Energía nuclear sin peligros: ¿utopía o realidad?

La agencia pública Rosatom apuesta por aumentar la seguridad y la producción de las centrales. Fuente: ITAR-TASS

La agencia pública Rosatom apuesta por aumentar la seguridad y la producción de las centrales. Fuente: ITAR-TASS

La central nuclear de Rostov es un ejemplo de cómo se puede resolver este problema. Desde Rosatom afirman que es la central más segura del mundo.

La central nuclear abandonada de la ciudad de Schelkino, en Crimea, es un claro monumento de una época pasada de la energía atómica.

La construcción quedó parada en 1986, después del accidente de la planta de Chernóbil. La atmósfera desértica de esta central a medio construir se ha convertido para muchos en una fuente de inspiración: aquí se celebraba con regularidad el Kazantip, el festival de música electrónica más importante de la URSS y aquí el director de cine Fiódor Bondarchuk rodó la película, La isla habitada. De vez en cuando algún turista visita Schélkino, pero por lo general es una central fantasma.

Pero a unos cientos de kilómetros de distancia, en la otra orilla del Mar Negro, cerca de Volgodonsk, se alza la central nuclear de Rostov, donde actualmente trabajan más de 5.000 personas y que abastece de energía eléctrica a toda la región. Su construcción también se realizó durante la época de la catástrofe de Chernóbil, pero las autoridades llegaron a otra conclusión: en lugar de detener el proyecto dotaron a la central de los mejores sistemas de seguridad. 

Este año se planea poner en marcha el tercer reactor y Rosatom (la Agencia Federal de Energía Atómica) ya ha declarado que la central nuclear de Rostov es la más segura del mundo. 

Sector en alza

Después del desastre de Fukushima, a la que siguió un crecimiento espectacular de la extracción de gas de esquisto y petróleo, algunos analistas declararon que los días de la energía nuclear estaban contados y que las centrales atómicas de todo el mundo se convertirían en ruinas y quedarían como un monumento de un pasado terrible para la humanidad.

 

Fuente: ITAR-TASS

Sin embargo, todo parece demostrar que la energía atómica está de nuevo en alza: de los 20 países que lideran la producción de gas, 15 han lanzado programas de desarrollo del sector atómico, según lo han manifestado los expertos en el panel sobre abastecimiento eléctrico estable del Fórum Económico Internacional de San Petersburgo. 

Rosatom calcula que para 2020 se pondrán en funcionamiento en todo el mundo 460 gigavatios de potencia nuclear (para comparar: una gran ciudad occidental utiliza menos de un gigavatio). 

Mejoras tecnológicas en seguridad

El reactor más moderno de la central nuclear de Rostov podrá soportar terremotos de magnitud 9 en la escala Richter o el choque de un Boeing de 400 toneladas, dice Alexánder Polushkin, director de proyectos de ingeniería del consorcio Rosenergatom, una filial de Rosatom. 

Además, las nuevas tecnologías permiten a la central un funcionamiento normal en caso de una caída en la alimentación eléctrica, y el nuevo modelo es más barato en su producción que los anteriores, añade Polushkin.

La energía atómica pronto tendrá un papel central en el sistema energético mundial por su seguridad, su precio y el reducido porcentaje de emisiones de hidrocarburos a la atmósfera.  

En cuanto al volumen de la producción energética, una central nuclear equivale a cinco centrales térmicas convencionales, con un volumen de residuos igual. Serguéi Kirienko, director general de Rosatom, subraya la importancia de la estabilidad de los precios. La energía atómica, según él, da la posibilidad de garantizar esa estabilidad durante los 60 años de explotación del reactor. 

Por su parte, Alexánder Moskalenko, presidente del grupo de empresas Centro Ciudadano de Peritajes considera que en comparación con otros medios de producción de energía eléctrica, los perjuicios de la energía atómica son extremadamente insignificantes. 

"La construcción de la central nuclear no obliga a inutilizar grandes superficies aptas para la agricultura, como en el caso de la construcción de centrales hidroeléctricas", aclaró. "Pero las emisiones cancerígenas de carbono de las centrales eléctricas de todas las fuentes de energía disponibles las convierten en el enemigo número uno de la gente que vive en sus alrededores. La energía atómica es una alternativa relativamente inofensiva".

"La demanda de energía crece a la misma velocidad y la humanidad no puede rechazar esta fuente", concluyó. "No tendremos una alternativa a la energía nuclear en los próximos 100 años y en algunos países las centrales nucleares cubrirán hasta el 80% del consumo energético".

El accidente de la central nuclear de Fukushima provocó en los constructores de reactores atómicos de la región un fuerte impulso en pos de la seguridad, añade Moskalenko, y todo el sector está centrado hoy en día en la minimización de riesgos.

"Ningún reactor puede ser seguro al 100%, como ningún automóvil puede ser seguro al 100%", razona "tan solo podemos aumentar el nivel de seguridad para satisfacer la creciente demanda energética. Para esto son necesarias las correspondientes mejoras. Pero nuestra tarea es acercarse al 100% de seguridad tanto como podamos", concluye.