¿De qué le sirve al mundo el poderío militar de Rusia?

Para EE UU y la OTAN será más difícil poder exhibir su fuerza allá donde quieran. Fuente: mil.ru

Para EE UU y la OTAN será más difícil poder exhibir su fuerza allá donde quieran. Fuente: mil.ru

Lo que ha demostrado la situación en Ucrania es que Estados Unidos y sus aliados de la OTAN ya no pueden limitarse a exhibir su poderío militar y ejercer de matones a escala mundial.

Antes de escribir esta columna, me gustaría aclarar que soy un pacifista convencido de que el interés de toda la humanidad reside en que los líderes mundiales cooperen y se concentren en sus áreas de convergencia. Cuando las cosas se ponen feas, es posible que líderes políticos de convicciones y valores diferentes trabajen mano a mano.

El mejor ejemplo de esto es el G20, un grupo que se formó en un momento en que la economía mundial era extremadamente frágil. De modo que si los big boys se ponen de acuerdo en cuestiones de economía, también tendrían que poder hacerlo en política.

Los últimos acontecimientos de Ucrania han colmado la prensa con ingeniosas y frenéticas declaraciones de los políticos occidentales sembradas de retórica. Ni siquiera deseo reproducir la respuesta de una antiguo secretario de Estado de los Estados Unidos. El hecho es que las tropas rusas han demostrado un alto grado de profesionalismo y la operación ha terminado sin derramamientos de sangre. No se ha disparado un solo tiro en el transcurso de los acontecimientos y en la península ha reinado la calma. 

Rusia no busca desestabilizar Ucrania, eso iría en contra de los propios intereses del Gobierno de Moscú, pero la intromisión norteamericana en la antigua república soviética forma parte de una interminable política destinada a debilitar a su antiguo rival de la Guerra Fría. Es evidente que, con Ucrania, el gobierno norteamericano está tanteando el terreno para ver hasta dónde puede provocar a Rusia.

Imaginemos una situación hipotética en la que Moscú alente, apoye, financie y arme un régimen títere antiestadounidense en México. ¿Acaso Estados Unidos se quedaría de brazos cruzados?, ¿Se ha mantenido Estados Unidos al margen de los países de América Latina?, ¿Se ciñe este país al derecho internacional en su propio ‘vecindario’ o en otras partes del mundo?, ¿Acaso no fue el conflicto de Irak, en pleno siglo XXI, un caso claro de invasión bajo el falso pretexto de un cambio de régimen?

Lo que la situación en Ucrania ha demostrado, sin lugar a dudas, es que Estados Unidos y sus aliados de la OTAN ya no pueden limitarse a exhibir su poderío militar y ejercer de matones a escala mundial. 

El mayor peligro para la paz mundial desde la caída de la Unión Soviética ha llegado desde Estados Unidos y sus aliados. Mientras la libertad de prensa, la democracia y la ética laboral de estos países merecen todo el respeto, su política exterior es tremendamente imperfecta. Sencillamente va en contra de los valores de la civilización el impulso de una guerra sanguinaria para derrocar a un líder (más aún si este ha sido elegido democráticamente) y colocar un régimen de marionetas entregado a sus intereses.

Si a la OTAN le preocuparan realmente la democracia y los derechos humanos, no sería tan prudente con regímenes como el de Arabia Saudí, donde las violaciones de derechos humanos están a la orden del día; tampoco parece haber ninguna preocupación por el estado de la democracia en un país como Pakistán —un aliado de Estados Unidos fuera de la OTAN—, donde el ejército es quien tiene la última palabra; Occidente respaldó el régimen del apartheid en Sudáfrica durante décadas, pero los responsables políticos parecen experimentar tal aversión por Rusia, que están incluso dispuestos a apoyar un gobierno integrado por ultranacionalistas neonazis en Kiev.

Casualmente uno de los aliados acérrimos de Occidente, Estonia, dijo el mes pasado que los francotiradores de Kiev no fueron patrocinados por Yanúkovich, sino que provenían más bien del bando nacionalista.

El poder diplomático de Rusia ha aumentado en los últimos años y el país ha puesto mucho de su parte para detener el derramamiento de sangre.  Moscú fue capaz de evitar el ataque a Siria por parte de Estados Unidos y evitó el estallido de guerras en lugares como Irán

Occidente sabe ahora cuáles son sus límites y no se atrevería a correr el riesgo de una confrontación militar con Moscú con base en la guerra de Crimea. Además, está tratando de minimizar el riesgo para la OTAN de sufrir una desgracia en un tercer país. 

Integridad territorial

Occidente se ha volcado con el ‘nuevo gobierno’ de Kiev y ha pedido a Rusia que respete la integridad territorial de Ucrania. 

Sin adoptar ninguna postura al respecto, surgen algunas preguntas: ¿Por qué tienen los kosovares derecho a obtener la independencia de Serbia?, ¿Por qué los habitantes de Abjasia no tienen ese mismo derecho?, ¿Por qué está bien dividir Sudán y crear el nuevo país de Sudán del Sur?, ¿Por qué fue justa la creación de la república de Timor Oriental? Si el derecho internacional es inamovible, ¿por qué solo se aplica a un conjunto de países y no a otros?, ¿dónde se establece la línea entre los derechos verdaderamente democráticos y la violación del derecho internacional? Estas preguntas son difíciles de responder.

El mundo necesita paz, desarrollo y un entorno natural protegido.  Los líderes mundiales tienen la responsabilidad de trabajar para conseguir todo lo mencionado.  Pero mientras Occidente intente expandir la hegemonía norteamericana por todo el mundo, las posibilidades de alcanzar la paz mundial se desvanecerán. El resurgimiento de Rusia como potencia militar recorrerá un largo camino para garantizar que el mundo sea un lugar mucho menos violento.

La opinión del autor no coincide necesariamente con la de la redacción.

Todos los derechos reservados por Rossiyskaia Gazeta.