Moscú acoge exposición sobre el arte gráfico mexicano de la primera mitad del siglo XX

Víktor Penzin junto al embajador Rubén Beltrán Guerrero durante la ceremonía de la inauguración de la exposición

Víktor Penzin junto al embajador Rubén Beltrán Guerrero durante la ceremonía de la inauguración de la exposición

Román Kiselev
La muestra inaugurada el pasado 3 de septiembre en la galería "En Kashirka". Se recogen obras de José Guadalupe Posada y del Taller de Gráfica Popular.

Víktor Penzin, director artístico del Museo de Gráfica Popular de Moscú junto al embajador Rubén Beltrán Guerrero durante la ceremonía de la inauguración de la exposición. Fuente: Román Kiselev (13)

La muestra inaugurada el pasado 3 de septiembre en la galería "En Kashirka". Se recogen obras de José Guadalupe Posada y del Taller de Gráfica Popular. 

En el siglo XX, uno de los fenómenos más significativos de la cultura mundial fue el arte que se desarrolló en Latinoamérica, especialmente en México. La dramática historia de este país está plagada de cruentas invasiones, asesinatos, de despiadadas opresiones de grupos étnicos.

Los acontecimientos históricos definieron el contenido del arte gráfico mexicano, estrechamente ligado a la vida social y política.

Según el embajador, estas obras muestran la voluntad y el sufrimiento del pueblo, así como su deseo de avanzar. En él encontramos el profundo significado y los puntos de encuentro que existían y siguen existiendo entre Rusia y México, así como entre el arte de ambos países.

La exposición se celebra en el contexto del 125º aniversario del establecimiento de relaciones diplomáticas entre Rusia y México.

El inicio del arte gráfico mexicano tiene lugar con el grabador del siglo XIX José Guadalupe Posada, que trabajó como ilustrador en periódicos, primero en ciudades de provincias y después en México D.F. Tallaba escenas cotidianas, ilustraciones y caricaturas en madera, en total cuenta con más de 15.000 grabados. Posada se postuló como artista en unos años de reacción y al final de su vida se convirtió en el primer artista de la Revolución, los grandes maestros del arte mexicano se inspiraron en él y son en gran medida sus herederos.

En 1937 surgió el Taller de Gráfica Popular, cuyos fundadores fueron Luis Arenal, Pablo O'Higgins y Leopoldo Méndez, quien se convirtió en el director del Taller.



La actividad de este grupo comenzó con la creación de grabados en apoyo a la España republicana contra los golpistas e intervencionistas fascistas. El Taller recibió un gran apoyo de Siqueiros y pronto alcanzó una amplia reputación y se ganó el amor del pueblo mexicano. Las creaciones de los artistas del Taller de Gráfica Popular tuvieron una gran influencia en la ilustración de toda Latinoamérica y en la creación de muchos maestros de la ilustración en los países de Europa y Asia.



La técnica principal para los artistas del Taller es el grabado en linóleo, aunque muchas grandes obras se realizaron mediante litografía y en otros materiales gráficos.

La colección “gráfica de México” se creó como resultado de muchos años de creación artística y exposiciones organizadas entre los artistas del Taller de Gráfica Popular y el Taller de Gráfica Popular “Lubok soviético”, dirigido por Víktor Penzin, artista gráfico, actualmente presidente de la Academia de Arte Popular y director artístico del Museo de Gráfica Popular de Moscú.



Por el Taller pasaron una infinitud de grandes artistas, entre ellos Alberto Beltrán, amigo de Víktor Penzin y conocido maestro del relato ilustrado.

En la inauguración de la exposición, Penzin narró sus recuerdos de su viaje a México, su encuentro con Alberto Beltrán y la exposición que llevó a México desde la URSS.

Según Penzin, el día en que se reunió con Beltrán, ambos se convencieron por primera vez de la existencia de un Dios del arte gráfico. Víktor Penzin expresó su deseo de echar un vistazo al Taller, pero era tarde, cerca de las 12 de la noche, y todo estaba cerrado. Sin embargo, después de haber viajado a través del océano, no pudo ceder y acabó convenciendo a Beltrán para ir.

Al entrar en el Taller, encontraron un enorme candado en la puerta. Víktor Penzin dijo que, “si existía un Dios del arte gráfico, la puerta se abriría en cinco minutos”. Pasaron 180 segundos, tres minutos, y de pronto un artista se acerca a la puerta con las llaves y les dice que había decidido quedarse trabajando aquella noche. Las puertas se abrieron y Penzin, estupefacto, vio la máscara de Méndez, toda ella brillante por el contacto de las manos de todo el que se le acercaba, que consideraba necesario tocar la obra maestra.

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