Cómo sobrevivir a una cata de vodkas

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Frío, solo, no agitado y con algo de guarnición; como sugerencia, por si el agente 007 o alguna heroína de película no están cerca para salvar al ‘plumilla’ que ingiere 12 exquisitos tragos.

Tienes un taller por la tarde el viernes, te dice el redactor jefe. No hay nada que hacer, cuando a un periodista le asignan un cometido, no vale excusa. Eso sí, cuando el tema a abordar es una cata de vodkas, los mejores de Rusia, solo puede hacer una cosa: bebérselos e intentar escribir, por los lectores y porque el deber es el deber.

No nos vamos a engañar, asistir y contarlo no es tarea fácil. Hay que mantener la atención, lo que es inversamente proporcional a la cantidad de muestras que se van degustando. Nada más sentarse a la mesa, el maestro de ceremonias, Leonid Gelibterman, presidente del Centro Internacional Enogastronómico, explica con calma que hay que afinar los sentidos. Al igual que el vino, al probar el vodka es importante fijarse en el color, el aroma y el sabor. Así que antes de perder la vista, tratamos con esmero de distinguir los diferentes matices del espeso y transparente líquido. Confiamos en poder hacerlo mejor con la práctica... 

Antes de empezar, hay que pellizcar (y llevarse a la boca) el pan negro que acompaña al coperío: 12 pequeños vasos vacíos listos para ser rellenados del mejor vodka del país de los zares. El pan es una especie de cinturón de seguridad y hay gente que no lo mastica, que simplemente lo deja disolver en la boca. Otra sorpresa, no hay brindis: esto es serio; estamos en clase y el material a servir oscila entre los 40 grados y los 58, así que a escuchar (digamos, atender).

En un principio, los alumnos seguimos con atención las instrucciones mientras comienzan a servir. El vodka ha de servirse solo; los cócteles son un invento un tanto peliculero, parece. Se habla de la importancia de la calidad del agua a la hora de elaborarlo, de los procesos de destilación, de los posibles maridajes...

–Está rico, dice el továrich de la derecha. Eso sí, ya surgen las primeras risas. Tras degustar un vodka Leyenda del Kremlim, llega el Imperial Collection Gold. Dicen que todos son de categoría super-premium. Algo que se nota en el escaso escozor que provocan en la garganta, pero que el experto nos recuerda que también es una estrategia de marketing. Después de dos ya es posible descubrir (¿imaginar?) matices en el sabor...¿Tomaré un poquito más?

Afortunadamente, no pasa solo. Hay un plato de zakuski, aperitivos, más allá del pan que los aplicados alumnos han intuido que deben seguir ingiriendo. Es lo tradicional y recomendable, comer entre sorbo y sorbo para contrarrestar el sabor y equilibrar la potencia del vodka “a pelo”. Lo mejor para acompañar, dicen, es el salado: pescado ahumado, tocino, pepinillos, ensalada de col. Y la cata sigue con exquisitos chupitos de Siberia, Tartaristán. Todo un viaje por la ancha geografía rusa. ¡uf¡. Con el del Volga, los aprendices, ya entre risas, empezamos a intentar distinguir más aromas, cada vez más frescos (ellos) sugiere alguien. 

De los vodkas –cinco- se pasa a los destilados, llegan el Polugar y Samogón, que llenan las copas sexta, séptima, octava y así hasta la duodécima; siempre frías; ellas, el personal cada vez más ruidoso y lleno de soltura.

Empiezan las divagaciones. “Si te tomas unos cuantos, no tienes jamás dolor de estómago: el alcohol mata cualquier cosa”, explica un atento estudiante que sigue las instrucciones de catar todo lo que se ponga sobre la mesa. “Es muy bueno para curar las infecciones de garganta”, dice otro.

Mientras, el buen profesor sigue contándonos: “¿A quién le gusta más este trago con tomates? ¿A quién con pepinillos?”. Se levantan manos sin saber bien qué decir, entre otras cosas porque ya vamos llegando a la “artillería pesada”, tragos con un 58% de volumen de alcohol, exquisitos... Es curioso, el último no es transparente, o eso cree quien escribe. Se oye decir que así era antiguamente, pero no estamos seguros... De hecho, el complejo idioma eslavo cada vez se entiende más,  efectivamente este licor es color miel y tiene aromas de regaliz...

El abecé del vodka

* El vodka transparente que conocemos actualmente tiene su origen en el siglo XIX.


* Recomiendan tomarlo solo, sin mezclar con limón u otros brebajes. El único acompañamiento que requiere son aperitivos: pepinillos, tomate el salmuera, tocino, etc.


* La palabra “vodka” (que en ruso es femenina: “la vodka”) tiene la misma raíz que vodá, agua. El término se consolidó entre los siglos XIV y XV y fue cambiando de sentido con el tiempo. El primer significado que tuvo fue “vino” pero en los siglos XIX-XX empezó a utilizarse para designar bebidas alcohólicas de fuerte graduación producidas por la fermentación de grano o patata.

 

RBTH recuerda que el consumo de alcohol es perjudicial para su salud
 

 

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