“Habrá bases en la Luna como las que hoy hay en la Antártida o el Ártico”

Fuente: nasa / wikipedia

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Se habla seriamente sobre la construcción de una base permanente en la superficie del satélite de la Tierra. Para oír comentarios sobre esta cuestión, recurrimos a Ígor Mitrofanov, director del Laboratorio de Espectroscopía de Rayos Gamma del Instituto de Investigaciones Espaciales de la Academia de Ciencias de Rusia. Él es uno de los líderes del grupo que determina el aterrizaje del módulo lunar y otros parámetros importantes de la expedición.

Dirigentes del sector industrial espacial informaron recientemente de que Rusia conquistará la Luna.  El primero en hablar sobre estos planes fue el director de Roscosmos, Vladímir Popovkin, después, el vice primer ministro Dmitri Rogozin. ¿Hasta qué punto hablan los especialistas seriamente de bases en la Luna?

Sin duda, el objetivo inmediato en el espacio es la Luna. De hecho, es el continente cósmico de la Tierra. Creo que en el siglo XXI comenzará su conquista. Habrá bases lunares tal y como ahora operan bases y estaciones en la Antártida.

Recuerdo que tuvimos dos astromóviles funcionando en la Luna, los Lunajod, y de allí sacamos muestras de tierra. El conocimiento de los tiempos soviéticos no se ha perdido y estamos en condiciones de recrear lo que pudieron hacer nuestros predecesores. 

Actualmente hay dos proyectos en marcha sobre la Luna: el Luna-Glob y el Luna-Resurs. ¿En qué momento se encuentran ahora?

A principios de este año, hubo cambios tras el análisis del lanzamiento fallido del aparato Fobos-Grunt. El otro día terminamos las pruebas de ensayo de los módulos de aterrizaje y pronto pasaremos a pruebas más complejas.

En el año 2015 se celebrará el alunizaje del vehículo Luna-Glob, en el 2016, habrá investigaciones desde la órbita; en el 2017 se realizará el aterrizaje del vehículo más pesado, el Luna-Resurs, en el polo sur de la Luna. De hecho, crearemos un caballo de batalla para el estudio y desarrollo de la Luna. Se propone recoger tierra del polo lunar y compararlo con las muestras que se tomaron en el último siglo de las latitudes templadas.

Tratamos de recoger muestras de suelo a una profundidad de unos dos metros. Además, debemos hacerlo de tal manera para no perder las sustancias volátiles, ya que  allí puede haber agua. 

En la Asociación Científica y de Producción Lavochkin hay un proyecto, el  polígono lunar, una base lunar desplegada robotizada. ¿Todavía se está discutiendo el siguiente paso?

He participado en la valoración de este proyecto. En su momento me dieron una muy buena lección de cómo trabajó Koroliov (ingeniero y diseñador de cohetes soviético). De cada proyecto trató de hacer un paso para el siguiente. Y el concepto del polígono es a lo que debemos aspirar al realizar el proyecto en curso. He aquí un ejemplo: en el aparato del 2015 instalarán un radiofaro que funcionará incluso cuando el dispositivo cese su actividad.

Cuando elegimos el lugar de aterrizaje, tenemos en cuenta su utilidad potencial para el futuro desarrollo de la infraestructura. Y la primera contribución mínima son estos radiofaros. Si el área de aterrizaje es interesante se podrá llevar más de un astromóvil pesado para recoger muestras de tierra.

Luego vendrán los robots para proporcionar suministro energético. Si vemos la oportunidad de extraer agua, suministraremos máquinas para su extracción y obtener de ella oxígeno e hidrógeno. 

¿No es mejor invertir ahora en el sector de la industria de vehículos de lanzamiento baratos, y solo después pensar en bases lunares? Yaque es muy caro, de momento.

Estoy luchando seriamente contra el estereotipo de que es caro. Por supuesto, el programa debe ser diseñado con respecto a los costos. No es imprescindible realizar una carrera lunar como en los años 60, cuando se lanzaron varios aparatos seguidos, disparos de misiles como de una ametralladora.

Pero recordemos que los primeros proyectos de los que hablo rondan alrededor de los 10.000 millones de rublos (unos 325 millones de dólares). Si hablamos de ambiciones, es una cantidad ridícula.

Además, es importante entender que este dinero no vuela a la luna. Se quedan aquí como infraestructura, puestos de empleo y nuevos materiales.

Todos han olvidado que, por ejemplo, internet es uno de los productos del programa Apollonov. La tecnología surgió de forma natural para las necesidades del programa. Ahora parece que la Luna no le hace falta a nadie, pero a finales de siglo puede ser que todos empiecen a dejar muestras de su presencia. Ya ocurrió eso con el Ártico y ahora sucede con la Antártida. 

Si somos realistas, ¿serán los ciudadanos los primeros en ir a la Luna en el siglo XXI?

Esta es una cuestión de interés mundial. Creo que sería correcto si la estación internacional en el polo sur de la Luna fuera el próximo proyecto después de la Estación Espacial Internacional. Y entonces no importará qué pie pise por primera vez la superficie de la luna. 

Artículo publicado originalmente en ruso en Russki Reporter.