Experiencias culinarias para un viaje en el Transiberiano

Fabio De Leonardis
Al partir, muchos viajeros del Transiberiano esperan paisajes extraordinarios, ciudades pintorescas y bosques inmensos. Pocos se dan cuenta de que también les espera toda una serie de aventuras culinarias. RBTH ha seleccionado tres visitas gastronómicas a muy buen precio.

Perm: el discreto encanto de los posikunchiki

Y ¿qué son los “posikunchiki”? Esa es una pregunta que seguramente harás si visitas Perm por primera vez (a 1.154 kilómetros de Moscú). Estos apetitosos snacks se encuentran por todas partes en la región de Perm y el noroeste de la región de Sverdlovsk, aunque son prácticamente desconocidos fuera de aquí. Se trata de un plato tradicional de los Urales: los “posikunchiki” son pequeñas empanadillas de masa frita con un relleno de carne picada y cebolla, que parecen una versión mini de los “chebureki”, unos rollitos fritos rellenos de carne. Los amantes de la cocina italiana notarán también su parecido con los “panzerottini”, una especie de pizza doblada, o pequeños “calzoni” con relleno de tomate y mozzarella o carne que se encuentran en Apulia y que, al igual que los “posikunchiki”, se comen con las manos. En Perm encontrarás muchos sitios donde degustar “posikunchiki”, pero los más ricos se sirven en Postoyali Dvor, un pequeño restaurante en la pintoresca aldea de Jolojlovka (a 45 kilómetros al norte de Perm). Es el lugar ideal para un tentempié tras visitar el Museo de Arquitectura y Etnografía, un museo al aire libre que se encuentra a poca distancia.

Pozi: el sabor de la estepa en el lago Baikal

Foto: Lori/Legion-Media

Una vez que llegues al lago Baikal, no hay manera de que no encuentres “pozi”: se venden por todas partes. También conocidos como “buuza” en buriatio o “buuz” en mongol, estas empanadillas de carne cocinadas al vapor son el plato más famoso de la cocina buriatia y mongola. En Buriatia incluso se celebran festivales dedicados a esta delicia.

Los “pozi” son parientes de las empanadillas chinas y tienen un nombre parecido en chino, “bao-dzi”, aunque en aspecto son similares a los “jinkali” georgianos y los “manti” tártaros y de Asia Central. Son albóndigas salteadas de carne picada de carnero o ternera, con hierbas y ajo o cebolla, envueltos en un saquito de masa con una abertura por arriba. Igual que con los “jinkali”, se comen con las manos y hay que beber la salsa del interior tras el primer mordisco. Si en tu viaje has planeado una estancia en Juzir, la ciudad más grande de la isla de Oljón (a 4.335 kilómetros de Moscú), haz una visita al Yurta, un café situado en la calle Pushkin. Como su propio nombre indica, es un pequeño café dentro de una yurta de madera. No dejes que te engañe su modesto exterior: es uno de los mejores sitios de la ciudad y sus “pozi” son absolutamente deliciosos.

Si te entra el sueño después de comer demasiados “pozis”, cruza la calle para llegar a la casa de madera con el mural de un viejo con barbas en la pared. Bienvenido al café de artista Juzir, donde encontrarás el que es probablemente el mejor cappuccino al este de los Urales. Saborea tu café en la terraza del piso de arriba, disfrutando de la suave brisa y de la tranquila música de fondo.

Jichini: descubrir la cocina karachái en Vladivostok

Foto: Lori/Legion-Media

Empieces o termines tu jornada en el Transiberiano en Vladivostok (a 6.416 kilómetros de Moscú), una buena manera de decir adiós a las puertas del Pacífico rusas es visitar el faro Tokarevski, situado en el extremo del golfo de Pedro el Grande. En el camino de ida (o en el de vuelta), puedes hacer una parada en Gorianka, un restaurante especializado en cocina karachái. Puede que la comida karachái no sea tan conocida como la georgiana o la armenia (aunque tienen en común los kebabs shashlik o las sopas de carne con especias), pero tiene su plato estrella: los “jichini”, unas tartaletas redondas similares a los “jachapuri” georgianos. Los “jichini” de este lugar son exquisitos, pero también hay que probar una sencilla sopa de carne y verduras. A menudo está lleno, pero el animado ambiente de la terraza veraniega hace que merece la pena la espera.

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