Un nuevo cosmódromo verá la luz en el Lejano Oriente

La construcción de la nueva base espacial implica un gasto de 10.000 millones de dólares. Fuente: ITAR-TASS

La construcción de la nueva base espacial implica un gasto de 10.000 millones de dólares. Fuente: ITAR-TASS

La nueva base espacial implica un gasto de 10.000 millones de dólares. El proyecto de la mega construcción data de 2007 y se espera que comiencen los lanzamientos para el año 2015.

Desde hace 50 años, Rusia paga un alquiler a Kazajstán  por la base espacial de Baikonur. Sin embargo, a raíz del accidente que sufrió el 2 de julio el cohete Protón han aflorado algunos problemas.

En este contexto se ha vuelto a abordar el proyecto Vostochni, que prevé la construcción de un cosmódromo en el Lejano Oriente, muy cerca de la frontera con China.

El súper complejo, que costará más de 10.000 millones de dólares, no se erige sobre la nada. Se levantará en la región de Priamurye donde estuvieron emplazados la división de los temibles misiles 'Satán' y 'Tópol'. En 1996 se disolvió, se volaron los silos de los misiles y toda la infraestructura, y una serie de especialistas militares se adaptaron a trabajos vinculados a fines pacíficos.

El cohete 'Start', reconvertido de militar a espacial, se instaló sobre las plataformas móviles y se lanzaron varios satélites. Fue el principio y el final de la mini base espacial Svobodni.

Entonces, en 2007 se designó por decreto presidencial la construcción de la base espacial Vostochni.

Los dirigentes llegaron a la conclusión de que Rusia carecía de una salida independiente al espacio. El polígono septentrional Plesetsk y los lanzamientos de cohetes de conversión desde los Urales y Povolzhye (Kapustin Yar) ya no son suficientes porque no alcanzan a poner en órbita la carga; y los lanzamientos pilotados y los despegues de los pesados cohetes Protón tan solo se efectúan desde territorio kazajo.

 Además de los 115 millones de dólares de alquiler al año, los propietarios de la tierra que se emplea para los despegues imponen cuantiosas multas ante cualquier tipo de accidente o contaminación. Rusia costea, a su vez, el sector social de la ciudad de Baikonur. Así que también son de peso los argumentos financieros.

Reconstruir las actuales instalaciones resulta dos veces más barato que construir desde cero una nueva base espacial. Incluso las trayectorias de lanzamiento desde Vostochni y los campos de caída de los bloques de los cohetes están calculados para efectuarse en zonas deshabitadas del norte y en aguas del Ártico y, por consiguiente, implican menor riesgo.

El proyecto también persigue fines sociodemográficos: durante el proceso de realización se desplazarán al este numerosos especialistas, muy cualificados. Actualmente hay 3.000 constructores, que llegarán a ser 15.000. Y la base dará empleo a 25.000 personas. Asimismo, se está construyendo una ciudad para casi 100.000 habitantes, que en una primera etapa contará con 35.000.

Dentro de dos años el nuevo cohete Soyuz-2 despegará desde allí, y tres años más tarde se mandará tripulación a la Estación Espacial Internacional. Paralelamente se prepara una plataforma de lanzamientos para el cohete modular Angará (está previsto iniciar los lanzamientos interplanetarios a partir de 2015). Entretanto se rumorea sobre la rivalidad entre los constructores rusos que luchan para ganar el concurso público para un cohete que pondrá en órbita 75 toneladas.

Esta primavera, mientras inspeccionaba la mega construcción, el presidente Putin apuntó que, por toda una serie de criterios, el nuevo emplazamiento será bastante más efectivo que los ya existentes. Pero no vamos a olvidar que hace dos años Putin, siendo primer ministro, reprochó a Roscosmos (Agencia Espacial Rusa) haber atrasado los plazos de construcción. En efecto, sus competidores le están pisando los talones, también para el lanzamiento de nuevos cohetes se requiere puntualidad. De lo contrario, el Vostochni se convertirá en una catapulta inútil.

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