Un “parche” para el corazón

Científico Konstantín Agladze reproduce in vitro tejidos cardiovasculares a partir de células madre. Fuente: Rossíyskaya Gazeta

Científico Konstantín Agladze reproduce in vitro tejidos cardiovasculares a partir de células madre. Fuente: Rossíyskaya Gazeta

La medicina está viviendo una auténtica revolución. Dentro de unos veinte años los médicos podrán reparar el organismo humano como si se tratara de un coche en un taller mecánico. No serán necesarios donantes ni prótesis mecánicas: los órganos se reproducirán in vitro. Konstantín Agladze, científico ruso de fama internacional, nos cuenta cómo funciona.

Desde hace una década la medicina celular nos ha acostumbrado a los grandes titulares: no pasa una semana sin que se publique en internet un descubrimiento sensacional o un experimento fuera de lo común. Por lo general, se trata de trabajos con células madre obtenidas de embriones humanos y capaces de originar más de doscientos tipos de células, como, por ejemplo, de músculo cardiaco, hueso, hígado, epidermis, cerebro. Pero su uso siempre ha estado confrontado a graves problemas éticos y morales.

Pero hace cinco años el científico japonés Shinya Yamanaka abrió la posibilidad a que se utilizaran células madre humanas, desapareciendo así los problemas morales o de compatibilidad biológica. Hizo falta esperar unos años para que el estudioso ruso Konstantín Agladze, junto con el equipo japonés del laboratorio de la Universidad de Kioto, reprodujera in vitro los tejidos de un corazón humano a partir de células madre. 

Al principio, todos los medios de comunicación le presentaron como el primero en crear un corazón humano artificial in vitro. Después se hicieron valoraciones más cautas. Háblenos de su descubrimiento.

Se trata de ingeniería de tejidos. Lo importante no es que hayamos reproducido un tejido cardiaco a partir de células madre pluripotentes inducidas, eso se había hecho ya, aunque en pequeñas cantidades. Aprendimos a crear tejido cardiaco en torno a un armazón tridimensional de nanofibras de polímero. Esta estructura nos ha permitido no sólo crear células cardiacas, sino hacerlas evolucionar de manera que formen un verdadero tejido cardiaco.

¿Se puede crear un corazón humano a partir de ese tejido?

En principio, es posible. Pero antes que nada este tejido estaba destinado a las pruebas farmacéuticas. Los tejidos son imprescindibles para la industria farmacéutica a fin de crear nuevos compuestos.

En general, los fármacos no se prueban sobre órganos sino directamente sobre animales. Pero las células cardiacas de los animales no son idénticas a las de las personas. Nuestras investigaciones están destinadas a llenar ese vacío, que permitirá que la búsqueda sea más eficaz y precisa, con lo que se ahorrará dinero.

Hay otro objetivo: la reprogramación de las células propias del paciente, por ejemplo, las células epitetiales en células de tejido cardiaco, como los cardiomiocitos a partir de los cuales se puede obtener un implante compatible con el cuerpo humano.

Es una de las direcciones más desarrolladas en medicina regenerativa: los famosos “parches” de tejido cardiaco, destinados a aplicarse en las partes dañadas del mismo. Hay que explicar que el tejido cardiaco es un grupo muscular particular. Por eso, era crucial conseguir no una reprogramación de células, sino una reestructuración tisular.

Y hemos conseguido obtener el resultado gracias al armazón de nanofibras de polímeros, hechos a partir de materiales biocompatibles que aseguran el crecimiento celular según la estructura impuesta.

En la preparación del “parche” utiliza polímeros. ¿Esos materiales causan efectos secundarios?

Nuestro método se basa en la utilización de células pluripotentes propias del paciente, así que la cuestión de las barreras inmunológicas se elimina por sí misma. Por lo que respecta a las nanofibras que forman el armazón de los “parches” es un material biodegradable que se disuelve en la sangre a lo largo de todo el tratamiento.

¿Es posible reproducir otros órganos, como el hígado, por ejemplo?

Hay una multitud de aplicaciones posibles, pero hay que verlo a largo plazo.

¿Cuánto tiempo le ha costado poner a punto este método en el laboratorio de Kioto?

Más de tres años. Hemos desarrollado esta metodología partiendo de cero. Y ahora trasladaremos este conocimiento a Rusia y lo promoveremos en colaboración con el laboratorio de Kioto. El objetivo de nuestro laboratorio científico del Instituto Físico-Técnico de Moscú consiste en dominar la fisiología celular. Estamos desarrollando las terapias más innovadoras para tratar las arritmias cardiacas más agudas. Mi laboratorio en la Universidad de Kioto en Japón también trabaja en la misma dirección.

El laboratorio del Instituto Físico-Técnico de Moscú se fundó hace casi un año. ¿Se puede hablar ya de resultados?

El laboratorio está ya en funcionamiento, pero para lograr los mismos resultados que en Japón hay que aunar muchos más esfuerzos. Espero que la balanza se incline del lado positivo. Ya tenemos laboratorio y mis estudiantes rusos son todos muy brillantes.

Texto abreviado. Versión completa en ruso en la web de la revista Ogoniok.