Desacuerdos históricos: cómo los rusos recuerdan a sus líderes

El monumento a Boris Yeltsin en Ekaterimburgo.

El monumento a Boris Yeltsin en Ekaterimburgo.

Pável Lisitsyn/RIA Novosti
Hace poco en Siberia un hombre atacó con un hacha el monumento al emperador Nicolás II. Pero el último emperador ruso no es el único que haya despertado este malestar en los rusos.

Nicolás II, el último zar de Rusia fusilado por los bolcheviques en 1918, es profundamente respetado por una gran mayoría en el país eslavo e incluso es reconocido como un santo por la Iglesia ortodoxa rusa. Sin embrago, hay gente que se niega a venerarlo. De hecho, en la ciudad de Novosibirsk (a 2.800 km al este de Moscú) hay una persona que odia al último emperador tanto que atacó un monumento dedicado al degraciado monarca con un hacha.

El atacante enfadado golpeó varias veces la estatua de Nicholas II y su hijo Alexéi (también asesinado en 1918) el pasado 1 de agosto. Se las arregló para dañar la cabeza de Alexéi antes de ser detenido, pero sus motivos siguen sin estar claros.

El acalde vs. el Emperador

El monumento a Nicolás II se colocó al lado de una iglesia tan solo hace un mes. La gente local no fue consultada por las autoridades, y el alcalde de la ciudad, miembro del Partido Comunista de Rusia, Anatoli Lókot, tampoco aprobó la inauguración de la escultura, aunque no pudo impedir que fuese colocada.

El monumento a Nicolás II en Novosibirsk. Fuente: Alexánder Kriazhev/RIA NovostiEl monumento a Nicolás II en Novosibirsk. Fuente: Alexánder Kriazhev/RIA Novosti

"Es peligroso tomar decisiones que dividen a nuestra sociedad", dijo Lókot. También mencionó que algunos activistas le habían pedido que se instalara un monumento a Iósif Stalin. El alcalde admitió que ideológicamente estaba más cerca de Stalin que del último zar de Rusia, pero sabía que la inauguración de un monumento al hombre responsable de la Gran Purga (1932-1933) habría suscitado aun más polémica y rechazó el plan.

Stalin aparece y desaparece

Probablemente cuando Anatoli Lókot tomó la decisión, se haya acordado del homenaje a Stalin en la ciudad de Surgut (a 2.000 kilómetros al este de Moscú). Los admiradores del líder soviético levantaron una estatua en su honor el 15 de septiembre de 2016, pero la vida del monumento fue corta. Las autoridades locales lo quitaron de su sitio después de afirmar que el monumento había sido instalado ilegalmente.

El monumento a Iósif Stalin en Lipetsk. Fuente: Legion MediaEl monumento a Iósif Stalin en Lipetsk. Fuente: Legion Media

Sin embargo, antes de que el monumento fuera retirado, los antiestalinistas aprovecharon la oportunidad para sacar su ira: lo colorearon de rojo, como símbolo de sangre de las víctimas de Stalin.

Aun así, los partidarios de Stalin siguen desafiando a las autoridades. Denís Janzhin, líder de un grupo proestalinista, cree sus compañeros encontrarán otra manera de conmemorar a su querido líder, aunque queda por ver cómo.

Los monumentos al sanguiento líder soviético aparecen de vez en cuando en Rusia, pero generalmente su inauguración no es apoyada por el Estado. Los activistas suelen instalar estos monumentos en terrenos privados donde las autoridades no tienen poder para derribarlos. No obstante, incluso estas estatuas improvisadas provocan la ira en algunos sectores de la sociedad. En 2015 una mujer arrojó pintura sobre una estatua de Stalin en Lípetsk (a 372 kilómetros al sur de Moscú), aunque ésta había sido levantada en el territorio perteneciente al oficina del Partido Comunista local.

Levantar monumentos o no

En otra ciudad rusa, Omsk (a 2.235 kilómetros al este de Moscú), los lugareños están discutiendo si se debería levantar un monumento a Alexánder Kolchak (1874-1920), líder del Movimiento Blanco que luchó contra los bolcheviques en Siberia durante la Guerra Civil rusa. Este movimiento reconoció a Kolchak como el "Gobernante Supremo" de Rusia y Omsk fue su autoproclamada capital hasta la muerte de Kolchak en 1920.

El monumento a Alexánder Kolchak en Omsk. Fuente: Legion MediaEl monumento a Alexánder Kolchak en Omsk. Fuente: Legion Media

El gobierno local decidió rendir homenaje al almirante en 2016 levantando una estatua en su honor en el marco de la celebración del 200º aniversario de la ciudad. Pero este gesto no fue recibido muy bien por los comunistas locales, que resaltaron las brutales políticas de Kolchak en su lucha contra los bolcheviques, y llegaron a llamarlo el "Hitler siberiano".

Los aniversarios vienen y se van, pero la polémica en torno al monumento de Kolchak continúa. Sus partidarios escribieron al ministro de Cultura en mayo pidiendo su apoyo. Al mismo tiempo, un enorme monumento de Kolchak de bronce ya está levantado en la ciudad de Irkutsk (a 4.200 km al este de Moscú), donde el archienemigo de los comunistas fue fusilado en 1920.

El monumento a Alexánder Kolchak en Omsk. Fuente: Kolchak1923/wikipedia.orgEl monumento a Alexánder Kolchak en Omsk. Fuente: Kolchak1923/wikipedia.org

Pintura azul para el presidente

Incluso el primer presidente de la Rusia postsoviética, Borís Yeltsin (1931 — 2007), no pudo evitar el destino de otros líderes rusos. Un monumento blanco, algo fálico, apareció en 2011 en su ciudad natal de Ekaterimburgo (a 1.416 kilómetros al este de Moscú). Su instalación fue ampliamente apoyada por las autoridades. De hecho, Dmitri Medvédev, el presidente de Rusia entonces, inauguró personalmente el monumento y dijo que Rusia debería estar agradecida a su primer presidente.

El monumento a Boris Yeltsin en Ekaterimburgo.Fuente: Pável Lisitsyn/RIA NovostiEl monumento a Boris Yeltsin en Ekaterimburgo.Fuente: Pável Lisitsyn/RIA Novosti

Sin embargo, esto no detuvo a algunos rusos descontentos de profanar la estatua el 24 de agosto de 2012. La cubrieron con pintura azul y arrancaron algunas letras del nombre de Yeltsin. La reparación costó 2.5 millones de rublos (41.600 dólares). Las autoridades locales incluso tuvieron que establecer un puesto especial de vigilancia para evitar que ese vandalismo se volviera a repetir.