Ingeniería soviética: el complejo trabajo de trasladar edificios completos

Fuente: Lori / Legion Media

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La arquitectura soviética no debe su magnitud y originalidad únicamente al talento de los arquitectos, sino también a la osada inventiva de sus ingenieros y constructores. RBTH hace un repaso de las soluciones de ingeniería y construcción más singulares que durante el siglo pasado hicieron posible el levantamiento, o conservación, de las edificaciones más importantes de Moscú.

La práctica del traslado de edificios ya existía en Rusia antes de la revolución. En la ciudad de Morshansk, provincia de Tambov, el siervo y carpintero Dmitri Petrov desplazó una iglesia de madera unos cuantos metros en 1812 porque en el terreno que ocupaba se había decidido construir un nuevo templo de piedra. En vez de demoler la antigua iglesia, decidieron cambiarla de sitio. 

Sin embargo, son pocos los ejemplos de este tipo antes del primer tercio del siglo XX. Fue durante la época soviética cuando esta práctica se extendió ampliamente porque en la capital y las pequeñas ciudades industriales se inició un proceso de construcción a gran escala de nuevas viviendas. 

En 1935 en una mina de Krivói Rog, Ucrania, se trasladó un edificio de viviendas de 1,5 toneladas y un año antes en Makéievka habían hecho lo propio con un edifico de dos plantas que pesaba 1.300 toneladas. En Moscú la primera casa que “se mudó” fue una pequeña edificación de dos plantas de una subestación eléctrica, cerca de la calle Tverskaya, que en 1935 se desplazó 25 metros. El proyecto estuvo dirigido por el ingeniero Emmanuil Gendel, que más tarde se convirtió en el especialista más importante de la URSS en traslado de edificios. 

En total, a mediados de los años 30, en la capital rusa se trasladaron más de una decena de casas de varias plantas. Lo más curioso es que los habitantes no tenían que desalojar su vivienda durante estas “mudanzas”, y que las instalaciones seguían funcionando con total normalidad. El procedimiento técnico era el siguiente: se colocaban unas bandas de acero alrededor del perímetro de los fundamentos y se realizaban unas perforaciones especiales en las que se colocaban unas traviesas y una vía de riel. Y, por encima, el edificio se desplazaba hacia la dirección deseada. 

Fuente: Ria Novosti

Gracias a esta técnica se pudieron salvar muchos edificios de antes de la revolución que, según el Plan General para la Reconstrucción de Moscú que aprobó Stalin en 1935, habrían sido demolidos. 

En 1936 se creó una organización que se encargó de las labores de traslado de diversos edificios como el Soviet de Moscú en la calle Gorki, el Teatro de Arte de Moscú en el pasaje Kamerguerski y un edificio de viviendas de la calle Serafimóvich.

Fuente: TASS

Los últimos edificios de la capital que se trasladaron fueron dos sedes del Instituto Científico y de Investigación cuando se trazó la avenida Komsomolski a finales de los años cincuenta. 

El rascacielos “cayente” 

Los constructores soviéticos, encabezados por el ingeniero Víctor Abrámov y el arquitecto Alexéi Dushkin, entre 1947 a 1952 emplearon una práctica única en todo el mundo para construir un rascacielos en la Plaza Krasnie Vorota. 

El edificio, de 138 metros de altura, se levantó paralelamente a la construcción del vestíbulo de la estación de metro Krasnie Vorota, situado en un túnel a 24 metros de profundidad. La presión que ejercía la construcción del rascacielos habría hundido el terreno de tal forma que el edificio se habría escorado, ya que la zanja de cimentación para la salida del metro se excavó literalmente bajo sus fundamentos. 

Estaba previsto concluir la construcción del vestíbulo en primer lugar, nivelar el suelo y solo después empezar a construir el edificio. Pero como no había tiempo suficiente, los ingenieros decidieron helar el terreno artificialmente (una práctica habitual en la construcción del metro de Moscú) y construir el armazón metálico del edificio con una inclinación de 16 centímetros hacia el lado opuesto. A medida que el terreno se fue descongelando, el edificio se fue asentando, y gradualmente adoptó una posición vertical. El más mínimo error en los cálculos de ingeniería habría supuesto el derrumbe total del rascacielos. 

El metro en las trincheras 

Este método para construir el metro al estilo de las trincheras, que a mediados de los años 30 se empleó en la construcción de las primeras líneas del suburbano de Moscú, es único en el mundo. 

“El trazado del metro debía discurrir por debajo de varios edificios de viviendas situadas en las calles Voljonka y Arbat, por lo que los constructores decidieron que, en vez de abrir un túnel de poca profundidad (la poca solidez del terreno impedía abrir túneles a gran profundidad), era mejor cavar una trinchera –explica el historiador de ingeniería Airat Bagautdínov–. Bajo tierra se levantaron dos muros de hormigón armado, sobre los cuales se instaló una cubierta. Este refuerzo impedía que la casa que quedaba apoyada sobre esta singular bóveda subterránea se derrumbase”. 

Todo este trabajo se realizó a mano, con palas. Los primeros tramos del túnel iban de la estación Kropótkinskaia hasta la de la Biblioteca Lenin, y de la estación Alexándrovski Sad hasta la de Smolénskaia. Aun así, el empleo de este método duró poco, y en Moscú se empezaron a construir las primeras estaciones de mucha profundidad. El método de las trincheras ya no volvió a utilizarse para construir el metro, ni en la URSS ni en el resto del mundo.

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Fue en aquella época cuando en Moscú se construyó la futurista torre de Shújov, el pomposo hotel Moskvá y los siete rascacielos estalinistas. RBTH recuerda los edificios más emblemáticos de la época dorada de la arquitectura soviética

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