Asia y Oriente a través de los ojos de los artistas rusos (Imágenes)

Galería Tretiakov
Era habitual que los artistas rusos prerrevolucionarios viajaran por Europa, y algunos pasaron allí toda su vida. Pero otras almas intrépidas se sentían más atraídas por los paisajes bíblicos de Oriente Medio y el terreno inexplorado de la lejana Asia.

Vasili Vereshchagin (1842-1904)

Vasili Vereshchagin era un militar para el que la pintura era más bien un pasatiempo. Y son sobre todo sus cuadros de batallas los que le dieron fama. Viajó mucho con el ejército, incluso a zonas remotas del Imperio ruso. Dedicó toda una serie de cuadros a la región centroasiática del Turquestán (los actuales Turkmenistán, Kazajistán, Uzbekistán, Tayikistán y Kirguistán). El artista también viajó a la India y a China, donde pintó su cuadro más famoso (y macabro) La apoteosis de la guerra. Le siguieron viajes a Oriente Medio, Siria y Palestina.

Cazador kirguís rico con halcón, 1871

En las montañas Alatau, 1870

Ruinas de un santuario chino. Ak-Kent, 1870

Migración de los kirguises, 1870

Calle principal de Samarcanda desde la altura de la ciudadela a primera hora de la mañana, 1870

El paso de Barskaun, 1869-1870

Se regocijan, de la serie de Los bárbaros, 1872

Las puertas de Timur (Tamerlán), 1872

El mulá Rahim y el mulá Kerim se pelean de camino al bazar, 1873

Vasili Polénov (1844-1927)

Vasili Polénov era un apasionado de la pintura religiosa. Para su proyecto de fin de carrera en la Academia Imperial de Artes, pintó Cristo resucita a la hija de Jairo (1871), por el que recibió el primer premio, una gran medalla de oro. Una década más tarde se embarcó en un gran viaje a Oriente Medio, donde visitó muchos lugares bíblicos e hizo numerosos bocetos de los paisajes, la arquitectura, los rostros y las ropas locales. De estos bocetos surgió su principal creación: el cuadro Cristo y el pecador (comprado por el propio zar Alejandro III). A finales de la década de 1890, viajó de nuevo a Palestina, Siria y Egipto para recopilar material para su gran ciclo de pinturas De la vida de Cristo, que situaban los temas bíblicos en escenarios al aire libre.

Beirut, 1882

Belén, 1882

Haram al-Sheriff, el lugar del antiguo templo de Jerusalén, 1882

Iglesia de Santa Elena. La capilla de la Iglesia del Santo Sepulcro, 1882

Cristo y el pecador, 1888

En el Mar de Tiberíades (Lago de Genesaret), 1888

Decidimos ir a Jerusalén, 1890. De la serie Vida de Cristo

Santiago y Juan, 1890. De la serie Vida de Cristo

Entre los maestros, 1896. De la serie Vida de Cristo

Estaba lleno de sabiduría, 1896. De la serie Vida de Cristo

Estuvo en el desierto, 1909. De la serie Vida de Cristo

Alexander Yákovlev (1887-1938)

En 1917, el joven artista Yákovlev, que ya había visitado Italia, recibió un estipendio para viajar a Asia. Exploró el Extremo Oriente ruso y viajó a China y Japón. Mientras estaba en Pekín, se conoció la noticia de la revolución rusa, por lo que abandonó Asia inmediatamente, pero no para dirigirse a su patria, sino a París. Más tarde, a principios de la década de 1930, Yákovlev participó en la Expedición Amarilla del automóvil, organizada por Citroën para promocionar sus vehículos. Se trajo más de 800 obras del viaje, que se expusieron en muchos países del mundo y que más tarde se publicaron en un álbum independiente titulado Bocetos de Asia.

Pescador asiático

La batalla de los guerreros. Teatro japonés

Calle en Japón, 1919

Ópera en Pekín, 1918

En el desierto de Afganistán, 1931

Caravanserai en Afganistán, 1931

Visita del Lama, 1933

Mongoles, 1933

Nicolás Roerich (1874-1947)

Uno de los artistas rusos más famosos y misteriosos, Nicolás Roerich es, para muchos, principalmente asociado con sus paisajes del Himalaya. Como historiador y arqueólogo, viajó por toda Rusia. Poco a poco, su interés se extendió a Oriente, donde comenzó a estudiar el budismo y la filosofía oriental. Tras la revolución de 1917, Roerich, ya en el extranjero, no regresó a su patria. En 1923 se embarcó en un gran viaje por Asia, que incluyó la India, Cachemira, China y el Tíbet. Durante la expedición, llevó a cabo investigaciones etnográficas y arqueológicas y, por supuesto, produjo muchos cuadros. Roerich realizó otro viaje posterior a China, tras el cual se trasladó a la India, donde permaneció el resto de su vida.

Buda victorioso, 1925

Caballos rojos (Caballos de la felicidad), 1925

Agni Yoga. Díptico, 1928

Krishna (Primavera en Kullu), 1930

Monte de los Cinco Tesoros (Dos Mundos), 1933

Jelep La. Frontera del Tíbet, 1936

Estrella del héroe, 1936

Mongolia. Campaña de Genghis Jan, 1937

Kanchenjunga, 1944

Ladaj (Monasterio de Lamayuru), 1947

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