El precio de la inmortalidad

La compañía KrioRus mantiene cuerpos en nitrógeno líquido con la intención de revivificarlos en el futuro. Fuente: Shutterstock

La compañía KrioRus mantiene cuerpos en nitrógeno líquido con la intención de revivificarlos en el futuro. Fuente: Shutterstock

La compañía KrioRus lleva más de ocho años manteniendo cuerpos de personas fallecidas en nitrógeno líquido para hacerlos revivir en el futuro. A este procedimiento se han sometido ya 34 personas y 14 animales domésticos y más de 100 personas han firmado contratos con la compañía, que tiene clientes también en Estados Unidos y en los países de la CEI.

Una encuesta del Centro Levada llevada a cabo el año pasado mostraba que el 41% de los rusos temía la muerte, el 52% de los encuestados temía perder a sus seres queridos y un 20% de ellos querría vivir eternamente.

Sobre estos miedos y deseos construyó su negocio la compañía KrioRus, que se dedica desde el año 2005 a la ultracongelación de cuerpos humanos y animales para su futura revivificación.

La compañía tiene diez fundadores, entre los que se encuentra el biofísico Ígor Artiujov, miembro activo del Movimiento Transhumanista Ruso y Danila Medvédev, que abandonó su carrera como analista en un banco de inversión para dedicarse a la criónica.

Los empresarios llevaban tiempo siguiendo de cerca la actividad de las empresas de criopreservación y decidieron que estas tecnologías se podían utilizar en Rusia. En aquel momento, en Occidente había cuatro compañías de este tipo (las más conocidas son Alcor y Cryonics Institute, en Estados Unidos). 

Esperanza en el futuro

Los científicos opinan que, si el cuerpo humano no ha comenzado a descomponerse, puede hibernar hasta que la ciencia halle el modo de devolver la vida a los muertos.

Los investigadores están seguros de que se puede revivir no sólo el cuerpo, sino también la personalidad y la memoria de una persona. Para ello habrá que poner en funcionamiento las partes del cerebro responsables de la memoria a largo plazo.

En el futuro será posible devolver la vida al cerebro remplazando algunos de sus fragmentos por chips electrónicos. Es posible que la ciencia logre obtener modelos del cerebro detallados al máximo. En opinión de Medvédev y Pride, según los avances realizados por conocidos neurofisiólogos, esto podría suceder en un plazo de 50-100 años.

Algunos representantes de la comunidad científica entrevistados por RBC Daily no comparten las esperanzas de los crionicistas. “La ciencia mundial ha tenido que reconocer que los organismos humanos congelados no pueden revivir. Por esta razón, en Rusia los médicos perciben a los crionicistas como brujos o hechiceros, como promotores de la pseudociencia”, opina Irina Siluyánova, directora del departamento de bioética de la Universidad Nacional de Investigación Médica Pirogov.

Desde el punto de vista legal, el hecho de que la compañía lleve a cabo una actividad distinta a las habituales tampoco significa que sus empleados sean estafadores, comenta Svetlana Yúdina, abogada de la compañía Jrénov & Partners.

“La actividad de criopreservación de cuerpos se puede considerar como una estafa si un empleado de la compañía asegura o da su promesa de que el cuerpo congelado revivirá en cualquier caso y señala incluso una fecha o un periodo en el que cabe esperar este milagro. Si los empleados se limitan a asegurar que es posible devolver la vida, pero con métodos que todavía no se han inventado, en ello no existe ningún engaño”.

Los clientes de KrioRus firman un acuerdo para la realización de un experimento científico de preservación y revivificación de una persona. La compañía exige al cliente que reconozca por escrito que no existe ninguna garantía de que el paciente vaya a revivir. 

El precio de la “inmortalidad”

En 2005, los fundadores invirtieron en este negocio unos 10.000 dólares. El dinero se destinó principalmente a equipar el depósito donde se preservan los cuerpos, situado en Zelenograd. 

Más tarde, los empresarios gastaron otros 20.000 dólares en la compra de varias cámaras para la preservación de los cuerpos en hielo seco. Desde que se creó la empresa, sus fundadores han gastado unos 60.000 dólares y han recibido más de 50.000 dólares de varios patrocinadores.

Congelar un cuerpo en KrioRus cuesta 36.000 dólares y solamente la cabeza o el cerebro (neuropreservación), cuesta 12.000 dólares.

El mantenimiento del depósito de criopreservación (incluyendo los costes del personal) cuesta a KrioRus desde 80.000 hasta 120.000 dólares al año. La compra de nitrógeno líquido (la empresa utiliza media tonelada al mes) cuesta 8.500 dólares al año. 

Crionautas

En la actualidad, KrioRus cuenta con 34 cuerpos congelados (casi la mitad de ellos escogió la neuropreservación). Más de 100 personas han contratado ya los servicios de KrioRus.

La empresa no sólo tiene clientes en Rusia, sino también en los países de la CEI, Europa y Estados Unidos. En su depósito se encuentran también los cuerpos de 14 mascotas (sus dueños han pagado por ellas una media de 12.000 dólares). En 2013 la compañía crionizó a 11 personas y ganó unos 230.000 dólares. Según Valeria Pride, el negocio ya está dando beneficios.

Por ahora KrioRus no está invirtiendo en publicidad y marketing. Los fundadores de la compañía esperan que las investigaciones que están realizando les permitan durante los próximos diez años devolver la vida a sus pacientes.

Estas investigaciones se están llevando a cabo en dos laboratorios (en Moscú y Vorónezh). La inversión en la actividad científica asciende a unos 30.000 dólares al año, aunque ambos laboratorios atraen financiación también de inversores privados.

En el futuro los empresarios planean ampliar su negocio y crear un depósito más en el que se preservarán cuerpos congelados a partir de una nueva tecnología sin cristales de hielo. Estorequerirá cercadeunmillóndedólaresdeinversión.

Medvédev y Pride están considerando la colaboración en el futuro con algunos bancos para la financiación de los servicios de criopreservacion (en estos momentos varios bancos ofrecen créditos para servicios funerarios).  

Artículo publicado originalmente en ruso en RBC Daily.