La influencia de Don Quijote en la historia del Imperio ruso

El 9 de junio se inauguró una exposición que conmemora el 400 aniversario de la publicación de la versión completa de la novela de Miguel de Cervantes ‘El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha’.

 

Museo-reserva de Tsarítsino. Fuente: Román Kiselev

La exposición muestra el recorrido de la novela por Rusia desde su aparición en el país durante el reinado de Catalina II (que se extendió de 1762 a 1796), gran aficionada a las novelas de caballería, y revela la quijotesca rusa.

La primera traducción al ruso del libro de Cervantes apareció en 1769, más de 150 años después de su publicación en España.

Madrid 1782. De la Biblioteca Imperial del Hermitage. Fuente: Román Kiselev

“Durante el reinado de Catalina, apareció la expresión ‘hacer el quijote’, que se puede leer en algunas cartas de la época”, explica la supervisora de la exposición Olga Barkovets. “Y, a finales del siglo XVIII, la novela ya estaba en todas las bibliotecas rurales. Fue una inmersión única en Rusia en un plazo tan corto”.

Resulta curioso que la primera traducción del libro al ruso se hizo a partir de una edición en francés, la cual era muy popular entre los intelectuales rusos de la época. La primera traducción del español la realizó en 1838 el escritor ruso Konstantín Masalski (1802-1861), conocido por sus novelas históricas.

“Las dos traducciones eran muy distintas. La del francés contenía muchas invenciones, reformulaciones, pero no era completamente Cervantes. Mientras que la traducción de Masalski se consideró la mejor durante mucho tiempo”, comenta Olga Barkovets.

Francia, 1848. Museo-reserva Peterhof. Fuente: Román Kiselev

Durante más de siglo y medio, la acogida de la novela de Don Quijote por la opinión pública rusa experimentó numerosas transformaciones, ejerciendo una considerable influencia sobre la ideología de muchos hombres de Estado y personalidades públicas.

Dos salas están dedicadas a la personalización histórica de Don Quijote en Rusia —en las figuras de dos emperadores— y hablan de sus doncellas, de sus gustos y de sus tendencias políticas. Pablo I (1754-1801) pasó a la historia como el ‘Don Quijote Ruso’, mientras que Nicolás I (1796-1855) era conocido como el ‘Don Quijote absolutista’. Tal fue la influencia que esta novela ejerció sobre sus caracteres, sus pasiones y su proceder, que a pesar de las diferencias de ideología, padre e hijo fueron bautizados por sus contemporáneos como ‘Don Quijote’.

Abel Murcia, director del Instituto Cervantes, la directora de la reserva de Tsarítsino Natalia Samóilenko (en el centro) y la supervisora de la exposición Olga Barkovets (a la derecha) bajo un retrato del zar Pablo I. Fuente: Román Kiselev

“Uno y otro eran grandes aficionados a todo tipo de historias de caballería, leían este género de novelas y su carácter dejaba entrever ciertos trazos de locura”, comenta la directora de la reserva de Tsarítsino, Natalia Samóilenko.

Una de las salas está dedicada a los bailes y los duelos, donde mejor se percibe la admiración del caballero por su doncella y su afán por defender su honor y dignidad con la propia vida.

“Los bailes, la caballerosidad y la relación con su doncella conforman la esencia de Don Quijote”, afirma Olga Barkovets.

Fuente: Román Kiselev

La última sala de la exposición muestra la influencia ejercida por la novela de Cervantes en la literatura y el teatro rusos. La novela dejó una marca imborrable en la obra de I. S. Turguéniev,  de F. M. Dostoievski y de muchos más escritores.

El gran ‘Don Quijote’ de los escenarios rusos fue F. I. Shaliapin, quien en 1910 interpretó el papel principal en la ópera de Jules Massenet.

La exposición incluye ediciones raras de la novela —publicadas en distintas lenguas entre finales del siglo XVI y principios del XX—, numerosas ilustraciones y grabados, así como algunas pinturas, vestidos de baile, los trajes de fiesta de los monarcas rusos, armaduras, pistolas de duelo, cartas y notas de amor... En total hay cerca de 400 muestras procedentes de las colecciones del Hermitage, del Museo Estatal de Literatura, de las reservas de Peterhof, Pávlovsk, Tsarskoe Seló y Gatchin, del Museo Estatal de Historia y de otras entidades culturales.

José Ignacio Carbajal Gárate, embajador de España en Moscú, durante la inauguración oficial de la exposición. Fuente: Román Kiselev

“En Rusia siempre ha habido interés por la novela de Cervantes, desde la primera traducción hasta nuestros días”, comenta la directora del museo Natalia Samóilenko. “Y es que Cervantes fue un autor muy leído tanto antes como después de la revolución, y Don Quijote es una excelente figura para la adaptación al cine, la ópera y el ballet. Una figura que se ha convertido en una especie de mito en Rusia”.

La exposición se celebra en el año de la lengua rusa en España y española en Rusia con el apoyo de la embajada de España y del Instituto Cervantes de Moscú, y se prolongará hasta el 13 de septiembre de 2015.

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