“El espíritu de rebeldía de los estudiantes latinoamericanos era contagioso”

Fuente: PhotoXpress

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Alexéi Varlámov, renombrado escritor ruso y rector de la Instituto de Literatura Gorki, ha asistido a la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires. Se trata de su primer viaje a la región, pero su pasión por el mundo hispanohablante empezó en una Casa de Pioneros de la URSS.

Alexéi Varlámov (Moscú, 1963) filólogo y escritor. La fama le llegó en 1995 con la novela El acebuche. Ha sido galardonado con diversos premios, entre los que destaca el Solzhenitsyn, en 2000. El nacimiento (publicado originalmente en el año 1995) lo consagró definitivamente. Está publicado en Acantilado, traducido por Selma Ancira.

Su novela corta El Nacimiento está traducida al español. ¿Hay algún otro libro que desearía que fuera traducido para que el público latinoamericano?

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La verdad es que América Latina está presente en mis obras. Por ejemplo, el protagonista de la novela Kupavna está enamorado de Chile. La novela El 11 de Septiembre está basada en tres importantes acontecimientos que sucedieron esa misma fecha: el golpe militar en Chile, el ataque terrorista en EE UU y el día de la decapitación de Juan Bautista, que para los ortodoxos es el 11 de septiembre.

¿Cómo se acercó al español y a su cultura?

Todo empezó en los años 70 en Moscú. Como cualquier niño soviético, en mis tiempos de ocio yo iba a  la Casa de Pioneros donde se organizaban actividades de tiempo libre. Opté por aprender español sin pensármelo dos veces. Estudiaba en un prestigioso colegio inglés, que reprimía mi personalidad, y además iba muy mal con esa lengua.  En cambio, el español me resultaba muy exótico y atrayente.  En 1973 tuvo lugar el golpe militar en Chile. La Casa de Pioneros se llenaba de latinoamericanos. El espíritu de rebeldía de los estudiantes que lograron llegar a la URSS era contagioso.

Todavía sé de memoria todas las canciones revolucionarias: las de la Guerra Civil española, las del Comandante Che Guevara, etc. Admiraba a Salvador Allende. Pasaba días enteros imaginando que liberaba el lejano y desconocido Chile de Pinochet. El sueño comunista latinoamericano me resultaba mucho más romántico que la realidad soviética.

Un día mi profesor de español organizó un mitin contra el franquismo y nos advirtió de que después de participar en semejante evento nunca nos dejarían entrar en España. Cuando viajé a  Barcelona para la Feria del Libro me acordé de ese día.

Usted es el rector del Instituto de Literatura Gorki, una institución de educación superior dedicada a formar escritores.  Hoy en día están muy de moda los cursos y talleres de escritura. ¿Tiene algún consejo para los escritores amateur?

¡En la universidad no se puede aprender a ser escritor (entre risas)! Y mucho menos en cursillos de dos meses. Es imposible que uno se convierta en escritor, uno tiene que nacer escritor.

De los 80 estudiantes que entran cada año en nuestra universidad, solo hay tres o cuatro que se desarrollan como escritores. Lo que sí provee la universidad  es un ambiente propicio.

Es un oficio muy solitario y la comunicación sus otros escritores es muy  importante.

Los lectores en español siempre han tenido interés en los clásicos rusos del siglo XIX. Pero se desconoce la situación con la literatura rusa contemporánea.  En la Feria del Libro los lectores piden sugerencias sobre escritores rusos actuales. 

Me gustaría aclarar que la literatura contemporánea en Rusia no está pasando por ninguna crisis, como muchos suelen pensar. Me parece que el joven escritor Zajar Prilepin va a gustar al lector latinoamericano. Sus obras tienen un espíritu de rebeldía similar al de los estudiantes latinoamericanos de los años 70 y me fascinaba...  Merecen ser mencionados Yevgueni Vodolazkin, Román Senchin, Andrei Volos y Pavel Basinski.

¿Y qué piensa de los escritores argentinos? ¿Ha conocido el panorama literario del país en la Feria?

Es obvio que Jorge Luis Borges y Julio Cortázar son nombres canonizados para mí. En mi juventud el escritor argentino Alfredo Varela logró, no solo entrar en el mercado literario soviético, sino también recibir el prestigioso Premio Lenin de La Paz. Por supuesto, era comunista. 

Me llamó la atención que aquí, en su tierra, nadie lo conoce. Sin embargo yo conocí la lejana Argentina y, en particular, la cultura gaucha gracias a este escritor. En casa tengo una postal de Buenos Aires de los años 70.

En la Casa de Pioneros conocí a un estudiante argentino que estaba de visita en Moscú. Al regresar a Buenos Aires me mandó una postal con una imagen nocturna de Buenos Aires que decía: Aliosha, un día serás comunista. Nunca me convertí en comunista, pero esta postal la sigo guardando con mucha ternura. Fue lo que provocó mi interés por Argentina.

En una de las mesas redondas de la Feria del Libro comentó que le impresionó la cantidad de librerías que hay en Buenos Aires. ¿Qué opina sobre las nuevas tecnologías? ¿Está cómodo con ellas o prefiere el papel?

La verdad es que no soy muy amigo de nuevas tecnologías y aunque no soy nada nostálgico de los tiempos soviéticos, lo que sí añoro es la avidez por la lectura de los tiempos pasados...

En este sentido me encanta Buenos Aires. La cultura de las librerías sigue presente y por todos lados se ve a gente con libros. Me agrada saber que las librerías de esta ciudad resisten a los cambios de hábitos.

Entonces, ¿le gustaría ser publicado en papel en América Latina?

América Latina tiene un lugar muy especial en mi corazón. Digo más, mi primer amor fue una joven chilena. Para mí significaría mucho más ser publicado en América Latina que en cualquier otra parte del mundo.

Tags feria internacional del libro de buenos aires, alexéi varlámov, buenos aires, argentina, literatura contemporánea

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