero también hay una planteamiento más amplio, el del Estado, que va más allá del simple balance entre costes y beneficios, que va más allá de un proyecto específico. El Estado está interesado en el desarrollo del territorio ruso del Ártico en su conjunto, con su infraestructura para las generaciones de rusos presentes y futuras, un desarrollo sostenible para los siglos venideros. Por supuesto, esto no es solo economía: incluye cuestiones de soberanía territorial y estatal y una presencia completa y a gran escala en el Ártico.

Es importante darse cuenta de que se trata de dos posturas diferentes que no deben ser comparadas ni confundidas, sino que deben coexistir. La base de una política estatal sobre el Ártico es asegurar que estén en armonía para que, como resultado de la asociación entre lo público y lo privado, se salvaguarden los intereses de todos, por un desarrollo sostenible del Ártico ruso en interés de sus habitantes y de todos los rusos. 

Alexander Pilyasov es director del Centro de Economía del Norte y el Ártico dependiente del Consejo para el Estudio de las Fuerzas Productivas; es profesor de economía y gestión.

Todos los derechos reservados por Rossiyskaia Gazeta.