Estas pequeñas muñecas siberianas te ablandarán el corazón (Fotos)

Irina Verjgrádskaia de Novosibirsk hace pequeñas figuras de personas y objetos domésticos que representan escenas de la vida cotidiana rusa. Incluso trabajando a esta escala, logra transmitir las emociones más fuertes.

A Irina le ha gustado desde niña coser muñecas y hacerles ropa. Pero en los últimos 15 años ha estado trabajando con materiales más complejos. Según ella, el plástico y la arcilla polimérica hacen que las figuras tengan un aspecto mucho más realista.

“Cada figura no es sólo una muñeca, sino una persona con su propio destino que comparto con mi personaje, mientras los creo”, dice ella.

La artista hace personajes literarios e históricos, así como modelos para trajes nacionales y escenas de género.

Todo está pensado hasta el más mínimo detalle, ya sean unas huellas, una sartén quemada,  un mantel a cuadros...

...o el logotipo más pequeño en un paquete de té.

Las muñecas en miniatura de Irina son gente corriente con sus preocupaciones, alegrías y penas cotidianas.

Algunas de las escenas están tomadas de su propia infancia. Por ejemplo, recordó cómo su madre le cosió un vestido para una fiesta de Año Nuevo. La artista representó este recuerdo.

O una abuela, que habla con una foto de su nieta mientras ella está lejos. La precisión de los detalles es sorprendente y todo parece auténtico: el armario viejo, la bola de hilo, el caramelo, e incluso el calendario.

Irina es especialmente buena haciendo figuras de ancianos. Su serie más conmovedora, “Mis queridos ancianos”, representa cómo viven las personas mayores hoy en día, con todos los detalles del hogar.

Algunas escenas te hacen llorar. Así es como los usuarios de medios sociales reaccionan en ocasiones a las obras de arte de Irina.

Irina puede contar muchas cosas sobre las historias que esconden sus estatuillas. Por ejemplo, una vez encontró un volumen de El vizconde de Bragelonne de Alexander Dumas que pertenecía a una pareja de ancianos. El libro estaba un poco desgastado, como si se hubiera leído y releído muchas veces. Irina se inventó una escena en la que una anciana pelaba patatas mientras su marido leía su novela favorita en voz alta.

Una de sus obras favoritas de la autora se llama El día más feliz. Se trata de una escena en la que una novia ataviada con un vestido blanco abraza a su abuela.

Irina admite que su trabajo es a menudo demasiado emocional y difícil de hacer. A veces tiene que parar para poder calmarse.

Irina dedicó varias escenas al Día de la Victoria, que una conmemoración importante para las generaciones mayores en la Rusia actual.

Irina dice que está muy contenta cuando lee comentarios y recibe feedback sobre sus obras de arte.

Mucha gente agradece a Irina, compartiendo sus impresiones, y explicándole que después de ver su trabajo, inmediatamente se apresuraron a llamar a sus abuelos...

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