‘Cuna literaria’, faro para la comunidad rusófila en España

Voui Letaunt
El proyecto aviva el interés por las letras rusas.

En Madrid hay una comunidad rusófila activa y potente. Una red de personas diversa, cohesionada y hermanada por las letras rusas. Se reúnen para hablar, viajar, tomar cañas... y compartir sus impresiones sobre Chéjov, Ajmátova o Dostoievski. “Une mucho leer literatura rusa. Somos pocos pero tercos. Y hacemos ruido”, dice Macarena Berjano, una de las principales forjadoras de esta comunidad.

No es exagerado decirlo. Gracias a su pasión y buen hacer comenzó Cuna Literaria. “Nace en 2017 como una plataforma cultural que busca el acercamiento y la promoción de la literatura y la cultura eslavas en España. Tiene la vocación de despertar el espíritu crítico y de abrir fronteras”, explica. En 2019 se realizaron cinco eventos, todos ellos por iniciativa personal y sin el apoyo de ninguna institución pública ni privada. Todos ellos plagados de entusiasmo.

Por un lado, está The Russian Club, el germen del que surgieron el resto de actividades. Un club de lectura que hace un recorrido heterodoxo por la literatura rusa. Se alterna la lectura de un clásico del XIX con un autor contemporáneo o del siglo XX. Alrededor de veinte personas se suelen reunir en un cocktail club eslavo en Malasaña, el V. Manneken, para comentar la última lectura. Tras este encuentro llega la Jarana Literaria, o sea, la fiesta. “Está abierto a todo el mundo, un espacio más distendido e informal, para conocer tanto las letras rusas como a gente interesada en ellas”, explica Macarena. Así comienzan a surgir las sinergias, los encuentros necesarios y los giros del azar.

Una sesión de The Russian Club en V. Manneken

Pero no queda ahí. Hay otro evento que busca reivindicar autores menos conocidos para el público español. Se trata de Voces Rusas y se celebra no lejos del anterior local, en Bastardo Hostel. Hasta ahora se han hecho tres ediciones. La primera se tituló Tomad su voz y se centró en tres autoras -Nadezhda Teffi, Anna Ajmátova y Marina Tsvietáieva- que comparten en su obra el exilio y la convulsión del siglo XX ruso. La protagonista de la segunda edición fue Baba Yagá, una popular bruja del folklore eslavo desconocida en España. La tercera edición fue la Oda a Tolstói, un emotivo recorrido-homenaje que abarcó tanto su obra literaria como ensayística. “Su legado no se conoce con tanta profundidad. Es más conocido como autor de Guerra y paz y Anna Karénina”. En esta ocasión la traductora Selma Ancira fue la invitada de honor, que acaba de traducir El camino de la vidadel clásico ruso.

Además de la literatura rusa, el hilo común de estos eventos es el arte de hacer bien las cosas. Macarena explicita que “hay un afán por evitar el encorsetamiento y los eventos que tienden a la verticalidad”. En los eventos el público tiene ocasión de leer fragmentos de obras escogidas. “Es importante que la gente que viene como público se sienta partícipe. Una manera de hacerlo es que no sea un mero espectador, así que participa poniendo voz. Es algo colectivo”, explica la organizadora. También está Amets Contese, que diseña los carteles, las editoriales independientes, los traductores. Todos ellos forman parte de la comunidad.

“Hacemos colaboraciones con editoriales independientes. Héroes a menudo anónimos de la sociedad actual: Automática editorial, Sexto Piso… En el evento de Tolstói estuvieron presentes Nórdica Libros, Acantilado y Reino de Cordelia. Se vendieron 30 o más ejemplares. Ese es mi objetivo, si la gente, después de venir agarra un libro de Tolstói y quiere leerlo… Ese es el mayor éxito... Y si encima ayuda a editoriales independientes, mejor. Poder colaborar con ellos es un honor y un privilegio. Los grandes grupos editoriales se convierten a menudo en un cajón de sastre, naufragan en un mercado en el que la rentabilidad económica es el primer y único fin”.

Por otro lado, están los traductores. Cavafis decía que son ellos quienes han creado la literatura universal. “Reivindico el papel de los traductores: Selma Ancira, Víctor Gallego Ballesteros, Marta Rebón, Marta Sánchez-Nieves... Son un núcleo fundamental de personas en el panorama cultural español. Su trabajo es imprescindible y me encantaría poder hacer un evento dedicado a la labor de la traducción de la literatura rusa al español”.

Macarena reconoce que el balance de lo hecho hasta ahora es muy positivo. “Ha ido creciendo de manera exponencial. Se han creado sinergias con actores de la escena cultural nacional e internacional. Es una comunidad que existe y está en pleno crecimiento. Y en el 2020 habrá sorpresas. Un giro de guión muy bueno”.

En realidad ella es una apasionada del siglo XIX. Da la impresión de que en sus ratos libres charla con Emilia Pardo Bazán, Pushkin o Gógol y otros artistas de la época. Habla de ellos con devoción y familiaridad.

“Tolstói fue el primer hilo del que tiré de la gran madeja rusa. A través de él comienza mi investigación. Los autores del Siglo de Oro ruso emprendieron un viaje hacia al interior del alma humana. Hay una especie de conocimiento intuitivo, casi místico, de la búsqueda de la verdad, que es apasionante. Me gusta cómo lo dice Antonio Fernández Escobés en el prólogo de La literatura rusa, los ideales y la realidad, (La Linterna Sorda) de Piotr Kropotkin. ‘La literatura rusa es el abismo a las profundidades del ser humano. El abismo va a existir aunque los ojos no lo vean’. Entrar en las letras rusas es adentrarse en un abismo, es difícil, es complejo, pero sigue estando aunque cierres los ojos”.

Macarena Berjano junto al escritor y periodista Daniel Utrilla en una de las ediciones de The Russian Club.

El interés que tiene en la literatura trasciende lo meramente literario y tiene una dimensión social. “Me parece que la literatura rusa tiene mucho que aportar. Desde el siglo XIX tiene un alto sentido de la humanidad. Los autores desconocían la fórmula europea del arte por el arte e intentan crear una literatura que libere al pueblo. De esta forma, los escritores rusos formaron una intelligentsia comprometida con lo que ocurría en ese momento”. Así, Macarena explica que, “en esta época de nacionalismos exacerbados Cuna Literaria tiene la vocación de mirar hacia otras culturas y aprender de la propia a través de otras. En España nos miramos demasiado al ombligo. Por su tendencia al cosmopolitismo Emilia Pardo Bazán me parece un buen referente. Fue la primera mujer que dio una conferencia en el Ateneo de Madrid en 1887 y su charla se tituló La revolución y la novela en Rusia.

“En esta sociedad donde todo va rápido, la lectura es una propuesta más pausada. Vivimos en una época en la cual se desdibuja el concepto de verdad completamente, inmersos en una inmediatez que devora los últimos vestigios de las humanidades. Me parece que leer autores como Chéjov, Dostoievski, Ajmátova a la manera samizdat -de mano en mano, de boca en boca-, es una acto revolucionario”. ¿A quién no le entran ganas de leer, de unirse al club?

Más información sobre Cuna Literaria aquí

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