El Ejército ruso incrementa su potencial de investigación científica

Presta juramento la primera unidad dedicada al desarrollo intelectual, por ahora se dedican al ámbito de la aviación. Fuente: Ígor Filónov

Presta juramento la primera unidad dedicada al desarrollo intelectual, por ahora se dedican al ámbito de la aviación. Fuente: Ígor Filónov

Los soldados de la primera compañía científica de la Academia de las Fuerzas Aéreas de Vorónezh (520 kilómetros al sur de Moscú) ya han prestado juramento. A diferencia del resto de las fuerzas armadas, la vida de los soldados de esta unidad se regirá no sólo por el reglamento militar, sino también por el decreto especial Nº 404 del Ministerio de Defensa de la Federación Rusa. La compañía científica carece de metralletas (para el juramento se las prestaron las subdivisiones vecinas). Su armamento es el intelecto.

“Los soldados realizarán trabajos de investigación cuatro días a la semana, de lunes a jueves. El viernes estará dedicado a la disciplina militar general: preparación física, táctica y de combate”, comenta el comandante de la compañía, Víctor Merzlov. Antes de pasar a dirigir las fuerzas especiales de inteligencia, el mayor Merzlov sirvió en la Academia de las Fuerzas Aéreas y anteriormente en el aeródromo de Armavir (1.370 kilómetros al sur de Moscú). Víctor defenderá en septiembre su tesis doctoral sobre la transición de los motores diésel al metano.

Cada uno de los soldados de la compañía científica tiene asignado un trabajo para todo su periodo de servicio. Un director diseña para el soldado un plan de investigación sobre un determinado tema de interés para el ejército. Como esta primera compañía científica se ha creado en las Fuerzas Aéreas, los temas están relacionados con la aviación.

Maxim Teplitski, de Jabárovsk, está diseñando un patrón matemático para un avión. Por ahora se trata del Yak-130, pero cambiando los valores en el programa se podrá obtener el patrón del Su-35  o de cualquier otro modelo.

Una vez se haya diseñado el programa se podrán simular distintas adversidades virtuales: un fuerte viento lateral, ráfagas frontales, zonas de turbulencias, etc. Analizando el comportamiento del avión en una situación crítica, el soldado podrá dar determinadas recomendaciones a los constructores y a la tripulación sobre qué debe mejorarse y cómo actuar en caso de emergencia.

“Tras seis años en la residencia de estudiantes no estoy acostumbrado a levantarme a una hora concreta ni a vestirme de una manera determinada para salir a la calle”,-  Maxim se acaba de licenciar en la Universidad de Aviación Civil de Moscú. – También me hace falta entrenamiento: cuando se cansa la cabeza me apetece cansar también el cuerpo”, señala.

En aviación civil Teplitski practicaba la natación y las artes marciales. Los soldados de la compañía científica pueden ir al gimnasio tres veces por semana y a la piscina los jueves. En la residencia (a estas instalaciones no se les puede llamar cuarteles) hay material deportivo, pero parece agradar más a los inspectores que a los soldados. Los miembros de la compañía científica viven en habitaciones de cuatro plazas. Cada una de estas habitaciones dispone de un gran televisor en el que a las 21 horas todos los soldados del ejército ruso, independientemente de su nivel de inteligencia, ven el programa informativo Tiempo. Los soldados tienen a su disposición agua caliente, duchas y aspiradora.

“En casa no tengo una de esas, - dice el soldado señalando el potente aparato apoyado en la esquina. - Y mi mujer se enfada: estás todo el día con tu compañía científica, te has olvidado de mí.

Antón Sharafutdínov, de Ufá, y Viacheslav Zvonnikov, de Rybinsk, se dedican a mejorar el compresor de un motor. Su tarea es reducir al máximo las turbulencias que tienen lugar dentro de esta unidad, ya que le restan eficacia. Antón se dedica a la parte teórica: diseña las distintas variantes en el ordenador. Viacheslav se encarga de la parte práctica: experimenta con estas variantes sumergiendo en agua teñida el rotor del compresor. Las marcas de tinta permiten estudiar la magnitud de las turbulencias.

 

Fuente: Ígor Filónov

“Poder hacer experimentos es el sueño de cualquier estudiante. Por esta razón ingresé en la compañía científica: es un trabajo interesante, durante un año mi trabajo servirá de algo”, opina Zvonnikov.

Junto a la habitación en la que trabajan hay un cañón de piedras construido con las aspas de una turbina. La colisión de estos objetos con las entradas de aire durante el despegue y el aterrizaje son una pesadilla para la aviación, en las Fuerzas Aéreas la mitad de los aviones se ven afectados por estas colisiones. El cañón es obra de un colectivo internacional: la torreta la construyó un estudiante nicaragüense, el tubo para el cañón lo trajeron de una fábrica de armas ucraniana y el montaje de las aspas fue obra de un profesor del departamento de motores. El cañón dispara un saco que contiene una piedra del tamaño adecuado. Los proyectiles los traen los compañeros en sus viajes a los aeródromos.

“Se puede disparar también a los gorriones. A los muertos, claro”, aclara el diseñador del cañón, el mayor Evgueni Neskoromni.

El lugar de trabajo de Antón Panzhev, de Astracán, se encuentra en un gran hangar en el que se acumulan aviones, helicópteros, motores y misiles medio desmontados. Aquí los estudiantes de la academia se convierten en ingenieros de aviación. Antón ya es un ingeniero de pruebas graduado, se dedica al diseño del programa para un simulador de vuelo. En la sala vecina se encuentra una cabina del caza MiG-29,  y ante ella una pantalla panorámica. En el simulador trabajan con el comportamiento del avión en distintos modos de vuelo.

Aunque también guarda armas en la recámara: "Los soldados saben que si hacen mal su trabajo o infringen la disciplina serán enviados a una brigada de tanques corriente. Allí comprenderán lo que han hecho y me escribirán: quiero volver".

“Aquí compagino la diversión con el trabajo útil”, señala Antón hablando de su servicio. “Además, sirvo en el ejército y aumento mi cualificación. Me gustaría continuar mi carrera militar después de licenciarme, aquí hay buenas garantías sociales”.

Panzhev no se ha encontrado con ningún contratiempo durante el mes que lleva de servicio, apenas una cosa sin importancia: recibió una advertencia por no llevar los cordones de las botas correctamente abrochados. El comandante de la compañía intenta mantener la democracia entre los soldados. "Son personas adultas, con educación superior, hablamos la misma lengua. Se consigue más con buenas palabras que con gritos y adoctrinamiento", considera el mayor Merzlov.

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