Misiles supersónicos rusos actúan como una manada de lobos

Un misil Yakhont. Fuente: PhotoXpress.

Un misil Yakhont. Fuente: PhotoXpress.

Los submarinos nucleares de clase Yasen, pertenecientes al Proyecto 855, están equipados con misiles supersónicos de crucero Onix. En cuanto a capacidad de ataque no tienen análogo en el mundo. Moscú prevé contar con al menos diez de estas embarcaciones hasta 2020. La víspera del Día de la Marina, celebrado el último domingo de julio, se efectuó en Severodvinsk la botadura del cuarto casco.

El submarino nuclear del proyecto 885 es la quintaesencia de todos los trabajos diseñados por el complejo industrial militar ruso durante los más de 50 años dedicados a la construcción naval.

Este buque consta de un casco de acero no magnético ultrarresistente que le permite sumergirse a una profundidad de más de 600 metros (un submarino ordinario no baja de los 300 metros), lo que hace que sea casi inalcanzable para cualquier tipo de armamento antisubmarino actual.

La velocidad máxima que puede alcanzar este sumergible de propulsión nuclear equivale a más de 30 nudos (cerca de 60 km/h). Está equipado con una cámara de rescate flotante con capacidad para alojar a toda la tripulación.

Según afirman los ingenieros rusos, el modelo 'Yasen' no solo es más sigiloso que el discreto submarino ruso de clase 'Akula' (Proyecto 971), sino que también supera al moderno submarino nuclear norteamericano Sea Wolf.

Además, a diferencia de estos, el nuevo lanzamisiles será más eficaz gracias al armamento de que dispone, varios tipos de misiles de crucero y torpedos, y será capaz de ejecutar una gama más amplia de misiones marítimas.

Temibles

Los submarinos 'Akula' constituyen la base de la flota rusa de sumergibles polivalentes de ataque y están diseñados para operaciones de incursión en las comunicaciones marítimas.

Al ser prácticamente inaudibles en las profundidades del océano, su eficacia frente a buques de transporte y de guerra es equiparable; además están capacitados para efectuar ataques con misiles de crucero contra las infraestructuras costeras del enemigo.

Recientemente, se advirtió la presencia de un submarino 'Akula' a 200 millas de las costas de EE UU y Canadá, lo que despertó la alarma entre los militares de ambos países.

Tras descubrir a los ‘visitantes’, ni unos y ni otros fueron capaces de rastrear su ruta de desplazamiento, lo que de hecho les planteó serias preocupaciones. A bordo del 'Akula' viajan 28 unidades del misil de crucero 'Kh-55 Granat', análogo del norteamericano Tomahawk, capaces de recorrer 3.000 kilómetros y depositar ojivas nucleares de 200 kilotones en el punto exacto.

Invulnerables

El principal complejo de ataque del 'Yasen' es el último misil de crucero supersónico ruso 'P-800 Onix'. Existen otras dos versiones idénticas en apariencia, el Yajont ruso y el BrahMos indio, basadas en este misil para los mercados de exportación, pero el rendimiento de combate de estas es más reducido.

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Estos aparatos se pueden lanzar desde debajo del agua. Su velocidad de vuelo es de 750 metros por segundo y transportan en su interior una devastadora ojiva explosiva de media tonelada. Pueden recorrer una distancia superior a los 600 kilómetros.

El Onix alcanza su objetivo con ayuda de un sistema de navegación que se guía por unas coordenadas introducidas en el misil antes del lanzamiento.

En un punto de la trayectoria predeterminado (25-80 kilómetros), se conecta la cabeza de tipo ‘dispara y olvida’ de los misiles, que determina la ubicación exacta del objetivo.

Más adelante, esta cabeza se activará cuando se haya producido un descenso hasta una altura de 5 a 15 metros y queden segundos contados para el impacto con el enemigo. Este sistema está pensado para que, una vez detectado el lanzamiento del misil, el enemigo no pueda inhibir su señal mediante interferencias electrónicas.

‘Una manada de lobos’

Su velocidad moderada y su protección frente a las contramedidas electrónicas hacen del Onix un arma supermoderna.

El misil, lanzado desde el submarino, encuentra por sí solo el objetivo. Una vez que ha definido su posición, ‘espera’ a que el ‘último compañero salga de la guarida’.

A continuación, los misiles se alinean como si se tratase de una manada de lobos y comienzan a ‘perseguir a su presa’. Los ingenieros no han querido dar detalles sobre este momento, pero serán los mismos misiles quienes decidan cuál de ellos, cómo y sobre qué objetivo se centrará su ataque.

La ‘manada’ de misiles distribuirá por sí sola estos objetivos, los clasificará según el grado de importancia, seleccionará la táctica de ataque y su plan de ejecución.

Para evitar errores, se ha colocado un dispositivo de cálculo electrónico en los misiles con información sobre todos los tipos de embarcaciones actuales. Entre otros datos, se incluye información puramente táctica sobre, por ejemplo, el tipo de nave.

Esto permite a los misiles reconocer el objeto que tienen delante —un convoy, un portaaviones o un grupo anfibio—, y después atacar los objetivos principales del grupo. El dispositivo electrónico del Onix también incluye información de defensa contra los medios de combate electrónico del adversario, capaces de desviar los misiles de su objetivo, y sobre tácticas de evasión de los medios de defensa antiaérea.

Como ocurre en una manada de lobos real, los misiles deciden de forma autónoma cuál de ellos está al mando, quién ataca y a quién se reserva el papel de señuelo, para atraer la atención de la aviación y de los sistemas de defensa antiaérea del enemigo.

Tras eliminar al objetivo principal, los misiles restantes redistribuyen de inmediato las distintas misiones de ataque y comienzan a destruir las demás embarcaciones. Ningún buque del mundo es capaz de esquivar el ataque de un Onix. Aunque los radares de las naves sí están capacitados para detectar el lanzamiento de uno de estos misiles, ninguna resistencia a su impacto resulta efectiva. Su velocidad y las maniobras continuas efectuadas en la superficie hacen que sea prácticamente imposible interceptarlos con ayuda de los sistemas de defensa antiaérea o la aviación.

Universales

Otra ventaja de los misiles Onix consiste en que pueden ser instalados en distintos portadores. En Rusia no solo se instalan en submarinos, sino también en buques de superficie y plataformas terrestres móviles, como los sistemas de defensa costera Bastión. Es precisamente la presencia de estos sistemas en Siria lo que preocupa hoy a Washington.

También está previsto incluir misiles Onix en los cazas de la familia Su-30MK y los últimos cazabombarderos Su-34. Pero lo más importante es que ya está en camino la generación que sigue a los misiles Onix. Se trata del primer misil hipersónico de combate Tsirkon. Está previsto que se empiecen a probar a partir del año que viene.