La sombra de la guerra cibernética se cierne sobre la política internacional

El ciberespacio podría convertirse en un campo de batalla entre Rusia y EE UU si no se toman medidas de confianza mutua. Fuente: PhotoXpress

El ciberespacio podría convertirse en un campo de batalla entre Rusia y EE UU si no se toman medidas de confianza mutua. Fuente: PhotoXpress

Hace tiempo que en todas las organizaciones y conferencias con influencia política global (ONU, G8 , G20, y la Conferencia anual de Seguridad de Múnich) ha comenzado a discutirse el futuro del ciberespacio. Las causas de este aumento de la atención hacia los problemas del ciberespacio son varias, aunque todas se resumen en una: los países más desarrollados en este ámbito han acabado por ser los más vulnerables.

Rusia se preocupa por el uso de las nuevas tecnologías con fines de confrontación y desestabilización, mientras que EE UU teme por su uso con fines criminales, terroristas o militares.

En 2010 EE UU reconocía oficialmente el ciberespacio como un campo de batalla, en potencia, equiparable a los tradicionales tierra, mar o aire. En 2011 fue el primer país en desarrollar una estrategia estatal en el ciberespacio, que autorizaba a Washington a reaccionar a los sabotajes informáticos con cualquier medio disponible, incluidas las armas nucleares.

Los estadounidenses han creado también una estructura militarizada para repeler ataques virtuales: la Cibercomandancia de los EE UU (UsCyberCommand). A finales de 2011 el Congreso dio el visto bueno y el dinero para desarrollar cibertecnologías de ofensiva militar.

Además, el pasado otoño se anunció que la comandancia de las Fuerzas Armadas norteamericanas planeaba comprar una serie de programas maliciosos capaces de alterar o destruir redes informáticas y centros de control de enemigos potenciales.

En Moscú se toman con cautela esta nueva actividad de Washington, y  considera que una de las principales causas de la carrera militar en el ciberespacio que se extiende por todo el mundo.  Una serie de estados han empezado a crear subdivisiones especiales de informática en sus fuerzas armadas (China, India, Israel, Gran Bretaña, Irán o Estonia, entre otros).

Hasta el momento, el potencial de defensa y ataque de Rusia en el este ámbito es inferior al de EE UU, aunque recientemente Moscú está conquistando este terreno.

A finales de diciembre de 2011 el Ministerio de Defensa presentó un documento llamado "Puntos de vista conceptuales de la actividad de las Fuerzas Armadas de la Federación rusa en el ciberespacio", en el que este espacio también se asocia con potenciales escenarios para acciones militares.

En marzo de 2012 el gobierno ruso declaró oficialmente su propósito de crear una cibercomandancia análoga a la norteamericana. En enero de 2012 Vladímir Putin ordenó al Servicio Federal de Seguridad (FSB) el desarrollo de un sistema estatal de pronóstico y prevención de ataques informáticos, transfiriendo a este departamento nuevos poderes en la lucha contra el crimen en el ciberespacio.

Los departamentos que más atención prestan a la seguridad internacional de la información son el Consejo de Seguridad de la Federación de Rusia y el Ministerio de Asuntos Exteriores, en donde en marzo de 2012 apareció un nuevo cargo: coordinador especial en cuestiones de utilización política de las tecnologías de la información y la comunicación, con rango de embajador en misión especial.

Una de sus tareas principales será promover iniciativas sobre la redacción en la ONU de unas normas internacionales de uso de internet.  Además, Rusia pretende consolidar el principio de no injerencia en el ciberespacio. 

Los Estados Unidos y sus aliados en la OTAN, sin embargo, rechazan estas iniciativas rusas, ya que ven en ellas un intento por parte de los más débiles de limitar las posibilidades de los más fuertes.

En el proceso de discusión de este tema se han formado dos grupos de estados en serio desacuerdo sobre el futuro de la red mundial. Por un lado se encuentran EE UU y sus aliados en la OTAN. En el otro bando figuran Rusia, China, Kazajistán, Bielorrusia, Armenia, Tayikistán, Irán y otros estados.

Algunos expertos ya han bautizado este conflicto virtual entre Oriente y Occidente como la "guerra fría 2.0".

Existen pocas probabilidades de que se dé un acercamiento entre estas dos posiciones próximamente para redactar un acuerdo internacional exhaustivo. Sin esperanzas de convencer a la otra parte, Moscú y Washington intentan aunque sea evitar lo peor.

El hecho es que es extremadamente complicado rastrear la fuente de uno de estos ataques, y en la mayoría de los casos es del todo imposible. Teniendo en cuenta que tanto Washington como Moscú se reservan el derecho de reaccionar a los incidentes cibernéticos del mismo modo que a las agresiones tradicionales, esta situación podría llevar a una catástrofe. Para que esto no suceda, ambas partes intentan acordar unas medidas de confianza: intercambio de información, creación de líneas telefónicas especiales en caso de ciberataques masivos, etc.

Dadas las circunstancias del actual empeoramiento en las relaciones ruso-estadounidenses, la seguridad informática parece ser la única vía en la que todavía es posible avanzar. Aunque si no se logra llegar a un acuerdo próximamente, el ciberespacio podría dejar de ser un ambiente de unión y una potencial superficie para la cooperación entre Rusia y EE UU para convertirse en un campo de batalla.

Elena Chernenko, doctora en historia y observadora de la sección internacional del periódico 'Kommersant'.

Texto reducido. Original publicado en ruso en 'Rusia en la política global'.