Escritores descubren los lugares más eróticos y soviéticos de Moscú

Vista de Moscú desde la Colina de los gorriones.

Vista de Moscú desde la Colina de los gorriones.

Panthermedia / Vostock-photo
Desde hace más de 850 años Moscú se ha ido construyendo y asimilando diferentes épocas históricas, hasta convertirse casi en una criatura viviente: la Rusia zarista, un acogedor provincianismo, la grandeza de los rascacielos y avenidas estalinistas y mucho más. Moscú ha sido como una musa para muchos escritores y lo sigue siendo hoy en día. Un libro de relatos cortos recuerda esta fértil relación.

Dmitri Bykov, poeta, escritor y periodista

Moscú está lleno de pequeños callejones y jardínes. El río no fluye recto sino que serpentea. Y es el río el que define la naturaleza de la ciudad. El Moscova, completamente cubierto  de la pelusa de los álamos, el blanco mostacho de espuma que los limpiadores de la calle le dejan al despertarse. El jardín Neskuchni, misterioso y casi siempre desierto, así es la cara de Moscú, y no los desfiles o los grandes almacenes GUM. Aquí el tiempo es como el agua en un pozo, se ha parado para no moverse más. 

Dmitri Bykov con el libro de relatos "Moscú, lugar de encuentros". Fuente: Facebook. Dmitri Bykov con el libro de relatos "Moscú, lugar de encuentros". Fuente: Facebook.

Y claro, está Eros. Las colinas de Lenin no son la corona de Moscú, sino más bien -¿cómo lo diría?- son 'el cerro del amor', parafraseando a Vasili Aksiónov'... Es el lugar más erótico de la capital, con los estudiantes de la Universidad Estatal de Moscú por todos lados. En verano se aventuran dentro de los matorralles con un objetivo muy específico. Lo sé, lo hice. Aquí, en el lugar en el que el río Moscova gira, el  bosque empieza casi a ras de agua. Solo tienes que subir un poquito y encontrarás varios claros maravillosos, escondidos de la vista del resto de personas. No hay mejor lugar que este para pasar una cálida tarde de verano. ¿Qué se puede hacer aquí? Cualquier cosa. He besado a muchas chicas aquí. ¿Podía alguien imaginar que sería tan fácil encontrar un lugar como este al aire libre en Moscú? Hay que saber dónde ir, pero es que, bueno, yo crecí aquí. 

Vista de Moscú desde la Colina de los gorriones. Fuente: Panthermedia / Vostock-photoVista de Moscú desde la Colina de los gorriones. Fuente: Panthermedia / Vostock-photo

Rolán Bykov (1929 - 1999), actor, director, guionista y escritor

Moscú está en m corazón, en mis venas, es mi propia esencia. Quizá por eso la primera vez que fui a Nueva York me dije: “Hey, esta ciudad es mía”. Tiene el mismo ritmo que Moscú. No solemos prestar atención al ritmo con el que vive una persona y eso es importante. 

Tengo algunos secretos propios en Moscú, en la catedral de San Basilio y la estatua de Gógol. Una vez, cuando era un joven enamorado, volvía a casa- situada en la calle Zatsepa- a las 3 de la madrugada. Estaba cruzando la Plaza Roja. Era verano. Ahí estaba yo, cruzando desde el Museo de Historia hacia el otro lado. La catedral de San Basilio estaba en lo alto. Cuando está oscuro no se puede ver la catedral, pero cuando te acercas emerge a cada paso, como una imagen que se abre en una película y acaba por aparecer con su alocada gloria. Aquella mañana fue la primera vez que me di cuenta de ello. Es la misteriosa magia del monumento, que es increiblemente ruso en su arquitectura y combina diferentes elementos armoniosamente, como el propio Moscú.  

Plaza Roja con vista de la catedral de San Basilio, al fondo/ Reuters Plaza Roja con vista de la catedral de San Basilio, al fondo/ Reuters

Dmitri Glujovski, novelista de ciencia-ficción, autor de Metro 2033

Tenía 13 años cuando me mudé a Ostánkino. Era 1992, la URSS acababa de caer. En cualquier lado surgían puntos de venta, sobre todo alrededor de las estaciones de metro. Se vendía cualquier cosa y era peligroso estar en la calle después de las 9 de la noche. Toda la infraestructura imperial se había abandonado y comenzaba a pudrirse, incluidos los templos de la cultura. 

Eso ocurrió con el parque VDNJ (un enorme parque sobre los logros de la economía socialista).

Lo conocí por primera vez a mitad de mi niñez soviética, llena de luz y cemento, pero no me enamoré del lugar, era como una maravilla de la niñez. Fue en la adolescencia cuando realmente me enamoré del VDNJ. Teníamos un perro y lo tenía que llevar a pasear. Cerca de nuestra casa estaba el parque Dzerzhinski y el Jardín Botánico pero, ¿cómo podían compararse al VDNJ? Quizá no haya ningún otro lugar en el que haya pasado tanto tiempo solo, conmigo mismo, o con mi hermano y amigos. 

Vista del parque de VDNJ. Fuente: Archivo de prensa. Vista del parque de VDNJ. Fuente: Archivo de prensa. Nunca entrábamos por la entrada principal, utilizábamos la pueta de Jovanski, pasando por los bloques de apartamentos burgueses que pertenecían a los cosmonautas,  perfectamente visibles de de la calle. Entonces nos metíamos por los pequeños caminos de asfalto, fuera de los caminos principales, bajo los árboles, y nos perdíamos por esos lugares. 

Era la mejor manera de explorar el VDNJ, sin una ruta fija, simplemente yendo donde quisiéramos. De esa manera podías sorprenderte a ti mismo porque encontrabas algo nuevo. 

¿Qué conoces del VDNJ? Seguramente nombres la Fuente de la amistad de los pueblos o la zona del cosmos, eso significa que no conoces nada. 

Yo tampoco conocía nada. 

Así que, como Cristóbal Colón, descubría nuevas y maravillosas islas en un mar de árboles susurrantes, porque el VDNJ está lleno de extrañas e inexplicables construcciones, que no encontrarás en otros lugares del mundo.

 

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