Cómo cerrar y desmantelar una central nuclear

La experiencia de Lituania muestra las dificultades técnicas y políticas que surgen en camino. Fuente: ITAR-TASS

La experiencia de Lituania muestra las dificultades técnicas y políticas que surgen en camino. Fuente: ITAR-TASS

La central nuclear de Ignalina está en proceso de desmantelamiento. Fue construida en época soviética y en el actual proceso de desmantelamiento participan numerosos actores. Empresas rusas, lituanas y alemanas. El proceso se detuvo el diciembre pasado alegando que la maquinaria fabricada por la empresa alemana GNS era de baja calidad. Aunque además de las razones técnicas hay problemas de índole política.

En diciembre de 2012 la conferencia de la Asamblea de Donadores del Fondo Internacional de apoyo al cierre de la central nuclear de Ignalina tomó la decisión de parar el proyecto de financiación B1 del diseño y construcción de una instalación de almacenamiento provisional del combustible gastado de las dos primeras unidades de la central. 

La causa de esta decisión fue la supuesta mala calidad y la baja fiabilidad de los contenedores de combustible nuclear gastado de la compañía alemana GNS en el marco del proyecto B1. 

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Existe otra versión que asegura que la razón de esta decisión han sido las disputas políticas internas de la Unión Europea. 

La central nuclear de Ignalina se construyó durante la época soviética y en ella se utilizaban los famosos reactores RBMK. A pesar de que entre todas las centrales nucleares de este tipo, la de Ignalina siempre ha sido considerada la más efectiva y segura, fue cerrada definitivamente en 2009, lo cual sirvió a Lituania, en gran medida, como entrada en la Unión Europea. 

La UE acordó pagar los costes de financiación de desarme de la central, aunque ahora el proyecto se ha estancado. El anterior gobierno lituano frustró la conferencia de donantes de diciembre alegando errores en la maquinaria fabricada por la empresa alemana GNS. 

Los donantes europeos, irritados por las declaraciones sobre la mala calidad de los contenedores, sancionaron a Vilna por este desorden interno y por la falta de seguimiento del trabajo. Sin embargo, este problema no se ha esfumado, y debe ser resuelto cumpliendo a su debido tiempo con las obligaciones que se han contraído. 

Hasta la fecha no ha habido en toda Europa un proyecto semejante. Nunca se ha desmantelado una central nuclear de tanta potencia ni se ha resuelto el problema de los residuos radiactivos o el del combustible nuclear gastado. 

El proyecto B1 se lleva a cabo en base a un contrato entre la empresa estatal lituana Central Nuclear de Ignalina y un consorcio formado por las empresas Nukem y GNS. 

Nukem fue adquirida en 2009 por la empresa rusa Atomstroiexport S.A. Aproximadamente al mismo tiempo, en Lituania comenzó a jugarse la “carta antirrusa” en relación al desarme de la  central, aunque la mención de Rusia en esta situación es meramente anecdótica. 

Nukem Technologies ganó el concurso para desmantelar Ignalina en 2003, cuando su estructura contaba con capital europeo en un 100%. Durante todos estos años el trabajo de la compañía no tuvo ningún reproche, ni desde Lituania ni desde la Unión Europea.

La compañía GNS, a la que piden explicaciones por los contenedores, es una empresa con capital alemán, y su contrato con Nukem se firmó mucho antes de que esta última pasase a ser propiedad de Atomstroiexport. 

Por cierto, hasta la fecha Nukem no ha recibido nada de dinero por el trabajo realizado, aunque sí que ha pagado a todas las subcontratas lituanas. Así que, por lo que parece, el proyecto de cierre de la central lo financia Rusia a través de su participación en el capital de Nukem. 

El diputado de una fracción del partido ultraderechista Orden y Justicia, Petras Grazulis, considera que la herencia del gobierno del antiguo presidente del país, Andrius Kubilius es un “completo desastre”. 

“Quizás no he profundizado lo suficiente en todos los detalles de cada uno de los proyectos, pero me da la sensación de que la herencia dejada por los conservadores es desastrosa, no ha quedado nada además de todo su politiqueo”, opina el diputado. 

Cabe recordar que el cierre de la central nuclear de Ignalina es un proyecto con muchos años de historia y ya se ha conseguido cumplir con una gran parte. La inversión ha sido considerable, y Lituania ha pedido todavía más fondos al presupuesto de la UE, hasta 2020. 

Vilna se enfrenta a la tarea de solucionar la situación actual y cerrar definitivamente la central nuclear de Ignalina, en todos los aspectos. El éxito de este proyecto aportará al gabinete que lo consiga enormes dividendos políticos, así que, evidentemente, siempre habrá quien intente impedir este éxito, especulando sobre los problemas acumulados del proyecto. 

Pero si se consigue pasar por encima de estas intrigas políticas, Lituania, entre otras cosas, tendrá  competencia exclusiva sobre una cuestión tan delicada como la seguridad nuclear y la retirada de instalaciones nucleares peligrosas, lo cual, sin duda, aumentará su importancia como miembro de la Unión Europea.

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