El vestuario del Teatro Bolshói muestra sus secretos

Damir Yusupov/bolshoiteatr.com
Sea el abrigo de piel de Borís Godunov, el vestido de Turandot o el abanico de Carmen, todos los trajes y complementos de ópera y ballet del Bolshói son una obra de arte. Los talleres del teatro más importante de Rusia están llenos de secretos y supersticiones.

“A veces los detalles del traje no van bien con la luz y no se aprecian desde las últimas filas. Hay que revisar cada uno y aplicar una capa de tinte especial. Esto se llama 'acondicionar' el traje, y es un proceso de lo más normal”, explica la jefa del taller femenino Natalia Aldoshina.

En el teatro todos saben que está prohibido fotografiar los trajes antes del estreno ya que están protegidos por derechos de autor. Además, por superstición los diseñadores nunca entregan los atuendos al almacén hasta que no ha terminado el estreno. Y los sastres, para que no les devuelvan el traje, lo primero que hacen es quitar todos los alfileres con los que estaban sujetos los adornos.

La revolución del tutú

Los tutús, unas faldas cortas de varias capas y que conforman la base de los trajes de ballet, son una historia aparte. Antes los hacían de muselina y tarlatana, y los almidonaban antes de cada espectáculo. Maya Plisétskaya recordaba que su primer tutú pesaba varios kilos, “era áspero, erizado, y olía a queroseno”. Los ganchos del corpiño eran pesados, parecidos a un plomo de pesca.

Más tarde empezaron a hacerlos de nailon; y para que la falda no se doblara por el peso, por el centro estaba sujeta con un fino aro. En 1957 Plisétskaya llevó a una gira este tipo de tutú por primera vez y se convirtió en un modelo que se utilizó en Rusia durante muchos años.

En 2007 tuvo lugar “la revolución del tutú”, según explican los sastres. Decidieron regenerar el ballet imperial El Corsario. La artista usó bocetos de trajes de finales del siglo XIX, y el tutú se volvió más largo y bajo. Y para el ballet Joyas se hicieron tutús inamovibles usando una nueva tecnología. La confección de estas prendas se volvió a algo parecido a una construcción arquitectónica.

teatro bolshoy

Fuente: Ria Novosti/Vladimir Vyatkin

Las nuevas representaciones requerían una gran cantidad de trajes y todas las costureras y sastres de los talleres aprendieron a coser tutús. Actualmente se tarda un día en confeccionar uno de varias capas, y se hacen individualmente para cada bailarina.

“Se cortan las capas y en cada una se pone un pliegue… Luego junto todo, y lo principal es la ropa interior, —comenta la sastra Tatiana Romanenko. — Se necesitan entre 15 y 28 metros de tela para hacer uno; en El Corsario se necesitan aún más”.

Los artistas reconocen que es complicado hacer un traje de ballet. Este debe quedar a la perfección, pues cada centímetro o gramo de tela de más repercute en la danza.

Los abrigos de piel del zar Borís Godunov

El espectáculo más “solicitado” del Bolshói es la ópera Borís Godunov, para el cual se hicieron más de 900 trajes con un coste medio de 1,1 millones de dólares.

En la percha hay un abrigo de piel de boyardo sin mangas. En la etiqueta se puede leer “Borís Godunov. Artista del coro Dmitri Nekrasov”. Calculo que pesa uunos 7-8 kilos.

“El abrigo de piel que Fiódor Fedorosvki llevó en la presentación de 1948 pesaba 20 kilos, —afirman entre risas los sastres. —Se hizo así de ligero por los 'brotes de tejido' especiales del know-how del diseñador de producción Pável Kaplevich. Con ayuda de una máquina especial, hizo que salieran hilos dorados y plateados en diferentes telas, consiguiendo un efecto vintage. Ahora utilizamos piel artificial para hacer más ligero el traje”, explican.

Esto es especialmente importante si tenemos en cuenta que los trajes en la nueva puesta en escena de la ópera de Modest Músorgski estaban copiosamente decorados con piedras preciosas. Por ejemplo, en los tres trajes de Marina Mnishek había alrededor de 1.000 piedras, y en los cuatro abrigos de piel de Borís Godunov, unas 5.000.

Artistas con su propio maniquí

El taller de costura está lleno de maniquíes. Los que tienen “pecho” y forros debajo son de las cantantes de ópera. En los demás maniquíes hay vestimentas ligeras de las bailarinas de ballet.

Resulta curioso que muchos solistas tengan su propio maniquí personal que imita a la perfección su aspecto físico. Junto a la pared está el que pertenece a la bailarina Svetlana Zajárova. En la muñeca fina y delicada está el traje de la princesa Mary del espectáculo “Un héroe de nuestro tiempo”. El vestido con el que baila la prima ballerina está siendo renovado.

Artículo abreviado. Publicado originalmente en ruso en Moskovski Komsomólets.

 

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