Alma rusa en los escenarios de Madrid

Juan Echanove interpreta a Fiódor, padre de los hermanos Karamázov

Juan Echanove interpreta a Fiódor, padre de los hermanos Karamázov

Julián Jaén
Dostoievski, con una de sus obras cumbre, el parricidio de los hermanos Karamázov, revive con toda su intensidad en el Teatro 
Valle-Inclán de Madrid.

Tras representar la maldad, Echanove dice sentirse feliz de ser actor. Él mismo cuenta que durante un tiempo se citaba con Gerardo Vera en el difunto Café Comercial de Madrid de forma recurrente. Maquinaban —el uno como actor, el otro como director y escenógrafo— qué hacer, qué les hacía hervir la sangre, qué obras podrían representar. La zapatera prodigiosa era una baza, pero no cuajó: avatares del teatro. ¿Y entonces?, se preguntaron.

Gerardo Vera dice que vio los ojos del actor y no dudó en lanzarle el reto que llevaba mascando desde hace tiempo: poner en pie Los hermanos Karamázov. Él sería Fiódor, el padre, la maldad en esencia, un hombre depravado, odiado, odioso, borracho y cruel hasta la muerte.

Fiodor dostoievski

Fuente: Alamy / Legion Media

“No lo dudé”, reconoce Echanove, para añadir que, minutos después, tras el entusiasmo de trabajar juntos por primera vez, se despidieron y sintió la primera punzada del autor: bajar al cuarto piso a por su coche era bajar a los infiernos, como la obra. Se enfrentaba a lo que supone matar al padre y al cuestionamiento de si Dios existe, entre otras dudas.

Con el sí del intérprete que iba a apuntalar la obra y a impulsar a toda la compañía (en ese momento sin decidir), Gerardo Vera empezó a adaptar mil y pico páginas de pasión a dos horas de teatro junto con José Luis Collado.

Era el principio de un largo proceso creativo. A cuatro manos, querían volver a escuchar a uno de los grandes novelistas rusos, europeos y de la humanidad que, desde lo más descarnado, al final solo habla del hombre, mirándolo con la más potente lente de aumento y con la mayor compasión, apuntan los autores.

fiodor dostoievski

          Fuente: Ria Novosti

“La obra es descomunal y el encargo de reescribirla es un reto tan grande como subir el Himalaya para un alpinista: el texto está lleno de tramas, subtramas, de unos personajes complejos y contradictorios, y unos textos sublimes”, señala Collado. Y para explicarlo, cita despacio al escritor:  “Enamorarse no significa querer, uno puede amar con todo el odio del mundo”, escuchará el público que se atreva con la propuesta en el madrileño teatro Valle Inclán a partir del 20 de noviembre y hasta el 10 de enero. Con Echanove estarán Óscar de la Fuente, Lucía Quintana, Marta Poveda, Fernando Gil, Markos Marín y Antonio Medina en los papeles principales.

“No era fácil destilar la esencia y dejarlo en lo más básico. Gerardo quería un texto sin artificios. Quería a esos seres humanos tan ricos, viles y poliédricos que llenan el teatro sin tener que adornarlo para hablar del alma humana desde el punto de vista de Dostoievski, donde nada es blanco o negro: el amor, el renacimiento espiritual, el existencialismo... el alma rusa”, apunta.

fiodor dostoievski

         Fuente: Ria Novosti

Collado, para cerrar categórico: “Al final, todo está en los rusos, y es verdad”. La concepción de la vida. El bien, el mal, la existencia de Dios... todo está en los hermanos, repiten. Y esa pasión, ese infierno parece haberse colado entre ellos.

El actor y el director confiesan que se llaman a las ocho y media de la mañana desde hace meses para consultar cómo se comportaría el odiado padre en tal circunstancia, no han dejado de tener en mente la novela desde aquella endemoniada cita en el café.

Echanove no puede evitar, durante la entrevista y sesión fotográfica, encarnar a su personaje y agarrarse a una de sus lapidarias frases, una de muchas: “Es más fuerte la sed que el miedo al veneno”.

Vera telefonea a las actrices los domingos sin acordarse de que es día de descanso. En los ensayos —a menos de un mes del estreno— todavía se siguen quitando elementos, música, objetos, artificios... La pauta parece estar clara: cada vez más desnudos, más puros, la esencia y nada más.

“La peste en el teatro es como una formidable invocación al alma, a la fuente misma de los conflictos”, responde Vera al preguntarle si la obra es, como dicen, un viaje a los infiernos.

Puesta en escena

juan echanove

Fuente: Julián Jaén

“Estamos haciendo un espectáculo con mucha libertad. Los personajes aparecen y desaparecen. Diría que es una propuesta valiente y poética a la vez”, asegura el director. Ejemplos: una alfombra puede ser una habitación; Fiódor, ya asesinado, puede aparecer en escena y jugar con el tiempo para ocupar el espacio e impregnarlo de su ser, omnipotente como Dios. O como su ausencia, que sería lo que permite matarlo: si no hay un ser superior, todo vale, nos hace recordar el ruso. Y para llegar a ese umbral Vera y Collado confían en el elenco escogido y dicen estar quedándose sin respiración al verles sobre el tablado todavía desnudo.

teatros madrid

Fuente: Julián Jaén

“En esta obra, Dostoievski nos obliga a mirarnos dentro para contar el gran drama de Rusia y de la humanidad. Karamázov es una obra que nunca se acaba de entender del todo: es un trabajo de investigación y creación continuo”, señala el máximo responsable de este montaje.

“Salgo de los ensayos destrozado, muerto. Llego a casa con Dostoievski en mi cabeza; pero me pongo un vino y me alegro de haber elegido ser actor, de poder entrar en lo peor del ser humano, de hacerme con toda la verdad teatral. Es un placer. Y además, desde un teatro público”, apunta Echanove, convencido de que su personaje merece ser asesinado.

teatros madrid

Fuente: Julián Jaén

Pero, como en la obra, no todo es negro, Collado reconoce que al final hay un rayo de luz, una esperanza. El epílogo, que se reserva, permitirá al público descender y conocer los infiernos, pero también resurgir en cierta luz, la de la humanidad. Y a Dostoievski le gustaría, piensa.

 

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