Moscú como Buenos Aires. ‘Hace unos 20 años traje a Rusia el tango argentino’

Daniel Tuero e Irina Ravínskaia.

Alexánder Víbornov
Valentina Ustínova, bailarina y coreógrafa, organizó la primera lección de tango en la historia de Rusia en 1998. Actualmente Moscú es una de las capitales internacionales del tango, junto con París y Berlín. Muchos bailarines rusos han ganado premios y concursos internacionales.

Dos miradas que se cruzan. Se encuentran. Se eligen. Ella se levanta y él, sosteniendo su brazo, la acompaña a la pista. Resuenan las notas de tango y las parejas se abrazan, al ritmo atemporal de D'Arienzo y su orquesta. No estamos en Buenos Aires en los años 40, sino en el Moscú de hoy, esquivo y frenético, que en estos lugares encuentra un refugio, en milongas donde el espacio y el tiempo parecen otros y no es necesario cerrar los ojos para redescubrirlos. Ambientes como el que había en La Boca a mediados del siglo pasado.

Max Izvékov e Katia Zak.

Muy pocos lo saben, pero la capital rusa es una de las ciudades más famosas del tango. Al igual que en París y Berlín, los mejores maestros argentinos vienen aquí, se celebran festivales internacionales y cada año emergen jóvenes profesionales locales que sobresalen. Ligas más cotizadas.

Luis Squicciarini y Alexandra Stádnik.

El mérito de este éxito revolucionario se debe principalmente a una mujer: la primera que, hace exactamente 20 años, importó esta danza “escandalosa” y semidesconocida a Rusia.

A comienzos del año 1998 Valentina Ustínova, bailarina y coreógrafa teatral, organizó en Moscú la primera lección de tango en la historia de Rusia. “Vinieron unas 15 personas a la reunión. Más mujeres que hombres, con edades comprendidas entre los 25 y los 35 años. Y si lo pienso ahora, me doy cuenta de que lo que se mostró en ese momento no era exactamente tango, sino una versión coreografiada”, dice Valentina, que ha dedicado su vida al baile. “Para las personas que crecieron en la época soviética, el tango no era más que una secuencia de pasos estereotipados como los que se ven en las películas, que se dan entre rosas. Tomó mucho tiempo que la gente entendiera que no era así”.

Al principio fue la música. El primer acercamiento que Valentina tuvo con este arte, hoy Patrimonio de la Humanidad, fue a través de un CD que le habían dado varios años antes de la caída de la URSS. “Escuché y escuché la música. ¡Me gustó realmente! Pero no vi el baile hasta que fui de viaje a Amsterdam. ¡Me quedé fascinada!”.

Valentina volvió de su viaje por Europa con otros discos de tango en su maleta, lo que era una auténtica rareza para la época. “A algunos estudiantes que asistían a mis clases de danza moderna en ese momento les pedí que los escucharan, ¡y ellos me pedían que organizara un nuevo curso! Se habían enamorado del tango argentino”.

En Moscú el primer grupo se creó a finales de los años 90. “En realidad, nadie en Rusia conocía el baile. Nos limitábamos a mirar las pocas películas que había disponibles y a copiar los pasos, en una secuencia coreografiada de movimientos que no tenían nada que ver con la profundidad de las sensaciones típicas del tango”. Bailaron así durante un año, viendo grabaciones antiguas y reproduciendo pasos y figuras. “Luego vino un joven ruso, que había vivido en EE UU y nos contó lo que había visto al otro lado del océano”.

Pero no fue hasta los años 2000, cuando llegaron a Moscú los primeros bailarines argentinos y enseñaron lo que era realmente el tango. “Hasta ese momento teníamos muy poca información. Luego vino un tal Eduardo, que nos explicó la importancia del abrazo, la guía del hombre. Nos habló de los códigos, de la mirada y del cabeceo. Fue el comienzo de la gran tradición del tango en Rusia”.

Alexandra Stádnik.

A partir de ahí todo fue un crescendo. Poco a poco se abrieron las primeras escuelas, administradas por  los “dinosaurios” de tango local como Alexánder Vystgof y Anna Ziúzina. De hecho, a ellos les corresponde el mérito de llevar a Moscú, y de allí a todas las grandes ciudades del país, los maestros argentinos, desde Horacio Godoy hasta Alejandra Mantinian.

Hoy, 20 años después de que esos primeros e inciertos pasos se movieran frente a una grabadora de video, en Moscú bailamos todas las noches y hay más de 30 escuelas. Las milongas están llenas de bailarines, que son muy jóvenes en comparación con la edad habitual de otras ciudades europeas. Y al igual que en muchos otros sectores, los rusos, cuando empiezan con una cosa, destacan, incluso en los campeonatos internacionales de tango.

“En Moscú hay muchas más oportunidades para bailar que en otras ciudades de Europa”, dice Anna Ziúzina, propietaria de la escuela Tango Mio. Existe un vasto mercado y una gran variedad, lo que genera una sana competencia. Así nacieron los grandes bailarines rusos de tango”.

Desde Tulaa Vorónezh, desde Ekaterimburgo a Vladivostok, en tan solo 20 años, la fiebre del tango ha infectado a todo el país, en un viaje entre pasiones que, una vez emprendido, no tiene vuelta atrás.

Evguenia Samóilova y Luis Squicciarini.

Dónde bailar tango argentino en Moscú

Milonga Aviator, todos los lunes

Milonga Me Gusta, todos los martes

Milonga Fernet Night, todos los miércoles

Milonga Medialuna, todos los jueves

Milonga Ideal, todos los viernes

Milonga Bien Porteña, todos los sábados

Milonga Brava, todos los domingos

Dónde aprender

Escuela La Milonga Planetango

Escuela Dom Tango

Escuela Tango Magia

Escuela El Centro

Aquí te contamos cómo esta pareja rusa ha triunfado en el mundo del tango.

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