Las razones de Rusia para desconfiar del Tratado Internacional sobre Comercio de Armas

Los autores declararon que la tarea fundamental del Tratado era prevenir el tráfico ilegal de armas. Fuente: AP

Los autores declararon que la tarea fundamental del Tratado era prevenir el tráfico ilegal de armas. Fuente: AP

Rusia tenía todas las posibilidades de convertirse en la fuerza impulsora del Tratado Internacional sobre el Comercio de Armas recientemente ratificado, pero ha renunciado a ese papel y se ha quedado a la expectativa.

El 3 de junio elTratado Internacional sobre el Comercio de Armas franqueó el umbral necesario para entrar en vigor: su ratificación a la primera por parte de más de 60 estados (eran necesarios 50). El mundo ha recibido la noticia entusiasmado. 

En este ambiente el tono disonante lo pusieron los comentarios de las autoridades rusas: “El tratado, que tiene buenos objetivos en su declaración, en el fondo ha quedado vacío. Tiene muchas consignas, pero pocos hechos concretos. Los fines están formulados solo en un plano general. Pero el tratado no da ideas sobre cómo concretarlos en la práctica”, opina el director del departamento del Ministerio del Interior de Rusia Mijaíl Uliánov.

 Pero podía haber sido de otro modo. Rusia tuvo la oportunidad de convertirse en la locomotora del Tratado…

La idea en su formato actual nació en el año 2005 en la cabeza del entonces exministro de Asuntos Exteriores del Reino Unido Jack Straw. 

Precisamente Straw formuló los principios básicos del nuevo tratado, vinculante jurídicamente, que reglamentaban el comercio de armas y que preveían tanto un sistema de control como sanciones para los infractores. Durante el año siguiente varias delegaciones británicas visitaron Rusia. Estas pusieron sobre la mesa argumentos atrayentes en pro del liderazgo ruso durante el proceso de desarrollo global del tratado. 

Pero, por lo visto, la audiencia rusa era bastante inmune a las iniciativas británicas.

¿Qué había detrás de las ideas de Jack Straw? Presumo que el motivo estaba claro. Al igual que el Consejo de Seguridad de la ONU, la Unión Europea periódicamente impone embargos de armas a diferentes estados poco amistosos. 

Al sufrir este embargo los países pierden la posibilidad de adquirir armamento a los fabricantes europeos. El problema está en que la relación de embargos impuestos por la UE ha sido desde siempre considerablemente más grande que la lista de países que han estado bajo sanción de la ONU. Lo que ha dado como resultado que, al establecer sus propios embargos, la Unión Europea ha dejado libre per se el comercio de armas para otros fabricantes de armas menos puntillosos y, en primer lugar, para Rusia. 

Por ejemplo, a día de hoy entre los estados que están bajo sanción de la UE pero no bajo embargo de la ONU están China, Bielorrusia, Birmania y Sudán, tradicionales socios de Rusia en cooperación técnico-militar. Hasta hace poco también estaba Siria en este listado. Probablemente Jack Straw decidió que había llegado el momento de cambiar este orden de cosas. 

El Ministerio del Interior de Rusia valoró la creatividad británica y desde entonces Moscú figuraba en el grupo de los opositores al Tratado sobre el Comercio de Armas. Mientras que como coautores oficiales de esta iniciativa en la ONU aparecieron Argentina, Australia, Costa Rica, Finlandia, Japón y Kenia. 

Aunque los autores declararon que la tarea fundamental del Tratado era prevenir el tráfico ilegal de armas, durante el proceso de perfeccionamiento el documento se fue centrando cada vez más en la regulación del comercio legal de armas, haciendo hincapié, además, en el respeto a los derechos humanos.

En Rusia esto se percibía como un movimiento en la dirección equivocada y Moscú hizo varios intentos para que las deliberaciones volvieran a un cauce 'constructivo'. 

Las hipótesis rusas eran completamente pragmáticas: prohibir la venta de armas a agentes no estatales, prohibir la fabricación de armas sin licencia, reforzar el control de las reexportaciones. 

Desgraciadamente, a muchos les parecía que Rusia tenía intención de hacer explotar el proceso de deliberaciones desde dentro. Las propuestas no entraron en ningún proyecto del tratado y quedaron ignoradas. 

Desde entonces los rusos perdieron interés en lo que sucedía y se tomaron el debate sobre el nuevo tratado como una diversión vistosa pero sin sentido. 

Debatido con la llamada primavera árabe de fondo, el Tratado Internacional sobre Comercio de Armas es el resultado de muchos compromisos, y esto ha acabado reflejándose en su contenido. 

En contra de las expectativas de la comunidad internacional y de los planes de Jack Straw, el Tratado no está dotado de instrumentos de control y, ni mucho menos, de un mecanismo de sanción para los infractores. 

A este respecto, la posición más severa del Tratado llama a los estados participantes a “concederse unos a otros ayuda de mutuo acuerdo y en conformidad con sus leyes nacionales”. Se nombra el arbitraje realizado de 'mutuo acuerdo' como instrumento más serio de resolución de conflictos. Todas las funciones de valoración de riesgos y de determinar la conveniencia de una venta de armas quedan en manos de las autoridades nacionales. 

Si examinamos una de las situaciones más controvertidas de la actualidad, el suministro de armas rusas a Siria, constatamos que en el Tratado se prevén argumentos tanto en contra de este suministro (riesgos para la paz y la seguridad, riesgo de violación del derecho humanitario y de los derechos humanos), como a favor del mismo (derecho de los estados a autodefenderse, defensa de la soberanía). 

Pero, a grandes rasgos, nada impide que Rusia se adhiera al Tratado Internacional sobre el Comercio de Armas. 

Al fin y al cabo incluso este tratado de compromisos aumenta sustancialmente la transparencia en el comercio de armas. La participación en el Tratado permitirá a Moscú continuar su trabajo para que se lleven a cabo las propuestas rusas. 

Rusia podría ser incluso el abanderado de un movimiento a favor de un nuevo orden en el comercio de armas, una vez que el sistema internacional de control, creado en el marco de comprobación del cumplimiento del Tratado sobre la prohibición de ensayos nucleares, hoy ya está en condiciones de controlar un gran círculo de fuentes, incluyendo las que se refieren al Tratado Internacional sobre Comercio de Armas. 

Vadim Koziulim es experto del Centro de Investigaciones Políticas de Rusia

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