Gitanos en la literatura rusa

La primera mención de este pueblo en Rusia data del siglo XVIII y desde entonces Pushkin o Dostoievski han escrito sobre ellos. Fuente: PhotoXpress

La primera mención de este pueblo en Rusia data del siglo XVIII y desde entonces Pushkin o Dostoievski han escrito sobre ellos. Fuente: PhotoXpress

El 8 de abril de 1971 se celebró en Londres el Primer Congreso Internacional del Pueblo Gitano, y actualmente esta fecha se ha convertido en el Día Internacional del Pueblo Gitano. RBTH hace un repaso del papel de este grupo étnico en las letras rusas.

La primera mención a los gitanos rusos data del siglo XVIII, la época de Anna Ioánnovna, cuando se dictó una ley para recaudar dinero de los gitanos. En la misma época, Yelizaveta Petrovna (emperatriz entre 1741 1762) dictó una ley que vedaba la entrada de los gitanos a San Petersburgo y sus alrededores. Pero estas medidas drásticas aprobadas en Rusia no pueden compararse con lo que sucedía en Europa, donde se promulgó llanamente el siguiente edicto: “Ahorcar a todos los gitanos que se crucen por el camino”.

En conjunto, la historia de la discriminación de los gitanos es compleja y en gran parte trágica.   

Los gitanos en la literatura rusa

La literatura rusa le debe mucho a la cultura gitana. Y no solo porque prácticamente todos los clásicos rusos escribieran sobre ellos. La literatura universal se ha interesado por los gitanos, e incluso los ha convertido en protagonistas, como en Nuestra Señora de París de Victor Hugo o Carmen de Prosper Mérimée.

La cultura gitana arraigó en la literatura rusa. Lo que acercaba el alma rusa a la gitana era la “voluntad”, que no tiene nada que ver con el concepto europeo de “libertad”.

Y curiosamente la primera obra realmente genial sobre los gitanos de Rusia –el poema Los gitanos de Pushkin– estableció a su vez los fundamentos éticos de la futura literatura rusa. Un viejo gitano le dice al protagonista, Aleko, que había matado a su amada gitana: “Déjanos, hombre orgulloso! Somos salvajes, no tenemos leyes, no azotamos, no ajusticiamos, no necesitamos la sangre ni los gemidos; pero no queremos vivir con un asesino.”

De aquí a la famosa expresión de Dostoievski “¡Resígnese, hombre orgulloso!” solo hay unos pocos pasos.

La primera obra del revolucionario Maxim Gorki, Makar Chudrá, también arranca con las reflexiones de un viejo gitano sobre la voluntad: “¿Así que vas de camino? ¡Eso está muy bien! Has hecho una magnífica elección, halcón. Eso es lo que hay que hacer: caminar y ver, y, cuando ya lo hayas visto todo, entonces podrás tumbarte y morir. ¡Así de sencillo!”

Y no solo con la poesía y las canciones rusas. Sin los injertos de la gitanería no habrían existido Afanasi Fet, Apolón Grigóriev, Alexander Blok ni Nikolái Zabolotski. El pueblo ruso, cuando ha tomado un trago, suele cantar “Mi hoguera brilla entre la niebla…” (unos versos de Yákov Poklonski). En la película soviética Romance cruel, dirigida por Yeldar Riazánov, la canción Por la estrella gitana se convirtió en un hit. Aunque pocos lo sepan, son unos versos de Kipling.

La canción Válenki (“Botas de fieltro”), una de la canciones más populares en los frentes de la Segunda Guerra Mundial, en realidad es un antigua canción gitana inspirada en las populares chastushki de Sarátov, unas coplas lírico-humorísticas. “Descalza, por el hielo, avanzaba hacia mi amado…” ¡Vean hasta dónde llegó la gitanería rusa!

Incluso a día de hoy no son muchos los que conocen la verdadera historia de los gitanos. No fue hasta 1990 cuando se publicó en Rusia el libro de Yefim Druts y Alexéi Gessler Gitanos de Rusia, que revela la verdad sobre este pueblo.

Durante mucho tiempo, tanto en Europa como en Rusia, se consideró que los gitanos eran originarios de Egipto, que eran descendientes de los faraones. De ahí proviene el término inglés gypsy.

En 1911 Kuprín publicó el relato El clan del faraón, que trataba de los gitanos.

Aunque en 1844 el científico y lingüista alemán August Pott ya había demostrado que la patria de los gitanos era la India, y que lo más probable es que iniciaran su emigración a mediados del siglo V.

A partir de ese momento empiezan un arduo y azaroso periplo por Europa. Según el lugar, se les acogía de forma diferente: en algunos sitios, como en Grecia, se les aceptaba, mientras que en otros eran perseguidos y sometidos a un auténtico exterminio, como durante el nazismo.

En España han tenido una presencia desde el siglo XV y han sufrido discriminación. En 1633 se dictó una ley que amenazaba a los gitanos con la pena de muerte “si no cambian sus ropas por el traje habitual o se niegan a abandonar el uso de su lengua e incluso sus nombres” y en 1749 el Fernando VI llevó a cabo la Gran Redada, que barajó la posibilidad de expulsarlos del país, algo que no llegó a consumarse. En la actualidad viven en España alrededor de 650.000 gitanos y aunque no hay leyes discriminatorias abundan los prejuicios sobre este grupo.

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La historia de los gitanos rusos ha sido muy poco contada a pesar de que Rusia cuenta con una comunidad gitana desde hace varios siglos, en este artículo se trata de narrar su historia.

Publicado originalmente en ruso en Rossiyskaya Gazeta

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