Cómo volver a la URSS sin salir de América Latina

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Mucha gente en América Latina tiene nostalgia por la URSS (a los rusos también nos pasa a veces). Es un país que ya no existe y no volverá, pero no por ello deberíamos dejar de soñar con emprender un viaje a la mítica Unión Soviética. ¿Cómo hacerlo desde América Latina? Les ofrecemos algunos consejos.

1. Respetar el subbótnik

Fuente: Sergej Kiselyov/ Agentstvo MoskvaFuente: Sergej Kiselyov/ Agentstvo Moskva

Trabajar gratis los fines de semana en beneficio de la patria. Esta costumbre revolucionaria que en principio fue acogida con gran entusiasmo, poco a poco se convirtió en una obligación de los hombres soviéticos. El nombre de este fenómeno, subbótnik, viene de la palabra “sábado” en ruso (subbota).

2. Vodka y nada más que vodka

Fuente: Marina MironovaFuente: Marina Mironova

Los obreros soviéticos no tenían mucho aprecio a aquellos que presumían de tener en casa un buen vino (casi siempre regalado por un amigo con grandes influencias). Eso de las bebidas alcohólicas que no fueran vodka no gustaba mucho a los soviéticos. Era mucho más que una bebida: en realidad era una auténtica prueba de resistencia (se apreciaba que uno no se cayese y no inclinase al levantarse de la mesa) y de amistad. “Me respetas, Volodia?”, solían preguntarse después de una gran fiesta. “¿Me respetas o no?”. Cabe señalar que habitualmente un “no” podía provocar una pelea.

3. Hacer gimnasia en la oficina

Fuente: Arkadiy ShaikhetFuente: Arkadiy Shaikhet

Los soviéticos siempre estaban en forma. Para ello, la cadena “Radio-1” emitía a diario (desde 1961 hasta 1991) un programa especial con un nombre realmente motivador: “Gimnasia industrial”.

Cuando a las 11 de la mañana arrancaba el programa las fábricas, las empresas y los hospitales paraban su trabajo durante diez minutos (hasta las 11.10h) para que los trabajadores pudieran estirar las piernas y la espalda.

4. Regalar flores a las mujeres

Fuente: Elena PochetovaFuente: Elena Pochetova

Esta costumbre no solo se debe el 8 de marzo, el Día Internacional de la Mujer, sino siempre cuando se lo pida su mujer. Así eran las reglas en la Unión Soviética.

5. A la dacha

Fuente: Vladimir Smirnov / TASSFuente: Vladimir Smirnov / TASS

Casi todas las familias soviéticas recibían de Estado (de manera absolutamente gratuita) un terreno para tener una huerta y construir una modesta casita de madera o ladrillo. A eso lo llaman dacha. La obsesión de los soviéticos por su “casa del campo” (que a veces no tenía casa o tenía muy poco campo) fue tal que las familias pasaban todos los fines de semana, de mayo a octubre, trabajando en la huerta. Así que la pregunta que solían hacer entre sí: “¿A dónde vais este fin de semana?”, en realidad no tenía mucho sentido, ya que la respuesta siempre era la misma: “A la dacha”.

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