Se patenta en Rusia un tipo de implante vascular menos invasivo

Fuente: Shutterstock

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Este dispositivo permite recuperar la abertura de una arteria coronaria taponada del mismo modo que lo haría un 'stent' metálico, al mismo tiempo que libera un fármaco en la zona afectada. Tras esto, se absorbe de manera natural.

Hace unos años, solo unas pocas clínicas realizaban operaciones vasculares y de corazón con técnicas poco invasivas a fin de prevenir infartos y accidentes cerebrovasculares; operaciones que evitaban a muchos pacientes problemas más graves.

Hoy, la colocación de stents (endoprótesis vasculares) se ha convertido en una operación rutinaria que permite salvar miles de vidas. Asimismo, los profesionales de la cirugía endovascular disponen ahora de unos implantes más modernos, aparte de las tradicionales endoprótesis metálicas, destinadas a dilatar y mantener ‘abiertas’ las arterias contraídas y afectadas por la enfermedad.

Este año, varias decenas de pacientes han sido operados con ayuda de este innovador armazón en más de 20 clínicas. El número de colocaciones de stent en general aumenta cada año: en 2008, se realizaron en Rusia 32.500 operaciones de este tipo; y en 2012, la cifra ascendió a 75.400.

En Rusia se ha patentado y ya se está utilizando el primer implante vascular biorreabsorbible del mundo. Este dispositivo permite recuperar la abertura de una arteria coronaria taponada del mismo modo que lo haría un stent metálico, al mismo tiempo que libera un fármaco en la zona afectada. Una vez que ha cumplido su misión, el armazón se reabsorbe de manera gradual. Solo un par de marcadores metálicos minúsculos permanecen dentro de la arteria, los cuales ayudan a implantar correctamente el armazón durante la operación y, posteriormente, ‘indican’ al médico el lugar donde se practicó la intervención quirúrgica, lo que permite controlar la evolución de la arteria dañada.

Estos armazones ya se utilizan con éxito en 40 países, mientras que en las clínicas rusas se han empezado a utilizar en operaciones este año.

Los cirujanos afirman que la aparición de este innovador dispositivo supone un cambio sustancial en el tratamiento de pacientes con cardiopatías isquémicas: el resultado de las investigaciones clínicas y la experiencia acumulada en el empleo de esta prótesis han demostrado que las arterias sometidas a este tipo de operación conservan sus funciones y su elasticidad natural, ya que no se enfrentan a la rigidez de un implante metálico.

“El armazón biorreabsorbible se fabrica con poliácido láctico, un material altamente estudiado que se absorbe de forma natural y cuyo uso está muy extendido en la cirugía; por ejemplo, para suturas internas provisionales”, explica el doctor en medicina y director del departamento de radioscopia quirúrgica del Hospital Clínico de Oremburgo, Víctor Demin.

Por otra parte, la nueva metodología cuenta con otra ventaja: el armazón suministra un fármaco en el área afectada que se libera de manera gradual a medida que el dispositivo se disuelve. El fármaco no disuelve la placa, pero impide el crecimiento de las células, lo que provocaría un nuevo cierre de la arteria: es lo que se conoce como reestenosis. De este modo se reduce el riesgo de sufrir reestenosis y la necesidad de repetir la colocación de un stent, o bien de tener que efectuar operaciones más complejas, como un bypass aortocoronario hasta un nivel inferior al 5 %; además el efecto persiste durante muchos años. Estos resultados también se obtienen mediante la utilización de stents insolubles farmacoactivos. En general, la reacción del organismo al stent es un proceso complejo que no solo incluye la posibilidad de sufrir reestenosis como tal, sino también otra anomalía conocida como neoarterosclerosis. Estos procesos están siendo sometidos a un estudio intensivo.

Las ventajas de este nuevo enfoque en el tratamiento son muchas: la arteria operada, una vez que el armazón se ha disuelto, se puede contraer y dilatar para intensificar el flujo sanguíneo al corazón en respuesta al ejercicio físico. Por otra parte, estos pacientes toleran mejor los saltos de presión asociados a los cambios climáticos; también se reduce su necesidad de recibir una terapia prolongada a base de preparados anticoagulantes; y, finalmente, la presencia de un implante permanente ya no será un obstáculo en posibles intervenciones futuras. 

Artículo publicado originalmente en ruso en Rossíyskaya Gazeta.