Leyendas de Baikonur, el primer cosmódromo del mundo

Fuente: Ria Novosti

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Todas las legendarias odiseas espaciales de la Unión Soviética partieron del mismo punto: el cosmódromo de Baikonur, perdido en la estepa de Kazajistán. Este lugar, desde el que despegó el primer satélite artificial de la Tierra, el primer aparato que voló hacia la Luna y la primera nave orbital pilotada, se convirtió en uno de los símbolos de la era espacial.

Como sucede a menudo con todo lo legendario, en sus decenios de historia Baikonur se ha enriquecido con tantas historias que no siempre es fácil discernir qué parte es leyenda y qué parte realidad. 

Un valle lleno de historia

"Valle rico", es lo que Baikonur significa en kazajo, el nombre que recibe el desierto al este del mar de Aral, el lugar desde donde comenzó la conquista del espacio. Entre los  planes para construir el primer -y más grande- cosmódromo del mundo estaban Daguestán (en el Cáucaso), el oblast de Mariiski e incluso el de Astracán

Pero en la estepa kazaja se encontró una combinación ideal de factores: lugar suficiente para ubicar a la distancia necesaria los receptores terrestres de las señales de radio, la cercanía al Ecuador y la gran cantidad de días de sol al año. 

En la actualidad Rusia paga a Kazajistán 115 millones de dólares al año por el alquiler del cosmódromo de Baikonur. El  acuerdo se suscribió en 1994 para un plazo de 50 años. Tras el accidente del Protón-M en 2013 la parte kazaja pidió revisar el acuerdo. El septiembre de 2013 se restablecieron los lanzamientos de este tipo de cohetes.  

Entre los nómadas que vivían en estos parajes hacía siglos que circulaba la leyenda del pastor negro. Según esta, un pastor negro confeccionó una enorme honda con piel de ternera. Cuando en el horizonte aparecían enemigos, lanzaba al cielo piedras incandescentes. Al caer estas a tierra abatían al enemigo y le hacían huir horrorizado a toda velocidad. Y en aquellos lugares donde caían no crecía nada, los animales morían y durante mucho tiempo quedaban parches quemados de tierra.

Por mucho que la leyenda fuera una invención, hoy aquí se puede ver algo parecido: desde la inmensa 'honda' del cosmódromo vuelan cohetes 'ardientes'. 

Camino secreto a las estrellas

El primer paso en el camino de la humanidad hacia el espacio se dio el 12 de enero de 1955. Ese día, en la estación de ferrocarril de Tiuratam, se separaron dos vagones del tren que acababa de llegar. Se trataba del primer grupo de trabajo que debía preparar todo lo necesario para recibir a la brigada de constructores de Baikonur.

Desde la estación de Tiuratam salen unos raíles que tras un kilómetro se interrumpen abruptamente en la estepa. Este ramal del ferrocarril no se terminó nunca. Dicen que cuando el futuro director de construcción del complejo de tecnología de misiles espaciales, Serguéi Koroliov, llegó al lugar vio los raíles que acaban en medio del campo y tomó la decisión de construir la pista de lanzamiento en el mismo lugar donde se terminaban. Así apareció la primera pista de lanzamiento de Baikonur: la plataforma Gagarin. Pero hasta el día de hoy siguen transportándose los cohetes por los raíles fundidos a principios del siglo XX.

 

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Por cierto, el cosmódromo fue bautizado en honor a esa misma estación de trenes. Pero como la construcción se realizó en un ambiente de tremendo secretismo, en los documentos oficiales aparecía con otro nombre. Es más, cerca del futuro cosmódromo se construyó uno falso para desviar la atención, y junto a él toda una ciudad falsa con sus colegios, edificios y todo tipo de servicios. 

Un lugar de récords espaciales

No solo el nombre de las instalaciones recién construidas era secreto, sino también la construcción en sí. Todos los materiales para levantar el cosmódromo llegaban a la estación de Tiuratam en vagones de pasajeros.

Incluso los trabajadores que los descargaban, únicamente de noche, no sabían nada del grandioso proyecto al que estaban dando vida con sus manos. Hasta el último momento estaban convencidos de que estaban construyendo... un estadio. Pero nadie preguntó para qué hacía falta un estadio en la despoblada estepa kazaja.

Circulaba otra leyenda sobre la construcción. Cuando comenzaron a cavar el foso de 35 metros de profundidad para la plataforma Gagarin, se descubrieron los restos de una antigua hoguera. Los arqueólogos establecieron que el hallazgo era del 10.000-35.000 antes de Cristo.  

Koroliov consideró que el hallazgo era una buena señal. Todavía hoy se cuenta que dijo: "Estamos construyendo en los límites de la vida. Si antes de nosotros hubo vida aquí, para nosotros este será un lugar propicio". Dicen que el constructor cogió carbón de la antigua hoguera como recuerdo y que lo metió en una caja de cerillas. 

'Palmeras' en la estepa

 

Fuente: Ria Novosti

El lanzamiento con éxito de un hombre al espacio tomó a los gobiernos de Occidente por sorpresa y generó un extraordinario interés por el nuevo cosmódromo.

En junio de 1966, cuando el general Charles de Gaulle visitó la URSS, se firmó un acuerdo de colaboración entre la Unión Soviética y Francia para la colonización y estudio del espacio exterior con fines civiles. En conmemoración se decidió organizar una excursión al lugar desde donde despegaban las naves espaciales soviéticas.

La operación para preparar la llegada de los insignes invitados pasó a la historia bajo el nombre en código de 'Palmera'.

 

El 25 de junio de 1966 la aldea de Leninsk, a 45 kilómetros de Baikonur se convirtió en Zvezdograd (Ciudad de las Estrellas), más reluciente que las botas de un general: antes de la llegada de los altos cargos se hizo una reparación general en cada rincón, desde el asfaltado hasta la pintura fresca de las vallas.

En honor a los invitados se organizó un lanzamiento de muestra de un cohete con uno de los satélites de la serie 'Kosmos'. De Gaulle quedó impresionado. Dicen que su hijo, observando con unos prismáticos el despegue del cohete 'Vostok' no dejaba de repetir: "¡Colosal! ¡Colosal!"

En total, en toda la historia del cosmódromo, según los datos oficiales, 'crecieron' cuatro 'Palmeras'. La última vez que alguien dio lustre a Baikonur fue en 1970 ante la llegada del presidente de Francia Georges Pompidour. Pero podría haber muchas más 'palmeras'... a saber que otros episodios podría ocultar la historia de uno de los lugares más secretos de la URSS.