Nuevos horizontes en la cooperación tecnológico-militar en América Central

El primer ministro Dmitri Medvédev con Raúl Castro. Fuente: Reuters

El primer ministro Dmitri Medvédev con Raúl Castro. Fuente: Reuters

En tiempos soviéticos América Central ocupó un importante lugar en el desarrollo militar de la región. Tras el colapso de la URSS esa colaboración perdió fuerza pero actualmente vuelve el acercamiento. Un centro de formación mecanizada en Nicaragua o la cooperación en contra del narcotráfico son algunas muestras de ello.

A finales de abril, el jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas rusas, Valeri Gerásimov, realizó una visita de tres días a Nicaragua. El objetivo era la inauguración de una fábrica de reciclaje de municiones construida con tecnología rusa, además de un centro de formación para infantería mecanizada financiado por el Ministerio de Defensa ruso.

También el personal que trabaja en la fábrica ha sido preparado por la parte rusa. Se espera que la empresa recicle cerca de 900 toneladas de munición al año. “Los explosivos recuperados se podrán utilizar para la fabricación de artefactos explosivos con fines pacíficos, y los casquillos se fundirán y se utilizarán como fuente adicional de metal no ferroso”, anunció Gerásimov.

El gobierno de Nicaragua ya ha calificado la visita de acontecimiento histórico. Fuentes oficiales de Managua consideran que proporcionará un nuevo impulso a la cooperación de los dos países en el ámbito militar.

En tiempos soviéticos, los países de América Central ocuparon un lugar especial en la estructura de cooperación tecnológico-militar de Rusia con la región.

Rusia ocupa el primer puesto entre los estados acreedores de Nicaragua con respecto al volumen de deuda perdonada

De acuerdo con los datos proporcionados por el servicio de investigación del congreso de los EE UU, entre 1989 y 1992, la URSS ocupaba el primer puesto en número de acuerdos concluidos con los países de América Central para la venta de tecnología militar.

De hecho, su participación en el mercado armamentístico de la región superaba el 52% (principalmente por el suministro de armas a Cuba). En la segunda mitad de la década de los 80, la URSS exportó armamento a estos países por una suma superior a 1.000 millones de dólares (773 millones a Cuba y 448 a Nicaragua). 

Después de 1993, sobre todo a causa de la suspensión de ayuda militar a Cuba, la situación cambió bruscamente. El colapso de la Unión Soviética y la derrota de los sandinistas en las elecciones de 1990 contribuyeron a la reorientación de la política exterior de Nicaragua hacia los EE UU. 

A nivel oficial, las relaciones bilaterales de aquel momento entre Moscú, Managua y La Habana tenían un carácter protocolario. Sin embargo, la herencia de la época soviética no permitió que estos países se apartaran definitivamente. 

Hoy día las fuerzas armadas de Cuba y Nicaragua siguen disponiendo de armamento de fabricación soviética, el cual se debe actualizar para prolongar su vida útil, o bien sustituir por otro nuevo. Como si del ‘renacimiento’ de las relaciones con los países de América Central se tratase, Rusia intenta ahora aprovechar el interés que manifiestan estos países en la adquisición de armamento y repuestos de tecnología militar. Especialmente en el marco de la política multipolar actual, donde la región Centroamericana constituye un elemento decisivo del ‘polo latinoamericano’ de cara a las relaciones internacionales con Moscú. 

“Nuestras fuerzas armadas siempre han mantenido una estrecha relación. Haremos todo lo posible para que se desarrolle una cooperación militar”, asegura Valeri Gerásimov. 

En 2013 Rusia condonó a Cuba el 90% de una deuda de 35.000 millones de dólares 

Sería ingenuo pensar que las relaciones entre Rusia y Nicaragua volverán al punto en que se encontraban en el periodo soviético. No obstante, la ayuda que Rusia presta en la actualidad tanto a Nicaragua como a otros países de esta conflictiva región es imprescindible, como por ejemplo, su apoyo en el ámbito de la lucha contra el narcotráfico.  

El Comité Internacional de Control del Narcótico de la ONU (INCB, por sus siglas en inglés) ha publicado su informe analítico anual sobre el problema del narcotráfico y la lucha de los estados contra esta amenaza. Entre 2011 y 2012 aumentó el tráfico de sustancias originarias de países centroamericanos y, en particular, de sustancias químicas no controladas, utilizadas para la fabricación de metanfetamina (un potente psicoestimulante con un alto poder adictivo). 

También en este periodo, en Guatemala, El Salvador y Nicaragua se registraron casos de incautación de éster de ácido fenilacético y metilamina, ambos productos necesarios para la síntesis del estimulante.

Rusia participa activamente en la lucha contra el narcotráfico en América Central.  En febrero de 2012, el director del Servicio federal de lucha contra el narcotráfico (FDSK, por sus siglas en ruso), Víctor Ivanov, realizó una gira por América Latina donde propuso a las autoridades de México, Nicaragua, El Salvador, Cuba y Panamá la fundación de unos centros especiales para la formación de agentes de policía centroamericanos basada en los programas educativos rusos para personal operativo.

En esa misma ocasión, Víctor Ivanov mantuvo una entrevista en San Salvador con el secretario general del Sistema de la Integración Centroamericana. Como resultado de las negociaciones, se firmó un protocolo de cooperación en materia de lucha contra la delincuencia transnacional y el narcotráfico mundial de la cocaína, que parte de Centroamérica y viaja a través de África occidental y Europa.

Con el pretexto de la lucha contra las mafias del narcotráfico y el crimen organizado, la región de América Central se ha convertido en el principal comprador de soporte militar en los últimos años.

Según datos proporcionados por el Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI, por sus siglas en inglés), los gastos militares de la región rondaron los 7.000 millones de dólares en 2011. Desde 2009, Rusia ha suministrado a Nicaragua asistencia militar por un valor de 26,5 millones de dólares: helicópteros Mi-171, un hospital de campaña capaz de albergar hasta 200 víctimas de catástrofes naturales o guerras y varios vehículos blindados modelo ‘Tigr’  para la policía nicaragüense. Algunos especialistas occidentales han mostrado cierto recelo ante esta demostración de ayuda militar y han sugerido la posibilidad de que se produzca una desestabilización en Centroamérica. 

“Es poco probable que el soporte militar ruso pueda afectar de alguna manera al equilibrio de fuerzas en la región”, anunció Rusi Oi, investigador en uno de los organismos de defensa. 

El fortalecimiento de las relaciones entre Rusia y América Central tiene un carácter más económico que político. Actualmente, el objetivo del complejo industrial militar ruso es ocupar un puesto en el mercado armamentístico de Latinoamérica digno de una potencia capaz de fabricar tecnología militar moderna y de confianza. 

Una forma de lograr este objetivo sería un cambio en la concepción de seguridad nacional de los países latinoamericanos, en los que actualmente la atención se centra en la lucha contra el terrorismo, el narcotráfico y el crimen organizado. Con la desaparición paulatina de su antigua orientación ideológica, los países de América Central empiezan a ver en Rusia uno de sus principales socios en el ámbito de la exportación de armamento; por su parte Rusia, gracias a la herencia recibida de la época soviética, comienza a abrir nuevos horizontes de cooperación tecnológico-militar.